Aunque los coches eléctricos puedan parecer un invento del siglo XXI, lo cierto es que no ha sido en los últimos años donde los fabricantes han experimentado con esta tecnología. Lo cierto es que ha habido diferentes episodios a lo largo de la historia, como la Crisis del Petróleo de la década de 1970, que han llevado a las marcas a experimentar con la electricidad como fuente de movilidad en el automóvil. Uno de estos episodios tuvo lugar en 1990, cuando la firma de la estrella presentó el Mercedes-Benz 190 E Elektro.

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Este laboratorio con ruedas permitió a Mercedes analizar la viabilidad del 190 E como base para un sedán eléctrico, lo que desembocó en un programa de pruebas en 1992 donde algunas unidades ofrecieron hasta 100.000 kilómetros de experiencias y conocimientos sobre el coche eléctrico. El 190 E Elektro es considerado la base de la actual gama de vehículo Mercedes EQ, aunque no fue el único prototipo creado en las últimas tres décadas.

Mercedes-Benz 190 E Elektro: experimentando con el coche eléctrico en 1990

Mercedes-Benz 190 E Elektro 1990

La historia se remonta a mayo de 1990, cuando Mercedes da a conoce una variante totalmente eléctrica del Mercedes 190 E (W201) en la Feria de Hannover de ese año. A nivel estético apenas suponía un desafío a lo que cualquiera podía ve por las calles en esa época, pero bajo su carrocería se escondía un sistema de propulsión eléctrico con el que la firma de Stuttgart planeaba experimentar y conocer un poco más sobre la tecnología del coche eléctrico.

“De esta manera, el Mercedes 190, que en términos de longitud y peso se acerca más a los requisitos de un vehículo eléctrico, es un coche de prueba de batería ideal. El objetivo principal es evaluar la idoneidad funcional de todos los componentes en situaciones realistas con todas las vibraciones, aceleraciones y fluctuaciones de temperatura experimentadas en el funcionamiento diario”, explicaba Mercedes en el momento de su presentación.

Mercedes-Benz 190 E Elektro 1990

A nivel de diseño apenas mostraba cambios con respecto a su versión estándar con motor de combustión presentada en 1982, mientras que el interior seguía la misma tónica. Sin embargo, el habitáculo ya dejaba entrever algunos cambios para adecuarse a lo que escondía bajo el capó. Los rasgos más significativos eran fácilmente identificables en el cuadro de instrumentos, donde había sido instalado un cuadro modificado con un medidor de amperaje en lugar de los medidores de temperatura y nivel de combustible. También se modificó la consola central, con nuevos interruptores en la parte superior, y la zona de la guantera fue rediseñada para integrar una pantalla.

Diferentes configuraciones de sistema de propulsión

Los Mercedes-Benz 190 E Elektro se usaron para probar diferentes configuraciones de unidades motrices y sistemas de baterías. Los dispositivos de almacenamiento de energía probados fueron principalmente baterías de cloruro de sodio-níquel o de sodio-azufre, que tenían una densidad de energía significativamente mayor que las baterías de plomo clásicas. Sin embargo, la temperatura de trabajo de ambos sistemas fue de alrededor de 300 ºC.

Mercedes-Benz 190 E Elektro 1990

El 190 E eléctrico presentado en Hannover llamó la atención de los asistentes, por lo que, apenas 10 meses más tarde, Mercedes concluyó los trabajos de desarrollo de una segunda versión mejorada y evolucionada. Se presentó en el Salón de Ginebra de 1991, donde se dieron a conocer todos los detalles y especificaciones del modelo.

“El coche sigue siendo un vehículo completo de cinco plazas con espacio efectivo casi sin cambios y con características de seguridad de Mercedes-Benz probadas”, rezaba el comunicado de prensa lanzado en 1991. El modelo presentado en Ginebra estaba equipado con un motor eléctrico de corriente continua alimentado por imanes permanentes en cada una de las ruedas traseras. Cada motor tenía una potencia máxima de 22 CV, lo que permitía al 190 E Elektro disponer de una potencia cercana a los 45 CV.

Mercedes-Benz 190 E Elektro 1990

Estos motores estaban alimentados por una batería de cloruro de sodio y níquel, acompañado de una tecnología de frenada regenerativa que permitía recuperar algo de energía durante las fases de frenado, prolongando así la autonomía total. Los ingenieros eliminaron cualquier indicio del motor térmico tradicional, así como todos los componentes que contribuían a su funcionamiento original, lo que permitió que, una vez instalado el sistema de propulsión eléctrico y la batería, el peso aumentara tan solo 200 kg en comparación con la versión con motor de combustión.

Un programa de pruebas subvencionado por el gobierno alemán

A partir de 1992, muchos fueron los fabricantes que decidieron sumarse a un programa de pruebas llevado a cabo en la costa alemana del mar Báltico. Este programa a gran escala se llevó a cabo en la isla de Rügen y se prolongó hasta 1996. El gobierno alemán financió el proyecto con un total de 60 millones de marcos (lo que equivaldría a unos 30 millones de euros). El objetivo del ejercicio era probar vehículos eléctricos y sistemas de energía, incluidas sus baterías, en un uso cotidiano. En total participaron 60 turismos y furgonetas de varias marcas, entre las que se incluyen los modelos del programa Opel Impuls.

Mercedes-Benz 190 E Elektro 1990

Volviendo a Mercedes, la compañía de la estrella envió a Rügen diez Mercedes W201 que previamente habían sido equipados con diferentes combinaciones de motor eléctrico y batería en Sindelfingen, Alemania. Puntos de recarga especiales que usaban placas solares estuvieron disponibles durante las pruebas con el fin de probar el concepto ambiental de manera consistente, ya que tan solo la electricidad que se obtiene de fuentes renovables se puede considerar completamente neutra en CO2.

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El programa llevó a diversas personas, incluidos taxistas, a utilizar los Mercedes-Benz 190 E Elektro en sus vidas cotidianas. El fabricante asegura que apenas se produjeron problemas y que los W201 eléctricos hicieron su trabajo “de manera completamente discreta y fiable”. En particular, uno de los coches fue utilizado de manera intensa y alcanzó la cifra de los 100.000 kilómetros en un año.

Mercedes-Benz 190 E Elektro 1990

“Los resultados proporcionan nuevos conocimientos sobre la vida útil de la batería, la cantidad de posibles ciclos de carga y descarga, autonomía, consumo de energía y fiabilidad”, resumía Mercedes una vez finalizado el programa de pruebas. En los años siguientes, el fabricante alemán aplicaría este concepto de sistema de propulsión eléctrico a otros turismos a modo de pruebas y prototipos.

La base de la actual gama EQ de Mercedes-Benz

A pesar de que este programa de pruebas con el Mercedes-Benz 190 E Elektro arrojó luz sobre el coche eléctrico y la senda que debían seguir los fabricantes en el desarrollo de vehículos en el futuro, a principios de la década de los años 90 el coche eléctrico se enfrentaba a importantes desafíos y problemas. En 1991, Mercedes argumentaba que la vida útil de la batería, la autonomía, el reciclaje, la infraestructura de recarga y el precio eran solo algunos elementos que frenaban la expansión del coche eléctrico.

Hoy, muy pocos son los que contemplan un futuro sin la electromovilidad. El coche eléctrico ha llegado para quedarse, pero a lo largo de la historia del automóvil, muchos han sido los intentos y programas de pruebas que, aunque no se materializaron en modelos de producción, contribuyeron a su desarrollo y a establecer las bases sobre un cambio de paradigma en la industria automotriz del siglo XXI.

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