El Toyota GT-One es el perfecto ejemplo de adaptación al medio: un superdeportivo creado para competir en una categoría que acabó ‘mojando  la oreja’ a los de la superior, prácticamente obligó a la FIA a cambiar la normativa, crear nuevas clases y, aún así, casi estuvo a punto de conseguir la victoria absoluta. He aquí su historia.

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En los 90, Toyota se propuso como objetivo hacerse con la victoria en  las 24 Horas de Le Mans, para lo que comenzó a desarrollar un proyecto de deportivo que competiría en el Grupo C. Sin embargo, dicha categoría se suprimió en 1994, lo que supuso la creación de la GT1, para la que la marca nipona aprovechó todo lo aprendido.

Los pinitos supusieron versiones de carreras basadas en los Toyota Supra y MR-2, que no obtuvieron malos resultados, pero la compañía era consciente de que para aspirar a todo era necesario crear un modelo específicamente desarrollado para competir. Para ello Toyota Team Europe (TTE) y Dallara unieron sus fuerzas, con un proyecto interno con el nombre en clave ‘TS020’ y que dio como resultado el Toyota GT-One.

Toyota GT-One

Su diseño aerodinámico era impecable y contaba con una mecánica a la altura, un motor R36V V8 de 3,6 litros sobrealimentado con dos turbocompresores Garrett. Desarrollaba 600 CV de potencia y 350 Nm de par máximo, que una caja de cambios manual de seis velocidades se encargaba de transmitir a las ruedas traseras.

La base era buena y en la prueba de 1998 se optó por un enfoque sin pretensiones, buscando rodaje y experiencia que permitiera asaltar el título al año siguiente. A pesar de ello no fue nada mal, con tres coches inscritos que se clasificaron entre los 9 primeros puestos (uno hizo segundo). Dos de ellas abandonaron (problemas mecánicos y accidente), pero la última acabó novena.

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Lo que no esperaba la FIA es que modelos de la categoría GT1 igualaran e incluso quedaran por delante de los coches de la superior, la LMP, por lo que impuso restricciones que llevaron a crear otra clase, la LMGTP, en la que quedaba encuadrado el Toyota GT-One de cara a 1999. De poco serviría ya que el nipón se hizo con la victoria en su categoría y quedó segundo en la clasificación absoluta, algo que derivó de un problema con los neumáticos que obligó a una última entrada en boxes que no entraba en los planes.

Toyota TS020 GT-One, la versión de calle del Toyota GT-One

Para que el Toyota GT-One pudiera competir, Toyota tuvo que cumplir con los requisitos de la FIA, que exigía versiones matriculables de los coches. Esto obligó a fabricar el Toyota TS020 GT-One, que recuperaba el código interno del vehículo, y que era un auténtico coche de Le Mans capaz de circular por la calle.

Toyota TS020 GT-One

Y es que la marca no realizó apenas cambios para la versión de calle: mismo motor, misma potencia, mismo chasis y mismos frenos carbocerámicos; aunque se modificó la suspensión elevándola ligeramente, se instaló un sistema de iluminación y se transformó el habitáculo para que no fuera tan espartano, con unos asientos ligeramente más cómodos, tapicería de cuero y un salpicadero algo más normal.

Eso sí, Toyota no se complicó en exceso, puesto que solo fabricó las dos unidades exigidas por la FIA, que ni siquiera llegaron a comercializarse.

1 Comentario

  1. Deberían exigir más unidades que solo dos para que lo consideren coche de calle.

    Además ni se comercializaron?

    Eso no es un coche de calle por mucho que digan

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