El (prueba) BMW Z1 supuso la vuelta de la firma alemana al segmento de los roadsters tras casi tres décadas. Un retorno por la puerta grande en forma de biplaza exclusivo, cargado de novedades tecnológicas, mucha diversión y una pizca de extravagancia. Un modelo con el que la marca bávara demostró su poderío en innovación, y que, gracias a su singularidad y corta producción, se ha convertido en objeto de culto, alcanzando precios poco asequibles para la mayoría de los bolsillos. El de la prueba, el BMW Z3, su sucesor diez años más tarde, comparte el formato cabrio de dos plazas pero desde un punto de vista más racional. Es un modelo atractivo y divertido de conducir, pero de producción menos artesanal, que a día de hoy aún puede encontrarse a la venta a precios razonables.

Imagen tres cuartos frontal del BMW Z3 2.8 192 CV de la prueba

Un estreno de altura

Pocos modelos pueden presumir de una aparición en público como la del Z3. Y es que la mayoría de lanzamientos de automóviles se producen en los salones internacionales bajo algún que otro golpe de efecto. Los más contados, sobre todo cuando se trata de la renovación de algún modelo icónico, ven la luz en exclusivos eventos mediáticos creados ad hoc. En el caso del Z3 su debut en público fue literalmente un estreno, ya que tres meses antes de su lanzamiento real tuvo el honor de compartir reparto con James Bond en la película Goldeneye (1995). Si te preguntas cómo diantres uno de los mayores iconos británicos de ficción cambió de montura, dejando aparcado su Aston Martín en favor del Z3, te lo explico rápidamente. Esta película supuso la llegada de un nuevo Bond, encarnado por Pierce Brosnan (su colección de coches). Y aunque el agente secreto de su Graciosa Majestad, como buen británico, se mantiene fiel a sus tradiciones, el personaje requería un toque innovador que acompañase al cambio de actor. Si tienes en cuenta que BMW acababa de comprar Rover, y por ende, Land Rover y Mini, y que el Z3, aunque de alma alemana, con sus dos plazas, morro largo, poca altura y una posición de conducción muy retrasada sigue los cánones básicos de los roadsters británicos de los 60, no hará falta que te explique más.

Imagen de perfil del BMW Z3 2.8 192 CV de la pruebaDe todos modos no te preocupes, si aún no has visto la película te diré que Bond sigue fiel al DB5, guardado celosamente en su garaje. Siento el spoiler, pero lo de James y el Z3 es sólo trabajo; culpa de Q, el responsable de surtirle de artefactos molones con los que luchar contra el crimen. Como dato curioso te diré que para el rodaje se emplearon dos unidades preserie custodiadas día y noche como oro en paño, ya que el modelo aún no se había dado a conocer.

PRUEBA: Mazda MX-5 (NA)

Obra de Bangle, un diseñador controvertido

Su aparición en la película fue una especie de prueba general tres meses antes de su lanzamiento real. A raíz de su salto a la gran pantalla, el BWM Z3 alcanzó un buen nivel de popularidad, algo que en cualquier caso no habría sido posible sin su rompedor diseño, obra de Chris Bangle. Quizás te suene su nombre. Este diseñador americano, que anteriormente había recalado en Opel y Alfa Romeo, fichó en 1992 como jefe de Diseño del Grupo BMW. Controvertido como pocos, directamente de su mano o bajo la dirección de su batuta han tomado vida multitud de modelos, algunos excepcionalmente bellos, pero otros no exentos de polémica, por así decirlo. Y es que la osadía de trasgredir los límites de lo convencional no suele ser bien entendida por los puristas, cuando de marcas tradicionales hablamos. Sea como fuere Bangle ha sido el padre de modelos como el Fiat Coupe o el Alfa Romeo 145, y responsable de proyectos como las Series 1, 3, 5 y 7, los SUVs X3, X5 y X6, o los cabrios Z3, Z4 y Z8 de BMW. Estoy seguro de que algunos te habrán enamorado, muchos te parecerán atractivos, y quizás a unos pocos preferirías no haberlos conocido, pero lo cierto es que, al margen de gustos, en conjunto las ventas respaldan a su diseñador.

fotos de los faros y los pilotos del BMW Z3 2.8 192 CV

En el caso del Z3, la acertada mezcla de modernidad con un toque de aire retro caló rápidamente en el público. El nuevo cabrio de Munich atraía miradas y, con un precio de acceso justo por debajo de la mitad del que tenía el Z1, también pedidos. Además, llegó en el momento justo, en 1996, poco después del Alfa Romeo Spyder, y antes de modelos como el Mercedes SLK, el (prueba) Porsche Boxter, o el Audi TT; en pleno resurgimiento de los roadster, y con una gama mucho más amplia que la de su predecesor.

