Cuando tienes la oportunidad de realizar una prueba a un Porsche 911 Carrera RS 2.7 no te lo piensas: coges las maletas, el primer avión y vas donde haga falta. Y es que dentro del universo del motor, este coche es un icono dentro de un icono. El Porsche 911 es el coche deportivo más famoso de todos los tiempos y si hoy sigue siendo un referente es porque hace años, coches como este Carrera RS 2.7, dejaron asombrado al mundo.

El destino me ha llevado hasta una finca de dehesas aproximadamente a 40 minutos al sur de Lisboa. Un lugar realmente espectacular donde el propietario de esta y otras muchas joyas tiene su cuartel general. Y para los que nos gustan los coches deportivos y clásicos es como para un niño entrar en la fábrica de chocolate de Willy Wonka. Decenas de deportivos en un estado de colección. ¡Locura!

Porsche 911 Carrera RS 2.7

Pero dentro de toda esa cantidad ingente de coches hay una mancha naranja y pequeña que llama poderosamente mi atención. Se trata de un 911 clásico y la verdad es que siempre he querido probar uno. No me considero ‘porschista‘ con los ojos cerrados, ni mucho menos, pero sé reconocer un buen producto y es evidente que lo que hoy es Porsche empezó muchas décadas atrás.

Porsche 911 Carrera RS 2.7: la evolución más radical

El Porsche 911 nació para suceder al 356 y su desarrollo fue largo. Hoy no toca hablar de ello pero sí se podría decir que este coche fue el abuelo de las actuales gamas RS de la firma alemana. Renn Sport son las palabras detrás de las siglas y significan ‘deportivo de competición’. Bien, básicamente era un Porsche 911 pensado para la competición, pero ojo, porque de aquel tiempo a la actualidad ese concepto ha variado.

PRUEBA: Porsche 911 2.0 F Series (1964)

El objetivo de Porsche era homologar su 911 más radical en el Grupo 4, para lo cual tenía que vender al menos 500 unidades de calle. Las diferencias entre el modelo de competición y el de calle no eran demasiado importantes, aunque en la versión que tenemos hoy entre manos sí había cambios. El motor derivó del 2.4 litros e incrementó su cilindrada hasta los 2,7 litros, lo que hizo aumentar su potencia hasta los 210 CV y 255 Nm de par.

Por supuesto, se optimizaron elementos como la suspensión o la dirección y también se mejoró mucho su diseño, con un paragolpes frontal con una enorme toma de aire (algo más discreto en la versión Touring) o el elemento más mítico de este coche: su espectacular alerón trasero de tipo ‘cola de pato’. Salvando esos dos elementos, estéticamente es pulcro y sencillo, como cualquier otro 911. Minimalismo estético llevado a su máximo esplendor.

Hoy toca probar la versión Touring

Porsche tenía cierto miedo sobre la respuesta comercial de un coche así, por eso decidió crear dos versiones. La versión ‘Light’ era la más radical, eliminando cualquier elemento de confort y aligerándolo al máximo: sin asientos traseros, con parachoques de plástico y con un interior mucho más espartano, sin revestimientos lujosos e incorporando unos espectaculares asientos tipo bacquet firmados por Recaro.

Bien, esta era la versión que mejor funcionaba con la filosofía de lo que la marca quería o pretendía con este modelo, sin embargo, comercialmente podía generar dudas, ya que pretendía ser un coche de calle. Por ese motivo, Porsche lanzó también una versión ‘Touring’ mucho menos radical.

interior del Porsche 911 Carrera RS 2.7

Mantenía sin cambios los elementos técnicos y mecánicos de esta misma versión, pero manteniendo todos los elementos de confort derivados de los 911 ‘normales’. Obviamente esto hacía que su peso fuese algo mayor, aunque con 1.075 kilos no se puede decir que sea un coche pesado sin mucho menos. El vehículo fue un éxito y finalmente se comercializaron más de 1.500 ejemplares, lo que permitió que pudiese ser homologado también en el Grupo 3.

Conducir parte importante de la historia de Porsche

La prueba del Porsche 911 Carrera RS 2.7 Touring no puede ser más especial. Voy a probar un coche importantísimo en la historia de la firma de Stuttgart: quizás sin él hoy no tendríamos tantas versiones radicales de los 911 como hemos llegado a tener. La marca vio que era un nicho de mercado en el cual la demanda afloraba como las setas en otoño. Esa biporalidad entre un coche con prestaciones de competición pero manteniendo el lujo y la facilidad de conducción de cualquier coche de calle era un auténtico diamante por pulir.

