El coche eléctrico, como he dicho en numerosas ocasiones, parece un invento del siglo XXI, pero la realidad es otra. Como demuestra la historia del coche eléctrico, este tipo de vehículos datan del siglo XIX, de los albores de la industria del automóvil mundial. En España, uno de los principales mercados consumidores de coches europeos, el vehículo eléctrico tardó algo más en llegar, pero lo hizo en un momento convulso para la historia y la economía del país. Concretamente fue en Sevilla en 1946, donde el ingeniero e inventor Don Francisco Domínguez-Adame Romero fabricó el primer coche eléctrico español.

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Por entonces, la situación en el país era complicada. Sumidos en las consecuencias de la guerra civil que había azotado a la nación siete años atrás, y los resultados de la Segunda Guerra Mundial que acababa de terminar, la proliferación de nuevas tecnologías no parecía viable dada la situación socioeconómica. En lo que respecta a fabricas nacionales, el mercado era dependiente de marcas extranjeras y esto no cambiaría hasta los años 50. SEAT llegaría en 1950 y FASA-Renault un año más tarde.

A pesar de las dificultades de los años 40, el ingeniero eléctrico sevillano y catedrático de Termodinámica y Motores, Francisco Domínguez-Adame Romero, fue el hombre detrás del primer coche eléctrico español, el DAR, fabricado en 1946. Francisco logró construir artesanalmente un coche eléctrico en tan solo cinco meses e incluso lo matriculó para su uso en carretera.

DAR, el primer coche eléctrico español se fabricó en Sevilla en 1946

DAR proviene de las iniciales de sus apellidos (Domínguez-Adame Romero). El ingeniero sevillano lo esbozó una noche y al día siguiente creó los desarrollos de chapa y una maqueta en madera a escala 1:10. Concebido inicialmente como un descapotable, más tarde se le instalaría un techo duro. Se consideraba un adelantado a su época en el concepto de vehículos familiares con cinco plazas y espacio de carga.

primer coche electrico español

La construcción artesanal requería de materiales a los que Francisco podía acceder en ese momento. La base era un chasis tubular, creado en colaboración con el tornero Antonio Herrero, con suspensión independiente en las cuatro ruedas. Los frenos se crearon a mano y estaban cubiertos por discos de 16 pulgadas provenientes de un Opel que fueron comprados a un chatarrero. Éstos, a su vez, estaban revestidos con neumáticos viejos de un Renault Monaquatre.

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La carrocería se cortó con tijeras a mano. Fue soldada y construida en un mes con la ayuda de sus dos hijos, Francisco y Juan, así como Miguel Carmona, chapista-soldador. El conjunto se pintó de color negro y contaba con un parabrisas fijo. En el interior se equipó un asiento delantero de tras plazas y uno trasero de dos, todos ellos revestidos en cuerotex de color rojo inglés. También había dos maleteros, uno anterior y otro posterior. La tapicería la confeccionó Luz Cobos, la esposa de Francisco.

Dos motores eléctricos y 80 km de autonomía

A nivel mecánico, el primer coche eléctrico español estaba equipado con dos motores eléctricos artesanales. Cada propulsor tenía una potencia de 2 CV y podía girar a un régimen de más de 2.500 rpm. La potencia se enviaba a las ruedas traseras con correas trapezoidales. Los motores estaban alojados uno en cada rueda trasera y alimentados por una batería de 12 voltios y 150 Ah de capacidad.

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Un controlador ubicado detrás del volante permitía accionar marcha atrás, punto muerto o la conexión en serie o paralelo de los motores eléctricos. El DAR tenía una autonomía eléctrica de 80 km/h, mientras que la velocidad máxima dependía del número de pasajeros. Si viajaba solo el conductor, alcanzaba los 50 km/h, si iban cinco personas a bordo, 40 km/h. El vehículo tenía un peso total de 950 kg.

Permaneció 12 años en la familia

El proceso de matriculación del primero coche eléctrico español llevó aproximadamente un mes. Para hacerlo posible, Francisco Domínguez-Adame Romero tuvo que registrar una marca comercial, la cual denominó con las iniciales de sus apellidos: DAR. Obtuvo la matrícula ‘SE 19935’.

El DAR permaneció en la familia durante 12 años, hasta que en 1958 fue reemplazado por un SEAT 600 (prueba). Antes de su venta, el vehículo se convirtió en el primer híbrido del país. Francisco conservó los motores eléctricos e instaló un motor de gasolina y un grupo electrógeno que sustituyó a las agotadas baterías. Tras varios viajes a diferentes provincias, el vehículo fue finalmente vendido en 1958.

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