Más versiones donde elegir

Antes de comenzar la prueba del BMW Z3 2.8, déjame hacer un repaso a su gama de propulsores. El modelo, fabricado en la planta estadounidense de Spartanburg (Carolina del Norte), inició su comercialización con dos motorizaciones de acceso de 4 cilindros, la más sencilla de 1,8 litros y 115 CV, y otra más adecuada de 1,9 litros y 140 CV -la misma del 318 is-. Además de las mecánicas este modelo compartía multitud de elementos con la Serie 3, como chasis y ejes -de la versión Compact-, suspensiones y cajas de cambios. Las dos mecánicas iniciales eran idóneas para acercar el modelo a un mayor volumen de público, pero era evidente que buena parte de los seguidores de la marca esperaban algo más que un cabrio bonito con el que pasear los fines de semana. Así que, en 1997 llegaría una nueva motorización de 6 cilindros en línea, con 2,8 litros de cilindrada y 192 CV, el BMW Z3 de la prueba, además de la deseada versión M, dotada del propulsor 3.2 de 321 CV de potencia. Palabras mayores, teniendo en cuenta que la primera paraba el crono en el 0 a 100 km/h en 7,1 segundos, mientras que la segunda lo hacía en sólo 5,4 segundos.

foto dinámica frontal de la prueba del BMW Z3 2.8 192 CV

Los medios especializados acogieron inicialmente con cierto recelo el lanzamiento de ambas motorizaciones, habida cuenta que hablamos de potencias elevadas para un cabrio, sobre todo, considerando que la versión 2.8 contaba sólo con control electrónico de tracción y la M con un autoblocante mecánico. Nada de controles de estabilidad. Lo cierto es que una vez pasaron por las manos de la prensa internacional ambas versiones sólo recibieron elogios. BMW había hecho los deberes, reforzando chasis, suspensiones y frenos adecuadamente. Ambas contaban además con una zaga más musculosa para dejar en evidencia lo que había bajo el capó. Simultáneamente, la marca bávara dio una vuelta de tuerca más al concepto, y derivado del roadster lanzó una versión cupé, con unas líneas estilo shooting brake, pero con una estética ciertamente peculiar, derivada de su retrasada posición de conducción. Tanto que, a pesar de que las motorizaciones más potentes presumiblemente deberían haber tenido más éxito con este tipo de carrocería, su producción y ventas fueron mucho menores que las del roadster.

imagen del motor de seis cilindros del BMW Z3 2.8 192 CVPrácticamente en el cambio de siglo el Z3 recibió un restyling. Todas las versiones añadieron la musculatura extra en su parte trasera, con unos nuevos faros en forma de L, además de una consola rediseñada, nuevos acabados y elementos de equipamiento adicional, como el control dinámico de estabilidad (DSC). La gama mecánica también se renovó profundamente. La motorización de acceso pasó a ser un 1,9 de 118 CV, la de 140 CV fue sustituida por un dos litros de 150 CV, y se añadió un propulsor de 2.200 cm3 y 170 CV. La versión 2.8 por su parte se reconvirtió en un 3 litros de 231 CV, y la M, incrementó su potencia en 4 caballos más, hasta alcanzar los 325. De esta guisa el Z3 se mantuvo en producción hasta julio de 2002, rozando las 300.000 unidades, de las que casi 18.000 correspondieron a la carrocería cupé. La última de ellas fue a parar al museo de la marca en Spartanburg, meses antes de que su sucesor, el Z4, fuera presentado en el Salón de París de 2002.

Todo un cóctel de sensaciones

imagen de la toma lateral del BMW Z3Ahora que ya conoces el modelo, vamos al grano. La versión de prueba es un BMW Z3 2.8 de primera serie. Se distingue de la revisada en 1999 por sus ópticas traseras rectangulares y por tener un interior algo menos llamativo. De todos modos sus líneas no parecen envejecer. Sigue manteniéndose atractivo gracias a su largo frontal, su reducida altura y sus líneas cicladas, propias de haber pasado por el gimnasio. También por sus branquias laterales, seña de identidad del modelo, y que, por si no lo sabes, son un guiño a las empleadas en el icónico BMW 507 de 1955, solo que en este caso tienen una función meramente estética. El interior de esta unidad, rematado íntegramente en tonos negros, tiene un toque clásico, y comparado con los BMW fabricados por aquella época en Alemania, unos ajustes algo peores. Llaman la atención detalles curiosos como el mando de las luces, que se acciona tirando de él hacia afuera y no girándolo como es habitual en la marca, o la posición de los elevalunas sobre la consola central en lugar de en las puertas, algo por otro lado bastante habitual en un buen número de berlinas alemanas de la época. También es curiosa la ausencia de información sobre presión o temperatura de aceite.

foto del interior del BMW Z3 2.8 192 CV de 1996

Estos detalles son lo de menos cuando te ajustas en su asiento. La posición es muy de carreras, muy baja, con las piernas bastante estiradas y las posaderas cerca del eje trasero. Algo que no cuadra demasiado con el tamaño del volante, excesivamente grande para un deportivo. Un detalle que BMW corrigió posteriormente y del que te olvidas nada más arrancarlo, porque el sonido de sus escapes te embriagará. Un ronroneo que enamora sin molestar, haciéndote obviar en cierta medida uno de los inconvenientes principales de este cabrio: el ruido aerodinámico y las turbulencias que se sufren a bordo. No hay cortavientos, así que las conversaciones a cielo abierto a partir de 120 km/h se hacen difíciles. En la primera serie la capota tenía menos aislamiento, y eso se nota.