Cuando lo tienes delante, lo primero que piensas es: ‘qué pequeñito’. La magia a partir de ahí es constante. Abrí la puerta y me sumergí en un interior que para nada era agobiante para mi metro ochenta. Lo primero que llama la atención es el fantástico puesto de conducción, perfecto. No me extraña que en más de 50 años de historia, Porsche apenas haya cambiado el concepto del ‘nueveonce’. ¿Cuando algo es perfecto para qué cambiar?

Me encanta la simplicidad de líneas y me gusta mucho el asiento: agarra bien el cuerpo pero no es para nada incómodo. En el interior todo sorprende por esa sencillez, eso sí, el coche tiene casi medio siglo y está en un estado impecable, como nuevo: se nota que la calidad de fabricación y de los materiales es altísima. Y también se nota que este ejemplar ha tenido una muy buena vida.

Un 911 Carrera RS muy especial

Este Porsche 911 Carrera RS llegó originalmente al mercado portugués de la mano del coleccionista Antonio Bastos. Su principal particularidad es su color: ‘Signal Orange’. Un color naranja brillante que años más tarde se puso de moda pero que en su momento, originalmente, solo 5 ejemplares salieron de fábrica con esa tonalidad.

PRUEBA: Porsche 911 G 3.2

Otro elemento clave de este ejemplar era su equipamiento opcional, excepcional para la época: contaba con techo solar eléctrico, radio Blaupunkt y otros lujos que sorprenden en un coche pensado, originalmente, para la competición. Vuelvo a insistir que esa bi-polaridad entre el lujo y las prestaciones más salvaje es lo más llamativo de este coche.

radio cassette Blaupunkt del Porsche 911 Carrera RS 2.7

Arranco el motor y el seis cilindros opuestos refrigerado por aire toma vida de manera abrupta. Un sonido suficientemente contundente para sacarte esa sonrisa en la boca al pensar que lo vas a conducir. El puesto de conducción es bueno, pero es cierto que la ergonomía no es tan perfecta como la actual. El pomo del cambio manual de cinco relaciones queda un pelín bajo para mi gusto y una vez dentro parece que estás en un coche mucho más ‘normal’.

Una prueba que me dejará huella

Toca empezar la prueba del Porsche 911 Carrera RS y al comienzo decido tomármelo con calma, como hago siempre con este tipo de vehículos clásicos que no sabes muy bien por dónde te van a salir. Lo primero que sorprende es el tacto de los pedales: muy suave y alejados de cualquier atisbo de sabor de competición. Después del realizar la prueba del Ferrari F40 esto parece un Volkswagen Golf por facilidad de conducción.

La dirección también me sorprende: pese a no contar con asistencia es muy ligera y muy ‘moderna’, si me permites la expresión. Habitualmente confío mucho en mi primera impresión en un coche ya que siempre suele ser la buena y lo que más me llama la atención es su facilidad extrema para ser conducido. En serio: parece un coche mucho más moderno de lo que realmente es, por lo que puedo afirmar que era un adelantado a su tiempo.

prueba del Porsche 911 Carrera RS 2.7 Touring 1973

Hoy, un Porsche 992 Carrera 4S se lo das a mi abuela y podría ir rápido con él. Pero es que hace 50 años, casi cualquiera podía sentirse un ‘buen piloto’ de carreras conduciendo este coche. Es extremadamente noble y equilibrado, se conduce con una facilidad pasmosa. Tan sorprendente que decido empezar a subir el ritmo. El coche va como la seda. ¡Qué maravilla!

Ligereza, potencia y sencillez

En un mundo en el que los automóviles cada vez son más pesados e incorporan más cosas innecesarias, conducir un coche así es un soplo de felicidad constante. Con sus 210 CV, el coche mueve los poco más de 1.000 kilos con una agilidad pasmosa. Acelera con contundencia: el 0 a 100 km/h lo hace en menos de seis segundos, por lo que en 1973 era uno de los coches más rápidos del mercado.

