Hay coches que, aunque sueñas con ello, sabes que probablemente no vas a poder conducir. Por ejemplo, el McLaren F1. O el Porsche 917. Lamentablemente, creo que el (prueba) Lamborghini Countach tampoco. Por eso, cuando asenté mis posaderas en este, me entró la risa floja. Bienvenido a una prueba increíble: la del BMW Z8.

prueba del BMW Z8

Para mi gusto es uno de los coches más bonitos jamás creados por la firma alemana. Su carrocería es prácticamente igual a la del concept que lo precedió, el Z07, que era un homenaje a otro roadster de la marca: el BMW 507, un modelo que enamoró al mismísmio Elvis Presley, quien condujo uno mientras hacía el servicio militar en Alemania.

PRUEBA: BMW 507

En un deportivo como este con intención de perdurar en el tiempo, es importante su pedigrí: en este caso, su estampa final la firmaron Chris Bangle, uno de los diseñadores más controvertidos de BMW, y Henrik Fisker. Sí, ‘ese’: el que se fue de Múnich para crear el Fisker Karma.

tres cuartos trasero del BMW Z8

El Z8 de esta prueba es parte del museo de BMW, lo que añade un poco de drama al asunto. A decir verdad, también el hecho de que sus ‘cuidadores’ sean los que dejan las llaves. Me acerco con humildad. Supongo que piensan algo así como “claro, ya está el listo que quiere probar el Z8”.

El caso es que me reciben con una sonrisa y me dan una única instrucción: “pásalo en grande”. Lo demás no hace falta que lo digan: “Pásalo en grande, sí, pero trae el coche entero o te vamos a partir las piernas”.

puesto de conducción del BMW Z8

Abro la puerta y me acomodo. No sé dónde mirar. ¿Al salpicadero minimalista? Apenas hay botones, como en los coches de hoy, pero aquí la ventaja es que tampoco hay superficies táctiles. ¿Al cuadro de relojes central? Criticable cuando era nuevo porque tenía una posición rara, hoy es un encanto más. Levanto una tapa en el salpicadero. Un primitivo sistema de infotainment con navegador está ahí oculto. Mejor la bajo. Y ese volante… ¡Menuda pinta! El subidón se modera un poco al ver el pomo de la palanca del cambio: tiene un aspecto demasiado industrial.

Da lo mismo. Presiono el botón de arranque con una mezcla de ilusión y terror. El V8 que hay bajo el capó, idéntico al que montaba el BMW M5 E39, me da la bienvenida con un rugido de la vieja escuela. Aquí no hay turbos, ni tubos a la parte baja del salpicadero, ni historias raras.

PRUEBA: BMW 3.0 CSL

Primera y adelante. Va duro de suspensiones. Más de lo que me esperaba para un coche destinado a pasear a gente adinerada de las cuatro esquinas del mundo y que probablemente jamás habrá sacado todo su potencial.

prueba del BMW Z8 E52

Un potencial que, sobra decirlo, está ahí. El chasis de aluminio le permite ofrecer un peso de 1,6 toneladas repartido al 50% en cada eje. El motor… bueno, qué voy a decir ya que no se haya dicho.

foto del motor V8 del BMW Z8Tras unos kilómetros de adaptación, ese terror deja paso a una sensación de simple precaución. No me gustaría ser el que estrella uno de los 5.703 Z8 fabricados, y mucho menos el-que-estrella el-del-museo-BMW. ¿Qué pasaría si machaco uno de los pilotos traseros? No son de bombillas ni de led, sino de tubos de gas neón. En serio.

El coche da confianza. Casi sin darme cuenta me descubro pisando a fondo en tercera en una preciosa carretera de los alrededores de Lisboa. Es un dragster. Este bloque de 4.941 cc está lleno en cualquier régimen. Estira desde poco más de 1.000 vueltas y, aunque la zona roja empieza en las 6.500 rpm, no me atrevo a pasar de 6.000. Tampoco lo necesito: entre 3.000 y 5.000 rpm aproximadamente encuentro el paraíso. No hace falta más: empuje contundente, sonido estremecedor, conducción apasionante.

barrido de la prueba del BMW Z8

Y es que la puesta a punto de este coche se hizo pensando en las sensaciones. Disfruto del viento y de la banda sonora sin preocuparme mucho de comprobar si con la capota de lona hace más ruido del deseable o de si con el hard-top que venía de serie la conducción mejora.

