Tras el aumento preocupante del número de robos de coches en Europa, los amigos de lo ajeno parecen haber centrado su actividad en un nuevo componente tecnológico de los coches de marcas premium. Según informan las autoridades a través del New York Post, los espejos retrovisores se han convertido en el nuevo objetivo de los ladrones, un componente de alta tecnología que luego revenden por un elevado precio.

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El Departamento de Policía de Nueva York informa de que se han producido 19 robos de espejos retrovisores en un período de ocho semanas entre el 1 de marzo y el 26 de abril, 14 de los cuales tuvieron lugar en el Upper West Side. El objetivo de los cacos son modelos de Audi, Porsche, Mercedes-Benz, Lexus y BMW, cuyos vehículos están equipados con espejos retrovisores con cámaras integradas que tienen un valor estimado entre los 1.500 y 2.000 euros.

Aumenta el robo de espejos retrovisores

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Los retrovisores son elementos que, históricamente, no han tenido un gran valor para los ladrones. Sin embargo, con la llegada de tecnologías avanzadas, especialmente los avanzado sistemas de seguridad y de asistencia a la conducción, muchos de ellos basados en las lecturas arrojadas por sensores, radares y cámaras de vídeo, los espejos exteriores han ganado mayor presencia en el vehículo y, por supuesto, entre los delincuentes.

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Al estar dotado de cámaras integradas para facilitar las funciones de sistemas como el control de ángulo muerto, el mecanismo de un retrovisor es mucho más completo, integra mayor número de piezas y, por ende, aumenta su valor. Al mismo tiempo, sigue siendo un elemento vulnerable en caso de accidente, ya que suele sufrir daños con facilidad al estar más expuesto, por lo que se convierte en un recambio altamente demandado.

Esta es la principal motivación de los ladrones de vehículos, quienes ven una oportunidad perfecta de nutrir al mercado de segunda mano y recambios usados, de piezas con una gran demanda por un precio ligeramente inferior a lo que cuestan nuevos en los concesionarios. Por el momento, esta tendencia se está registrando en Estados Unidos, pero Europa es un gran consumidor del coche, por lo que podría cruzar el Atlántico y convertirse en un mal que infecte nuestro parque móvil.

Fuente: New York Post

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