Aunque bueno, quizás no estés tan equivocado. La historia del Rolls-Royce Corniche París-Dakar es digna de un guión de telenovela de acción. Y es que a veces las casualidades y momentos de brillantez terminan resultando en algo grande, muy grande. Thierry De Montcorgé es un piloto de rally amateur, un apasionado de las aventuras al volante y de las grandes rutas y raids.

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Es el verano de 1980 y este apasionado del motor tiene ganas de volver a realizar una aventura en Áfrika: el rally París-Dakar es la mejor opción. No obstante, no tiene coche. Ahí es donde entra su amigo, Jean-François Pelletier. A priori, tienen poco en común: mientras el primero siempre busca coches explosivos, el segundo se mueve feliz en su Rolls-Royce Corniche (versión coupé del Rolls-Royce Silver Shadow). Los rumores afirman que en una noche de exceso de alcohol comenta a sus colegas los numerosos fallos de su Rolls-Royce. Está en las últimas. ¿Por qué no acabar con él a lo grande?

Rolls-Royce Corniche Paris-Dakar: de la broma al éxito

La discusión desvaría y terminan proponiendo participar en algún rally extremo en el desierto con el Rolls-Royce. La idea molar mola, pero parece que tiene pocos visos de llevarse a cabo. A la mañana siguiente, la resaca es potente, pero Montcorgé no deja de pensar en la idea. ¡Llevar la marca con más solera del mundo al Paris-Dakar mola!

Rolls-Royce París-Dakar presentacion

Ahora bien, el reto es enorme. Primero se dedica a conseguir dinero y en la primera mañana ya tiene el 50% del presupuesto con la única condición de colocar el color corporativo y el nombre de la nueva fragancia masculina de Dior. ¡Hecho! El color rojo y naranja no quedará mal. Lo segundo, más importante, es ver la viabilidad técnica.

Obviamente, el Rolls-Royce Corniche París-Dakar no podía acudir con sus tripas mecánicas. No habría durado en el desierto ni un asalto. Para desarrollar el proyecto a nivel técnico acude al especialista Michel Mokrycki. Ambos fabricarán el coche. Lo primero que se decide es que del Rolls-Royce original solamente se puede aprovechar su cara bonita, su fachada, la carrocería. El reto es encontrar un nuevo chasis que se adapte a la perfección.

Rolls-Royce…¿o Toyota?

Pronto encuentran una solución brillante: el Toyota FJ45, perfecto para recorrer el desierto, tienen un chasis prácticamente idéntico al del Rolls: ¡apenas 1 cm les diferencia! Del Toyota toman el chasis de largueros y travesaños, la transmisión con sus diferenciales y la tracción integral.

Rolls-Royce París-Dakar lateral

Para la carrocería, Montcorgé no puede utilizar por completo la del coche de su amigo, ya que es demasiado pesada y poco rígida. Se opta por fabricar una réplica exacta en resina de poliéster y realizada en una sola pieza. Esta se asentará sobre una estructura tubular sobre el chasis. ¿No quedó nada del Rolls-Royce Corniche original? Poco: la mítica calandra, las puertas, el capó o el portón del maletero son originales y fabricados en aluminio.

No obstante, lo más brillante es el acabado interior, mezclando lujo y espíritu racing a la perfección. Se mantiene el salpicadero y las inserciones de maderas nobles del Rolls-Royce original, pero todo lo demás es modificado. Las plazas traseras se quitan y en su lugar se instala un gigantesco depósito de combustible de 400 litros.

El motor era una bestialidad, perfecto para mover con brío un producto como este. Mokrycki es un especialista en motores V8 y como es de esperar, opta por un enorme V8 de 5.7 litros de origen Chevrolet que se toma de un Lola T70 aunque con la potencia limitada a 350 CV. Su par será clave para superar las dunas y las fuertes pendientes, mientras que su gran potencia le será muy útil para conseguir velocidades punta realmente altas en las pistas.

Rolls-Royce París-Dakar frontal

No es que el proyecto fuese secreto, pero cuando el Rolls-Royce Corniche París-Dakar apareció en la Plaza del Trocadero el 1 de enero de 1981 para participar en uno de los rally más duros del mundo, toda la atención mediática se fue hacia allí. Dior estaba encantada, porque a nivel mediático había conseguido no solo recuperar su inversión sino superarla. La presión a nivel económico era baja, pero tanto De Moncorgé como su copiloto, el dueño original del coche, Pelletier, quieren acabar la prueba. Al menos acabarla.

Rolls-Royce Corniche Paris-Dakar: un éxito sobre la arena

Las primeras jornadas del Rally París-Dakar de 1981 transcurrieron con éxito y con un seguimiento mediático arrollador para el equipo, superior al que cualquiera podría haber imaginado. Rolls-Royce y París-Dakar en la misma frase causó sensación. Todo el mundo estaba pendiente de las aventuras de De Moncorgé y Pelletier y las noticias eran positivas: el fiable chasis del Toyota junto al poderoso motor V8 hacían del coche una bestia imparable. ¡Hasta que un camión se puso en su camino!

Rolls-Royce París-Dakar 1981

El impacto no fue desastroso pero sí perdieron mucho tiempo en arreglar los desperfectos. Demasiado tiempo. Fueron descalificados pero decidieron seguir en la carrera, ya sin opciones pero eso ya había pasado a un segundo plano: ¡todos querían ver ese Rolls-Royce!

Un éxito mediático sin precedentes

Finalmente el coche llegó, magullado, a la meta en Dakar, donde Christian Dior había preparado la mayor fiesta que se recuerda en este rally. El coche se hizo infinitamente famoso y conocido y fue protagonista de innumerables artículos en prensa y televisión. Era el coche más famoso del momento y sin duda, es muy probablemente el coche más recordado de la historia del Dakar sin ganar absolutamente nada. ¡Un ejercicio de marketing involuntario que cambió sus vidas!

Rolls-Royce París-Dakar detalle

A todo esto, Rolls-Royce dejó hacer, al fin y al cabo, también era imagen positiva para ellos, aunque desde ese momento hasta hoy, mucho ha llovido y dudo que aquella triunfal aventura tenga algo que ver con el desarrollo del Rolls-Royce Cullinan, pese a que aquel Rolls-Royce Corniche París-Dakar hizo que muchos clientes del Oriente Medio preguntasen ya a la marca británica por un concepto que se ha hecho realidad 37 años más tarde. ¿Visionarios? Simplemente, apasionados de la vida y del motor.

Fotos: Charlie Turner y BoitierRouge

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