PRUEBA: BMW M1 E26

La rigidez torsional es elevada. En algunos cabrio de la época, al circular en zonas con algún bache o muy reviradas se escuchan algunos crujidos o incluso se nota claramente que el marco del parabrisas se mueve hacia los lados.

prueba del BMW Z8

Aquí, ni una cosa ni otra, lo que me ayuda a que la prueba del BMW Z8 pase a una etapa superior. Enfilo una zona de curvas con asfalto en buen estado. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, recta larga y luego una frenada en la que disfrutar de los frenos procedentes de las estanterías de los BMW 750i (2.000 kilos de peso)… parece que Hermann Tilke, el diseñador de circuitos de F1, hubiera metido la mano ahí.

El terror dio paso al precaución, sí. Y de ahí he pasado al absoluto regocijo. He decidido disfrutar a tope de la conducción. No tiene sentido desconectar el DSC para ver si se va de atrás porque lo sé positivamente: cuando le doy un pisotón al acelerador, se descoloca. O lo intenta, porque el DSC está activo. También tengo la sospecha de que ese reparto de pesos tan bueno y la dirección, que es canela fina, te ayudan a controlar cualquier situación. Quizá, la ausencia de un autoblocante pudo defraudar a los más hardcore de la época, pero sin duda hoy no deja de ser una mera anécdota: ¿comprarías un clásico de 160.000 euros solo para derrapar?

prueba del BMW Z8

Tras una buena ración de curvas, paro en un mirador a disfrutar del paisaje. No, no el del Atlántico bañando la costa portuguesa. Está genial, sí, pero yo solo tengo ojos para esta preciosa silueta azul.

Recuerdo que una vez leí que de las últimas 555 unidades se encargó Alpina. Contrariamente a lo que suele ser habitual, en este caso se instalaron unas suspensiones más blandas y se bajó la potencia hasta 375 CV. Gran parte de la producción cruzó ese charco que me acompaña y recaló en Estados Unidos.

PRUEBA: BMW Z1 (E30)

Ahora, cumplido el sueño de conducir un Z8, se me presenta un nuevo reto. Quiero probar otro BMW Z8. Pero esta vez uno de Alpina. Y si puede ser, disfrutando de otro océano: ahora le toca el turno al Pacífico. A ver si hay suerte.

tres cuartos delantero del BMW Z8

Ficha técnica BMW Z8
Motor Cilindrada 4.941 cc
Cilindros 8 en V
Potencia máxima 400 CV a 6.600 rpm
Par máximo 500 Nm a 3.800 rpm
Alimentación Tipo Inyección indirecta
Transmisión Caja de Cambios Manual, 6 velocidades
Tracción Trasera
Suspensión Delantera Tipo McPherson
Resorte helicoidal
Barra estabilizadora
Trasera Paralelogramo deformable
Resorte helicoidal
Barra estabilizadora
Frenos Delanteros Discos ventilado / 334 mm
Traseros Discos ventilado / 328 mm
Dimensiones Longitud 4.400 mm
Anchura 1.830 mm
Altura 1.317 mm
Distancia entre ejes 2.505 mm
Maletero Capacidad 195 litros
Peso Peso 1.660 kg
Prestaciones Velocidad máxima 250 km/h
Aceleración 0-100 Km/h 4,7″
Consumo
NEDC
Urbano 16,6 l/100 km
Extraurbano 21,1 l/100km
Mixto 14,5 l/100 km
Producción Años 2000-2003
Precio Precio año 2000 138.600 euros

Dejar respuesta

Por favor, introduce tu comentario
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.