Ford y General Motors son el ejemplo perfecto de una rivalidad que le ha dado más a la industria del automóvil de lo que puedes imaginar. Autores de vehículos como el Ford Mustang -conoce su historia- o el Chevrolet Camaro, estos dos fabricantes lleva más de medio siglo compitiendo por ser el fabricante de automóviles más innovador, reputado y avanzado en Estados Unidos. Y esta carrera los ha llevado a probar todo tipo de tecnologías, incluyendo las turbinas de gas tanto en coches como en grandes camiones. Esta es la historia de la guerra que libraron Ford y GM por triunfar con el camión turbina en la década de 1960.

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Antes de nada, la tecnología de las turbinas de gas no es un invento de ninguno de estos fabricantes. El origen se remonta a 1950 en Gran Bretaña, de la mano del Rover JET1 desarrollado después de la Segunda Guerra Mundial. Rover trató de implementar el primer motor turborreactor operativo en un coche, un invento del ingeniero Frank Whittle en los años 30. Ofrecía multitud de ventajas, como la suavidad de funcionamiento a cualquier velocidad, un menor número de piezas móviles, opera casi con cualquier tipo de combustible, son más fáciles de arrancar en climas fríos y se creía que serían más eficientes que los motores de combustión tradicionales. Además, el sistema de propulsión era más simple y flexible, así como fiable y barato de mantener a largo plazo.

Así, Estados Unidos pronto se fijó en esta tecnología y Chrysler fue el primero en ponerla en marcha en un coche de pasajeros. Sin embargo, los motores de turbina tenían un elevado coste de fabricación, lo que hacía el proyecto inviable especialmente en los años posteriores al conflicto bélico. Una década después, la situación había cambiado.

La guerra por triunfar con el camión turbina: Ford mueve ficha primero

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Ford Big Red

La economía estaba en un punto dulce. Ford estaba desarrollando el Mustang, un coche que cambiaría las reglas de juego para siempre. El país ahora contaba con nuevas carreteras y autopistas que hacían cada vez más viable el transporte terrestre. Entonces, ¿y si combinaban el motor de turbina de gas con un vehículo de gran tamaño diseñado para ganarse el sustento en la carretera? Ford y GM vieron esta oportunidad y decidieron ir a lo grande con el desarrollo del camión turbina.

A mediados de la década de 1960, Ford revela el denominado Big Red. Presentado en la Feria Mundial de 1964 junto al nuevo Ford Mustang, el Big Red era un camión de 4 metros de altura casi 30 metros de largo con un peso bruto de 80 toneladas capaz de viajar a velocidades de crucero de 70 mph (112 km/h). La potencia provenía de un motor de turbina de 600 CV con un par máximo de 1.300 Nm al que Ford bautizó como 705. El bloque estaba asociado a una transmisión automática Allison de cinco velocidades.

La turbina de gas fue desarrollada inicialmente como un proyecto militar. Sin embargo, Ford logró ensamblar un enorme camión turbina con el que la marca inició una campaña de relaciones públicas visitando varias ciudades estadounidenses. Entre sus principales características se encontraba una suspensión neumática y una cabina suspendida. Esta cabina estaba diseñada para recorrer largas distancias. Podían viajar dos conductores que se turnarían a lo largo del trayecto al volante. Mientras, el chófer que descansaba disponía de un dispensador de bebidas, frigorífico, horno, inodoro incinerador, cama e incluso televisión. Todo ello junto a un enorme tanque de combustible de 1.000 litros que le otorgaba una autonomía cercana al millar de kilómetros.

GM contraataca con los Chevrolet Bison y Turbo Titan III

General Motors no tardaría en mover ficha y en 1964 presenta el Chevrolet Bison. Desarrollado por su programa de turbinas de gas, la novena generación de este motor recibe el nombre de GT-309. Generaba 280 CV de potencia y un par motor máximo de 1.200 Nm. Mientras tanto, el Bison era un camión prototípico equipado con una turbina GT-309 alojado en un compartimento aerodinámico sobre la cabina, donde también se encontraba otro motor de turbina de origen misterioso y un generador eléctrico.