De todos modos, si te gusta conducir, su respuesta dejará cualquier inconveniente en segundo plano. Sus 192 CV dan para mucho, porque su peso ronda los 1.250 kg. Echa un ojo a las cifras en báscula de modelos actuales y verás la diferencia: como yo, el automóvil ha engordado con el paso del tiempo, en buena medida por el aumento de equipamiento de confort y seguridad. Además, el propulsor es muy elástico y lleno de par en todo momento. No obstante, posteriormente hubo una versión con distribución VANOS con una cifra de potencia prácticamente idéntica (193 CV), y el mismo par máximo pero disponible a casi 500 rpm menos. En cualquier caso, con VANOS o sin él, lo último que harás será aburrirte al volante.

imagen del prueba del BMW Z3 1996

Si le pisas sin miramientos, notarás como se hunde su trasera. Y eso que las suspensiones del Z3 son deportivas, duritas pero no como para patearte la espalda. En zonas rápidas difícilmente se descompone, salvo que lo trates con brusquedad, y en zonas de curvas lentas, si vas muy rápido te regalará algún leve subviraje. Para descolocar el eje trasero, hará falta que desconectes el control de tracción y te pases de la raya. Algo que no recomiendo nunca fuera de pista, menos aún si el asfalto no es el óptimo, y en ningún caso si está mojado. Porque aunque confíes en tus manos, y el sol y el viento sobre tu cabeza te animen, el Z3 es muy vivo de reacciones, y su corta batalla y el elevado par motor -mayor por ejemplo que el de un Boxter de la época-, te lo pueden poner muy pero que muy difícil. Afortunadamente, para compensar tus errores los frenos son magníficos y la dirección bastante directa. En cuanto al cambio, te enamorará por su tacto duro, pero de recorridos cortos y muy precisos. Para rematar, el generoso tamaño del pedal del acelerador permite hacer con facilidad punta tacón al reducir, siempre que estés habituado a ello, claro. En definitiva, esta versión del Z3, además de poder regalarte un paseo con clase, esconde mucha diversión al volante, de la que disfrutarás con seguridad siempre que sepas lo que tienes entre manos.

PRUEBA: BMW M3 E30

Lo bueno de este modelo, como te anticipaba al inicio, es que dado su elevado volumen de producción, a día de hoy aún se encuentra a precios asequibles, y teniendo en cuenta, además, que está a punto de cumplir el cuarto de siglo se ha convertido en un modelo muy interesante. Dependerá de la motorización que busques obviamente, pero es fácil acceder a las versiones más básicas en un estado decente desde unos 6.000 euros, y en el caso de este 2.8 desde algo más de 8.000. Obviamente, si aspiras a las versiones más potentes del cabrio o te decantas por un cupé el precio final se disparará, aunque también es verdad que ambas opciones se revalorizan más fácilmente.

foto de la prueba del BMW Z3 1996

Ficha técnica BMW Z3 2.8 192 CV
MotorCilindrada2.793 cc
Cilindros6 en línea, delantero, longitudinal
Potencia máxima192 CV a 5.300 rpm
Par máximo275 Nm a 3.950 rpm
AlimentaciónTipoInyección electrónica multipunto
TransmisiónCaja de CambiosManual, 5 velocidades
TracciónTrasera
SuspensiónDelanteraIndependiente
McPherson con triángulo inferior
TraseraIndependiente
Triángulos oscilantes oblicuos
FrenosDelanterosDiscos ventilados  286
TraserosDiscos 272
DimensionesLongitud4.025 mm
Anchura1.740 mm
Altura1.293 mm
Distancia entre ejes2.446 mm
MaleteroCapacidad165 litros
PesoPeso1.260 kg
PrestacionesVelocidad máxima218 km/h
Aceleración 0-100 Km/h7,1 seg
ConsumoUrbano13,9 l/100 km
Extraurbano7,3 l/100 km
Combinado9,7 l/100 km
Producciónunidades / años297.087 / 1996-2002 (gama)
PrecioPrecio oficial en 19895.906.000 pesetas (35.496 euros)

1 Comentario

  1. Alguien puede sacarme de dudas , por favor :

    ¿ El BMW Z3 2.8 192 CV tiene derecho a la etiqueta B de acuerdo con la normativa Europea y la DGT?

    Sé que hay Z3 de 1999, que han conseguido la etiqueta B para poder circular en algunas ciudades de España, como Barcelona.

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