El Bugatti Chiron (prueba) es un coche que todo el mundo, sea amante del mundo del motor o no, conoce. Ser heredero del Bugatti Veyron, su impresionante hoja técnica, su exclusividad, etc. le han convertido en un referente del que se sabe prácticamente todo… o al menos eso es lo que se cree, puesto que está lleno de secretos.

Este es el Bugatti Chiron número 100

Entre los datos que son de conocimiento popular se encuentra que tiene un motor 8.0 W16 turboalimentado con cuatro turbos para desarrollar 1.500 CV y 1.600 Nm de par máximo, que utiliza tracción a las cuatro ruedas y una caja de cambios automática de doble embrague y siete relaciones. Con ello acelera de 0 a 100 km/h en 2,5 segundos, a 200 km/h en 6,1 segundos, a 300 km/h en 13,1 y a 400 km/h en 32,6 segundos.

Pero para conseguir semejantes números hay una titánica labor de ingeniería detrás, un trabajo de desarrollo y precisión sin parangón calculado para que todo funciones a la perfección.

Visto en vivo el tamaño de motor es enorme, algo que, como explica Andy Wallace, es debido a optimizar su durabilidad. El piloto afirma que hay unidades que han recorrido más de 100.000 millas y que siguen funcionando como el primer día. Apunta que se podría conseguir la misma potencia con un motor más pequeño, pero que sufriría mucho más ya que este, al ser un W16, tiene menos de 100 CV por cilindro, lo que castiga menos el motor.

También comenta que los cilindros están agrupados en dos bancadas, algo que beneficia a la respuesta del motor. Con cuatro de ellos asociados a cada turbo, hace falta que suba bastante de revoluciones para conseguir un par óptimo, pero con esta configuración, una válvula cierra uno de los dos turbos de la bancada para que los ocho cilindros de ese lado soplen a través de un solo turbo consiguiendo así más fuerza. De esta manera utiliza dos turbos a revoluciones bajas/medias y cuando llega a las altas se activan los cuatro y es necesario bombear nada menos que 1.000 litros de aire por segundo para que la combustión sea óptima.

Bugatti monitoriza cada Chiron en tiempo real gracias a la telemetría

Asegura que tal y como está construido el motor, aunque uno cilindro dejara de funcionar el sonido seguiría siendo el mismo y que sería difícil apreciarlo a nivel de prestaciones, puesto que aún se dispondría de algo más de 1.400 CV.

A nivel estructural, la fibra de carbono está a la orden del día para asegurar rigidez y un peso contenido, material que da forma al subchasis y que está unido al monocasco por únicamente 10 tornillos de titanio.

Pasando a los frenos, tiene 420 mm de diámetro y están mordidos por pinzas de ocho pistones en el eje delantero; los neumáticos han sido desarrollados exclusivamente para el coche por Michelin, con la curiosidad de que los delanteros son más anchos que los traseros por 20 milímetros; los faros tienen entradas de aire que van directas a refrigerar los frenos, los tapones de inflado de las ruedas solo pesan 2,5 gramos, algo necesario ya que al correr 430 km/h se generan 3.000 G, lo que hace que pesen 7,5 kilos; y lo mismo ocurre con el sensor de presión y temperatura, cuyos 44 gramos se transforman en 130 kilos.

Aunque a simple vista solo se vea una salida de escape central doble, a ambos lados tiene otras dos que apuntan hacia el suelo para mejorar la aerodinámica, algo a lo que también ayuda el alerón cuando se despliega a partir de los 180 km/h. Una vez activado el modo de velocidad máxima todo se acrecenta, con modificaciones como reducción de altura para el coche o el cambio de posición de los flaps delanteros, que ayudan a crear un fondo plano para que el Bugatti Chiron se pegue al suelo.

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