Fue una de esas gloriosas locuras de la historia del motor que duran poco pero quedan como mitos. En cuatro años, se fabricaron apenas 2.800 unidades del (prueba) Renault Clio V6. Pero marcaron una época por su potencia. Una potencia que pocos saben que tenía detrás un toque… de Porsche.

Este ‘hot hatch’ fue diseñado por Renault Sport en 1998 para conmemorar los 100 años de la marca, y presentado como prototipo con un motor central que remedaba al del R5 Turbo, el simpáticamente apodado ‘culogordo’. Y, al contrario de lo esperable, unos años más tarde, en 2001, ese prototipo se convirtió en coche de producción en serie con una fidelidad casi absoluta.

Renault Clio V6 volante

Aquella primera generación del Clio V6, que ahora cumple 20 años, estaba fabricada por Tom Walkinshaw Racing (TWR) en Suecia de manera totalmente artesanal, y contaba 230 CV. Algo que hacía de él un coche tan rápido como caro y difícil de conducir. Una ‘bestia’ para soñadores, pero que a Renault le generaba dolores de cabeza.

Por eso, a la hora de crear la llamada Fase 2, la marca francesa decidió tomar en sus manos el proyecto. Así, se lo llevó a la fábrica de Alpine en Dieppe. Y, eso sí, quiso aprovechar para aumentar su potencia y su velocidad punta. Para ello, recurrió… nada menos que a Porsche Engineering.

A la venta este Renault Clio V6 Fase 2 de 2003 con solo 8.000 km

La filial del fabricante alemán retocó el (ya de por sí brutal) motor V6 subiendo el limitador y mejorando las culatas, el sistema de inducción, la transmisión final o las relaciones de engranaje. Y consiguió con ello extraerle 255 CV, en lugar de 230, llegando a 7.100 rpm. Una colaboración discreta entre dos grandes marcas que dio como resultado uno de los modelos clásicos de Renault más deseados e idolatrados en la actualidad.

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