No hay duda que la prueba del Maserati Quattroporte Diésel siempre es un momento especial: el buque insignia de la marca de Módena se renovó recientemente para intentar arañar un trozo del pastel de las berlinas de representación.

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No lo tiene fácil: las marcas alemanas utilizan sus buque insignia como punta de lanza de la tecnología que están desarrollando y cualquiera de esos modelos, tanto por historia como por calidad general del producto, parecen estar un paso por delante del resto.

Maserati Quattroporte barrido

Coches como Jaguar XJ 2016, el Lexus LS 2017 o el Maserati Quattroporte de esta prueba deben pues luchar por las migajas que dejan los más grandes, ofreciendo un factor de diferenciación para hacerse grandes en el segmento.

Sin duda, en el caso del Maserati, tiene varios elementos de su lado. El primero es la exclusividad: un Maserati es un Maserati. Segundo, su historia es también brillante, desde su lanzamiento en 1963 ha acumulado elogios por su estilo y elegancia.

Prueba del Maserati Quattroporte Diésel: elegancia y exclusividad italiana

Además, Maserati es una marca de lujo italiana y, como tal, cuida quizás más que sus rivales los detalles que pueden hacer especial a un coche. No es el coche mejor fabricado, ni con los mejores acabados, tampoco el mejor a nivel tecnológico, pero tiene ciertos detalles que te hacen sentir especial.

Maserati Quattroporte trasera

Al final, el lujo es muy irracional y subjetivo, para muchos, un Audi A8 o un Mercedes Clase S no son más que modelos XXL de berlinas cuyo precio puede empezar por debajo de los 40.000 euros.

La imagen al final es clave y durante la prueba del Maserati Quattroporte lo pude comprobar. Puedes estar haciendo la prueba del BMW Serie 7, viajar en un Audi A8 o en un Clase S y pasar completamente desapercibido. En un Maserati Quattroporte la gente te mira, su diseño italiano, su elegancia sofisticada y su estilo hacen que a nivel de imagen sea posiblemente la berlina de representación más potente del mercado.

También tiene ciertos toques deportivos que lo hacen especial, como las grandes llantas o la cuádruple salida de escape. La gente que no entiende de coches sabe que está ante algo especial.

Maserati Quattroporte

Creo que la imagen es una de las grandes bazas del Maserati Quattroporte, pero hay más. Entrar en su interior es entrar en un mundo de pequeños detalles. Como te decía, no hace falta ser un gurú para darse cuenta que a nivel de tecnología está a años luz de la competencia alemana, pero: ¿los alemanes pueden equipar un interior tapizado en la mejor seda natural italiana firmada por Ermenegildo Zegna? Pues no, obviamente.

El cuero cubre cualquier centímetro y la sensación general es buena. Además, puede que la pantalla no sea tan grande y tan moderna como la de sus rivales, pero al fin y al cabo, su funcionamiento es bueno y cumple con lo que promete. Digamos que es poco presuntuoso a nivel tecnológico.

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Me gusta que la interfaz es intuitiva y en pocos movimientos puedes modificar una gran cantidad de parámetros. Me gustan los pequeños detalles, como el reloj integrado, el tacto del cuero o las costuras en color rojo con el tridente bordado en lo alto del reposacabezas.

Prueba del Maserati Quattroporte: ¡mejor con motor de gasolina!

Arranco y el motor diésel, en frío, cobra vida con un sonido poco afinado. No hay ninguna duda al respecto: ¡este coche debe equipar un potente motor de gasolina! Y si es el V8 afinado por Ferrari, mejor que mejor. El motor diésel es demasiado poco refinado para un producto general tan refinado, a nivel de estilo, como este. Es como si le pones el motor de un tractor John Deere a un Rolls-Royce. ¡No-puede-ser!

Maserati Quattroporte interior

Además, los italianos no son tampoco especialmente cuidadosos a la hora de insonorizar el interior: esto es digno de aplauso cuando bajo el capó tienes ocho cilindros cantando la Traviata a su manera, pero pierde el sentido cuando lo que encuentras es un diésel fabricado por un proveedor externo (VM Motori). El refinamiento no es el punto fuerte del motor, pero hay que reconocer que en la práctica tampoco es un mal motor.

Cuenta con seis cilindros, tres litros de cilindrada, 275 CV y 600 Nm de par. Son cifras aceptables para un modelo de su tamaño y que ya cuenta con varios años a sus espaldas. Tiene 10 CV menos que los modelos de Mercedes y Audi y 10 CV más que el BMW. El motor está asociado a una transmisión automática de 8 marchas desarrollada por ZF y la potencia se envía exclusivamente al eje trasero.

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El conjunto es agradable en cuanto a prestaciones. El cambio tiene un comportamiento agradable en modo automático y rápido en modo secuencial, mientras que el motor demuestra fuerza en cualquier rozamiento al acelerador. No es fulgurante en cuanto a prestaciones, pero cumplirá con nota en una conducción normal. Quizás el motor no sea brillante, pero su comportamiento sí es interesante.

Maserati Quattroporte modo sport

Y es que la puesta a punto del Maserati Quattroporte, a diferencia de sus antecesores, apuesta más por el confort y el refinamiento que por la conducción más deportiva. Pese a ello, sus genes están ahí y es un coche muy disfrutable al volante. Mide 5,26 metros de largo, claramente el más largo de su segmento (sin contar las batallas largas de sus rivales), pero al volante no parece tan grande.

Prueba del Maserati Quattroporte: un buen comportamiento dinámico

No diré que se sienta ligero, pero en un tramo de curvas, en el corazón del Pirineo, se comporta de una manera noble y precisa. Estoy seguro que una versión con un potente motor de gasolina y más orientada hacia la conducción, como el Maserati Quattroporte GTS, puede ser realmente divertida a sus mandos. En este caso, es un coche perfecto para viajar con estilo, ya sea en el asiento del conductor como en el asiento trasero leyendo la prensa diaria.

Maserati Quattroporte tridente reposacabezas

La prueba del Maserati Quattroporte termina y mis sensaciones creo que están bastante claras. Aquellos que lo comparan de tú a tú con sus rivales alemanes, creo que no entienden en qué consiste un coche así. Es algo más lento, más gastón, más caro y menos tecnológico, se nota que hablamos de un fabricante más pequeño, más artesanal y con menos poder de gastar miles de millones en el desarrollo de un coche.

Ahora bien, tiene encanto, algo que le falta a muchos de sus rivales. Es elegante, proporcionado y con un toque deportivo que le da un aura muy especial. Es un producto reconocible y diferente. Sin duda, Maserati cambió el alma del coche con esta generación: de un sedán deportivo para luchar contra un M5 pasó a ser un buque de representación en tamaño XXL. Dulcificó su comportamiento, se refinó.

Maserati Quattroporte frontal

El resultado puede ser demasiado light para muchos, para aquellos que busquen en un Maserati algo más de carácter. Pero no hay duda que es un coche con estilo y ‘glamour’. Si te gusta ser diferente, si quieres un coche especial, este Maserati Quattroporte es una opción a tener en cuenta.

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