No puedo negarlo: cuando supe que sería el enviado de Periodismo del Motor para tener la experiencia de copilotar un Ford Fiesta WRC —y unas cuantas más que te iré contando más adelante— mi cabeza empezó a dar vueltas. 30. 30 han sido los años que he tenido que esperar para ver cumplido un sueño… y poder disfrutar de un tramo sin hacerlo desde la cuneta.

Si en algo tiene experiencia Ford es en crear experiencias realmente apasionantes para cualquier amante del mundo del motor… y para quien aún no es consciente de que el amor está en el aire: ¿conoces las 24 Horas Ford? Échale un vistazo a este artículo de mi colega Hugo Valverde y entenderás por qué lo digo. En esta ocasión la cosa era algo más seria: una visita a las instalaciones de M-Sport para ver su museo, su centro de producción y sus pistas de pruebas. Ahora mismo me odias, ¿eh? Pues aún no has leído nada.

copilotaje del Ford Fiesta WRC

Después de emplear una jornada completa en saborear juguetitos como el nuevo Focus ST 2019 —prueba—, el Mustang Bullitt (prueba) o acompañar a Sebastian Priaulx en dos vueltas rápidas —pero de verdad— a lomos del siempre espectacular Ford GT, llegaba el plato fuerte: sentarnos a la derecha de Gus Greensmith en un Ford Fiesta WRC para recorrer un tramo de test como si lo fueran a prohibir. Sí, yo mismo te doy toda la razón: soy odioso.

Así es el Ford Fiesta WRC

El protagonista de este artículo no es otro que el hermano más salvaje del delicioso Ford Fiesta ST 2018 (prueba) Además de un aspecto monstruoso que hace que esta hornada de artefactos recuerden y mucho a los desgraciadamente extintos Grupo B —salvando las distancias, claro—, bajo su carrocería esconde argumentos más que solventes para demostrar que estamos ante algo muy serio.

Dentro del capó de este Ford Fiesta WRC late un corazón de 1,6 litros desarrollado en conjunto por la firma del óvalo y la propia M-Sport. Su centralita está firmada por Cosworth y monta un turbocompresor Garrett. Cada unidad se monta a mano con el máximo mimo posible y gracias a ello logra erogar nada menos que 385 CV y 450 Nm de par máximo que se encargan de poner en marcha los 1.190 kg del conjunto. Sé que, probablemente, sobre el papel no te hayan impresionado las cifras —el Porsche 911 Carrera 2019 ofrece los mismos datos y es el modelo de acceso a gama—. Pero lo importante aquí es cómo se traducen al asfalto. O a la tierra. O a la nieve. Oh, sí.

copilotaje del Ford Fiesta WRC

De copiloto en el Ford Fiesta WRC

Como ya te habrás podido imaginar, tener delante a una bestia como la que ves en las imágenes y tener que esperar pacientemente tu turno para subirte al asiento de la derecha no es algo sencillo. Y por eso decido hacerlo a mi manera: esperando. Pero sin ninguna paciencia ni cariño por mis uñas. “¿Álex? Te toca”. Y jamás habría imaginado la agilidad de la que he hecho gala para introducir mis casi dos metros de altura entre las barras de la jaula antivuelco.

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Con los cinturones por fin colocados y las cámaras inmortalizando el momento, llega la hora: el bueno de Gus enfila con el Ford Fiesta WRC el camino hacia el principio de un tramo de test que, gracias a sus idénticas características con los que conforman el Rally de Gales del Mundial, sirve para poner a punto a las máquinas nacidas en la factoría de Dovenby. No os podéis imaginar el torbellino de pensamientos que rondaba mi cabeza en esos instantes previos a la tempestad.

“El coche en el que estamos montados es una unidad de test, idéntica a las que utilizamos en las pruebas del WRC”, me dice Greensmith. “La única diferencia es que las levas del cambio no funcionan en este momento y tendré que utilizar la palanca, por lo que iremos algo más despacio”. Como en la vieja escuela, me limito a balbucear. “Exacto. ¿Estás listo?”. Llevo 30 años esperando este momento, amigo. “Nos vamos”.

Volante del Ford Fiesta WRC

Mentiría si te dijera que no he montado —y conducido— aparatos capaces de acelerar en menos tiempo que los 3,9 segundos que necesita el Ford Fiesta WRC para alcanzar los 100 km/h. Pero en ninguno he experimentado una capacidad de tracción semejante. El día anterior llovió torrencialmente en la zona y el firme —por llamarlo de alguna forma— estaba especialmente delicado… salvo para nosotros.

La primera curva a derechas no me impresiona demasiado porque aún llevamos poca velocidad, pero rápidamente llegamos a una a izquierdas a un ritmo salvaje. “Yo habría frenado ahí atrás. O ahí, apurando mucho. O ahí. Y si hubiese frenado ahí esto habría terminado muy mal”, pienso para mí. Pues no. Cuando prácticamente tenemos la curva encima Gus da una patada al freno, balancea la zaga del Fiesta y completamos el giro como debe hacerse: con la dirección recta y el pedal derecho pisado a fondo. Yo no puedo hacer otra cosa que empezar a reírme.

Vídeo: Fernando Alonso también pilotó un Grupo B

Los siguientes giros del tramo de test escocés en el que nos encontramos se suceden a un ritmo vertiginoso, y puedo comprobar de primera mano cómo el pequeño gran Ford se traga todo sin rechistar: piedras, ramas, socavones y fangosa tierra que pondrían a prueba la capacidad de cualquier SUV. Nosotros los pasamos de lado a lado, sin reducir la velocidad en ningún momento y apurando cada centímetro de pista disponible.

copilotaje del Ford Fiesta WRC

Un deporte para pilotos de otra galaxia

Antes de que pueda darme cuenta Greensmith se ha merendado los casi seis kilómetros de tramo y ya estamos en la carpa donde me he subido al Ford Fiesta WRC. Ninguno de los mecánicos allí presentes necesita preguntarme por la experiencia: todavía tengo agujetas en los carrillos de tanto sonreír.

“Has cumplido un sueño de mi infancia, tío”, le digo a Gus. “Me alegro de que te haya gustado, no es habitual que tu copiloto se pase el tramo a carcajada limpia”. Un apretón de manos me separa de él y observo, sin todavía haberlo asimilado bien, cómo sube otro compañero para volver a salir al tramo. Reconozco que siempre he dicho que los rallyes de ahora no son como los de antaño. Pero la pasta de la que tienen que estar hechos los pilotos es exactamente la misma. En serio.

Gus Greensmith y nuestro redactor, Álex Aguilar, en el Ford Fiesta WRC

La velocidad a la que sucede todo ahí dentro hace que sólo un maldito superhéroe pueda gestionar toda la información que se recibe por segundo para, además de mantener el coche dentro de los límites de la pista, ser capaz de exprimirlo al máximo tratando de obtener el mejor tiempo. Pero con la cabeza suficiente como para saber cuándo apretar, cuándo ser conservador, etc. Me gustaría ver a todos esos cuñados que, palillo en boca, aseguran que el automovilismo no es un deporte a la altura del fútbol u otro cualquiera por la intervención de una máquina como el Fiesta subidos en mi asiento. Estoy seguro de que, los supervivientes, cambiarían de idea para siempre.

¡Larga vida a los rallyes, maldita sea!

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