PRUEBA: DeLorean DMC-12

En pocos minutos me siento como en una máquina de ‘Regreso al Futuro’. Estoy conduciendo un coche de hace casi medio siglo y lo hago casi igual que si hoy estuviese conduciendo un 911. El pomo, que de primeras me parecía algo incómodo, termino por adorarlo; la facilidad con la que toma las curvas y su nobleza me sorprende. Es más noble y fácil de conducir que un Lotus Exige de 2020. ¡Y siendo tan ágil como este!

Necesito tomarme un respiro para asimilar su grandeza. Intento pensar en los vehículos que había en 1973 y en la superioridad absolutamente descomunal que debía representar este coche respecto a la competencia. He probado Ferrari de una década posterior que resultan mucho menos eficaces que este 911. Y ojo, me considero mucho más ‘Ferrarista’ que ‘Porschista’. Intento ser lo más objetivo posible.

prueba del Porsche 911 Carrera RS 2.7 1973

Es un coche para disfrutar de la conducción más pura. Un buen motor, una puesta a punto brutal y una facilidad para hacer las cosas encomiable. No me quiero bajar de este deportivo porque si bien en 1973 tenía que ser alucinante comparado con la competencia, en 2020 resulta todavía más memorable conducirlo, en una época donde los coches cada vez son menos coches.

La semilla de toda una era

He sido muy afortunado por haber probado coches espectaculares a lo largo de mi carrera, pero hay pocos coches que me hayan sorprendido tanto como este Porsche 911 Carrera RS 2.7. Lo que tenía que ser un exigente coche de carreras de los 70 se ha convertido en una experiencia que me ha hecho tener claro algo: Ferdinand Porsche y Erwind Komenda hicieron un trabajo excepcional creando el 911. Un deportivo que no ha perdido su sabor en todos estos años.

Y es que si hoy el ‘nueveonce’ es sinónimo de calidad, equilibrio y facilidad de conducción, el Porsche 911 Carrera RS de 1973 puede presumir de exactamente esos mismos valores, pero mejorando incluso en aspectos como la ligereza o la pureza de conducción. Ahora entiendo perfectamente la locura colectiva que hay alrededor de ciertos Porsche clásicos: son tan buenos como los modernos pero más ‘puros’ y auténticos.

alerón cola de pato del Porsche 911 Carrera RS 2.7 1973

Solo hay que ver el precio que pagaron por este 911 tan especial. ¡Más de 600.000 euros! No hay duda que es un icono estético incuestionable con su alerón ‘cola de pato’ y sus llantas Fuchs, pero lo que esconde en su interior y en su manera de moverse es todavía mejor que su diseño. ¡Qué bien me lo he pasado y qué suerte he tenido de poder probar el coche con el que Porsche empezó a ser lo que es hoy!

A destacar A mejorar
Facilidad de
conducción
Precio
Equilibrio general Precio
Ligereza y agilidad Precio
Ficha técnica Porsche 911 Carrera RS 2.7 Touring
Motor Cilindrada 2.687 cc
Cilindros 6 cilindros opuestos bóxer
Potencia máxima 210 CV / 6.300 rpm
Par máximo 255 Nm a 5.100 rpm
Alimentación Tipo Inyección mecánica Bosch
Transmisión Caja de Cambios Manual, 5 velocidades
Tracción Trasera
Suspensión Delantera Independiente multibrazo,
barras torsión,
amortiguadores hidráulicos
Trasera Independiente multibrazo,
longitudinales,
barra torsión,
amortiguadores hidráulicos
Frenos Delanteros Discos ventilados / 280
Traseros Discos ventilados / 290
Dimensiones Longitud 4.100 mm
Anchura 1.650 mm
Altura 1.320 mm
Distancia entre ejes 2.270 mm
Depósito Capacidad 85 litros
Peso Peso 1.075 kg
Prestaciones Velocidad máxima 240 km/h
Aceleración 0-100 Km/h 5,8″
Consumo Ciudad n.d
Carretera n.d
Combinado 16-20 l/100 km
Producción Lugar / Años Stuttgart / 1972-1973
Precio Precio en 1973 40.000 marcos alemanes
3.400.000 millones de pesetas
20.434 euros

Fotos: Raúl Salinas y Tom Gidden (RM Sotheby’s)

Dejar respuesta

Por favor, introduce tu comentario
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.