¿Y si uno de los coches más icónicos de la historia del automóvil, el Porsche 911, hubiese estado inspirado en un prototipo de Abarth? Es probable que nunca lo sepamos con certeza, pero Porsche pidió al empresario ítalo-austríaco que desarrollara un coche de carreras capaz de sustituir a un ya veterano Porsche 356 que empezaba a ser superado por otros modelos más competitivos. El resultado fue el Porsche 356 B Carrera Abarth GTL.

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El origen de este desconocido coche se remonta a principios de la década de los 50. Karl Abarth había fundado su marca en 1949, después de un breve periodo dirigiendo el equipo de competición de Cisitalia. Al principio, Abarth fabricaba piezas para mejorar el rendimiento de los coches de diferentes marcas italianas, pero pronto acabó fundando la Squadra Abarth, con pilotos como Tazio Nuvolari, Franco Cortese o Piero Taruffi.

El equipo cosechó numerosos éxitos y eso atrajo el interés de FIAT, iniciando así una estrecha colaboración que se mantendría en las décadas siguientes. Sin embargo, el diseñador de origen austríaco (nació en Viena en 1908, en el entonces llamado Imperio Austrohúngaro) también mantenía una conexión con Porsche desde hacía unos años.

La conexión Abarth-Porsche

Desde muy joven, Abarth era un gran aficionado al motor, tanto a los automóviles como a las motocicletas. Viajó a Milán y allí empezó a diseñar chasis de motocicletas y bicicletas, junto a los carroceros Castagna. Años más tarde, volvió a su Austria natal y se convirtió en un afamado piloto de motociclismo, llegando a conseguir cinco campeonatos europeos.

Sin embargo, un grave accidente le obligó a dejar el mundo de la competición de dos ruedas y viajó de nuevo a Italia, donde se instaló definitivamente y, además, solicitó la ciudadanía italiana, cambiando su nombre a Carlo Alberto. Pero Abarth era muy amigo de Ferdinand Jr Porsche, conocido como Ferry Porsche, y de Anton Piëch, yerno de Ferdinand Porsche y futuro presidente del Grupo Volkswagen.

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Esta vinculación con la familia Porsche continuó en los años siguientes, a pesar de que Abarth ya residía en Italia. En 1959, Ferry Porsche le encargó que hiciera una serie de mejoras en el Porsche 356 de carreras, un coche que se había mostrado intratable en la última década, pero que ya empezaba a dar síntomas de flaqueza frente a los nuevos modelos de Alfa Romeo y Lotus.

Aprovechando que la FIA permitió ese mismo año que los fabricantes pudieran modificar las carrocerías de los coches, siempre que no superasen un peso máximo de 807 kilos, Abarth empezó a trabajar en un coche que mejorase al deportivo alemán, el futuro Porsche 356 B Carrera Abarth GTL.

Nace el Porsche 356 B Carrera Abarth GTL

Porsche 356 B Carrera Abarth GTL

Abarth empezó a trabajar sobre el chasis de un Porsche 356 B Carrera GT que la marca de Stuttgart envió a Turín. Aquí, fue despojado de su carrocería y el diseñador ítalo-austríaco analizó las deficiencias de su estructura, hasta que llegó a la conclusión de que hacía falta un rediseño desde cero.

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Para el diseño de la carrocería, en un primer momento se pensó en el carrocero Zagato, pero esta colaboración nunca llegó a producirse. Así que Abarth recurrió a Franco Scaglione, quien había trabajado en Bertone y había sido el responsable de algunos prototipos de Alfa Romeo, caracterizados por su aerodinámica.

Después de comprobar varios bocetos, Abarth y Porsche eligieron uno que fue llamado Porsche 356 Carrera GTL Abarth y encargaron la construcción del primer prototipo al carrocero Viarenzo & Filliponi. El resultado fue un coche más bajo que el 356, con un frontal más estrecho, tiradores de las puertas incrustados y una zaga más redondeada que optimizaba la aerodinámica, logrando un coeficiente de 0,365. Además, tenía un peso más contenido que el 356 del que derivaba, 45 kilos menos, gracias a que todos los paneles eran de aluminio.

Llegan las victorias en las carreras

Porsche 356 B Carrera Abarth GTL

Cuando el prototipo llegó a la casa de Porsche, a Zuffenhausen, en febrero de 1960, los ingenieros alemanes se echaron las manos a la cabeza por la mala calidad de construcción. Pero pronto se les cambió la cara cuando realizaron las primeras pruebas en pista. El coche se comportaba bien, lo que motivó que regresara a Italia para participar en la legendaria carrera Targa Florio, una prueba exigente que daría muchos triunfos a Porsche a lo largo de los años venideros y serviría de inspiración para el Porsche 911 Targa.

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Ese año, 1960, el Porsche 356 B Carrera Abarth GTL conducido por Paul Sträle venció en la categoría de 1.600 centímetros cúbicos, equipado con un motor de cuatro cilindros bóxer 692/3ª, con 115 CV. La victoria convenció a la marca alemana para encargar 20 unidades del coche. Para hacer frente a este pedido, Abarth llegó a un acuerdo con Rocco Motto, una empresa más grande que se encargó de hacer el resto de las carrocerías. Todas ellas se fabricaron a mano y, aunque existían pequeñas diferencias entre unas unidades y otras, la calidad general de construcción fue mejor.

En 1961, Porsche presentó una nueva versión del motor bóxer que, gracias a sucesivas mejoras, llegaría a entregar 165 CV. Y las victorias continuaron en numerosas pruebas míticas, como los 1.000 Kilómetros de Nürburgring, las 12 Horas de Sebring en dos ocasiones o la Daytona Continental.

Porsche 356 B Carrera Abarth GTL

Aunque, sin duda, la victoria más prestigiosa fue las 24 Horas de Le Mans, carrera que ganó tres años consecutivos en su categoría, de 1961 a 1963, año en el que Porsche decidió retirar el coche. Posteriormente, el coche siguió compitiendo en otras carreras nacionales e internacionales.

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Gracias a su peso contenido, menos de 800 kilos, y una mecánica potente, el Carrera Abarth GTL llegó a alcanzar los 242 km/h en rectas como la de Mulsanne. Hay que decir que no fueron necesarias muchas modificaciones en el bastidor, ya que procedía del 356 B Carrera GT, que incluía suspensión independiente y frenos de tambor hidráulicos, aunque luego fueron sustituidos por unos frenos de disco.

Ese mismo año, 1963, el Salón de Frankfurt alumbró al sucesor del 356, el Porsche 901, rebautizado como 911 un año después, tras el litigio con Peugeot. El nuevo modelo lucía un diseño que ha llegado a nuestros días, convertido en una leyenda del automovilismo. Un diseño que recuerda, sospechosamente, al coche desarrollado por Abarth.

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