La industria del automóvil está plaga de operaciones comerciales que no llegaron a buen puerto. A menudo por errores de los fabricantes y otras por clientes que se echaron atrás en el último momento, lo cierto es que la compra de vehículos, especialmente en grandes lotes, no siempre es un negocio seguro. Esta es el caso de la historia que traigo hoy, donde General Motors no pudo vender 12.500 Chevrolet Malibú a Sadam Husein a principios de la década de 1980.

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Después del estallido de la Crisis del Petróleo de 1973, los fabricantes de medio mundo se vieron obligados a apretarse el cinturón y a desarrollar coches más eficientes, con motores menos potentes y de una calidad, en muchos casos, cuestionable. Este fue el caso de las marcas estadounidenses, que vieron en muchos casos como su extraordinaria reputación internacional se deterioraba poco a poco por productos poco fiables.

La historia de los 12.500 Chevrolet Malibú que GM no pudo vender a Sadam Husein

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Chevrolet Malibú para el mercado estadounidense. La versión iraquí recibía una nueva suspensión y un sistema de refrigeración más potente, un aire acondicionado actualizado, elevalunas manuales, asientos de tela y un V6 de 3.8 litros con cambio manual de tres relaciones.

Por esta razón en particular, el dictador de Iraq entre 1979 y 2003, Sadam Husein, canceló un pedido de 12.500 Chevrolet Malibú en 1981. Según recoge The Drive en esta interesante historia que hoy te traigo, Husein ordenó un pedido de 25.000 unidades del Malibú G-Body para su país, unos vehículos que serían empleados como coches oficiales y taxis en el estado árabe. Sin embargo, Estados Unidos no mantenía una buena relación con Iraq, especialmente tras el ascenso de Husein al poder, al que acusaban de apoyo al terrorismo.

General Motors se vería entonces obligada a cancelar el pedido, pero encargó a su filial de Canadá la fabricación en la planta de Oshawa, en Ontario, y el envío de los vehículos desde el puerto de Halifax. A cambio, GM obtendría su dinero, Iraq sus coches y el gobierno canadiense una importante porción del presupuesto. Todos ganarían en esta transacción, aunque las cosas no siempre salen según lo planeado.

Y es que las condiciones de la carretera y la climatología de Iraq dista mucho de parecerse a lo que un coche se enfrenta en Estados Unidos y Canadá. General Motors lo sabía y decidió construir un caballo de batalla que soportara cualquier uso intensivo en el país árabe. Para ello, creó las especificaciones “Iraqi Taxi”, la cual integraba un sistema de refrigeración y una suspensión de servicio pesado, aire acondicionado mejorado, elevalunas manuales, asientos de tela resistentes, una transmisión manual de tres velocidades que emergía desde el piso y un robusto bloque V6 de 3.8 litros con apenas 110 CV de potencia.

A pesar de las modificaciones sobre el modelo estándar que se comercializaba en América, el producto que llegó a Iraq resultó ser un cúmulo de problemas, destacando fallos en la calidad de la construcción y un embrague pegajoso, entre otros. Sadam Husein canceló el trato tras recibir la primera mitad de los 25.000 Chevrolet que había encargado. GM trató de salvar el acuerdo mediante el envío de 100 mecánicos y un grupo de ejecutivos que hicieran cambiar de opinión al gobierno iraquí sin éxito, y los 12.500 coches restantes fueron almacenados en el puerto de Halifax mientras la compañía decidía qué hacer con ellos.

Los 12.500 Malibú que no salieron del puerto de Halifax

La importante inversión que había supuesto su fabricación no permitía que los coches se dejaran perder en una gran explanada, expuestos a los elementos, como puedes ver en el vídeo que acompaña a estas líneas. De este modo, GM decide poner a la venta en los concesionarios de Chevrolet todos los coches fabricados con las especificaciones de taxi iraquí por un precio de 6.800 dólares canadienses (4.275 euros), lo que equivaldría a unos 22.300 dólares canadienses actuales (14.000 euros).

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Esta era una oportunidad perfecta para todos aquellos compradores que buscaran un coche nuevo a buen precio. Y, lo más destacable es que todos esos fallos de los que hablaban los iraquíes no suponían un problema para los compradores canadienses. Más bien, los nuevos propietarios (principalmente los trabajadores de las fábricas de GM) veían estos Malibú como pequeñas máquinas resistentes no tan mal construidas como otros productos de la compañía en la época. Los coches se vendieron rápidamente y, aunque cada vez quedan menos en activo, todavía se pueden encontrar unidades a la venta en Canadá.

Entonces, ¿qué salió mal en el trato con Sadam Husein? Aunque no se ha podido confirmar esta información, se cree que el dictador iraquí rechazó el acuerdo en un intento por ahorrar dinero a medida que la Guerra Irán-Iraq (1980-1988) se iba recrudeciendo. También se rumorea que las familias de los soldados iraquíes que caían en combate en la guerra con Irán recibían uno de estos Malibú o un Oldsmobile Cutlass Ciera como compensación por su sacrificio.

Fuente: The Drive

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