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Chevrolet Bison

El cambión turbina de GM era un concepto simulado y los detalles del sistema de propulsión son desconocidos. Se desconoce incluso si llegó a desplazarse por sus propios medios. Lo que estaba claro es que la compañía se había centrado en el desarrollo de este camión y no en el tren motriz. Destaca, por ejemplo, su cabina sin puertas, donde el enorme parabrisas delantero se volteaba para dar acceso al interior. Además, se controlaba por un sistema de dirección de doble joystick, incluía un teléfono y una consola central de estilo futurista.

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Un año más tarde, en 1965, GM revela el Chevrolet Turbo Titan III. A diferencia del Bison, era un camión turbina funcional que la compañía exhibió en el Feria Mundial de 1966. Tenía un peso bruto de 35 toneladas y estaba impulsado por una turbina GT-309 de 280 CV y 1.200 Nm de par máximo. La velocidad de ralentí del motor era de unas 33.000 rpm, el cual se redujo a 4.000 al asociarlo a una transmisión Allison MT-42 modificada, mientras que las dos entradas de aire que luce en el frontal eran funcionales y alojaban los faros del camión. También se conservaron los joysticks que equipaba el Bison, pero en una segunda generación a la que GM denominó ‘Dial Steering’.

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Chevrolet Turbo Titan III

¿Qué pasó con los motores de turbina?

El camión turbina de GM no llegó mucho más lejos tras el proyecto del Turbo Titan III. El gigante americano abandonó esta tecnología, a pesar de que había logrado un consumo de combustible similar al de un motor diésel a velocidades de 65 mph (105 km/h). Sin embargo, Ford decidió seguir experimentando con las turbinas de gas en la década de 1970.

En 1971 inaugura una fábrica en Toledo (Ohio, Estados Unidos) para producir su nuevo motor de turbina, denominado 707. Este propulsor generaba 375 CV de potencia y estaba fabricado en una aleación de hierro y níquel. Ford empleó un complejo regenerador que permitió obtener el consumo de combustible necesario en la industria del transporte por carretera. De hecho, la compañía llegó a usar la turbina 707 en sus camiones W-1000 de producción para el transporte de suministros entre Dearborn y Toledo. A pesar de los esfuerzos de Ford para con esta tecnología, los problemas de refrigeración y los costes de fabricación obligaron a la compañía a abandonar la idea y cerrar la planta en 1973.

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Turbina 707 de Ford

La turbina de gas 707 de Ford era muy avanzada para la época, pero el concepto de camión turbina fue víctima de las leyes anticontaminación. Este tipo de motor emite grandes cantidades de partículas nocivas para la salud, como el dióxido de nitrógeno. Así, la Ley de Aire Limpio de 1970 se encargó de regular estas emisiones, colapsando todos esos avances revolucionarios que vieron la luz en los años 60.

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El silencio, la fiabilidad y la entrega suave de potencia no compensaban el consumo de combustible y los altos costes de fabricación de las turbinas. Ford y GM se dieron cuenta que estaba luchando con una tecnología sin atisbos de futuro, por lo que abandonaron la idea del camión turbina. Ambos fabricantes se centraron en los pick-up, vehículos que hoy día siguen representando un volumen de ventas muy importante en el mercado estadounidense y en el que Ford y Chevrolet son claros referentes.

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Tanto el Big Red como el Turbo Titan III son un ejemplo claro de la evolución de la industria automotriz en la década de 1960. Esta tecnología experimentó un boom similar al que está viviendo hoy día el coche eléctrico. Los avances en este campo son imparables y parece cada vez menos probable que vivamos un futuro en el que los motores de combustión interna o incluso las turbinas de gas tengan cabida.

Ford Big Red

Chevrolet Bison & Turbo Titan III

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