Bob Lutz, un famoso ejecutivo del mundo del automóvil que sirvió como máximo responsable en los tres grandes fabricantes americanos (Ford, General Motors y FCA), relató una historia muy interesante sobre cómo Chrysler quería una berlina con las insignias de Lamborghini, pero finalmente no llegó a ver la luz. Esta es la historia que relata este capitulo y que recoge Road & Track.

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Como bien sabrás si leíste nuestro anterior especial (y si aún no lo has hecho, te invito a ello), Chrysler compró Lamborghini en 1987 y, durante su mandato, fueron los precursores del Lamborghini Diablo y de que la firma del toro dorado se adentrara durante una temporada en el mundo de la Fórmula 1. Entre 1987 y 1994, con Chrysler al frente de la compañía italiana, Lamborghini vivió más de un capítulo interesante, y Lutz relata uno nuevo.

¿Una berlina de Chrysler con logotipos de Lamborghini?

Chrysler Imperial 1990

Aunque el concepto de una berlina de Chrysler con los logotipos de Lamborghini sigue sonando descabellado más de 30 años después, hubo un máximo responsable que vio algo más en esta idea inicial. Los planes de Lee Iacocca, que falleció el pasado mes de julio, para Lamborghini eran un tanto diferentes a lo que todos esperarían de una compañía especializada en el diseño y fabricación de superdeportivos de ensueño.

Iacocca veía en Lamborghini la oportunidad de asestar un golpe directo a Ford convirtiendo al fabricante italiano en “una versión de Chrysler de alto nivel”, es decir, una marca que vistiera de lujo y exclusividad a sus modelos. De hecho, Ford ya ofrecía algo parecido con Carrozzeria Ghia, presente en los Granada y Mustang II más lujosos de la época. “No lo compré porque quisiera una compañía que produzca 300 coches al año”, dijo Iacocca a su equipo ejecutivo tras la adquisición de Lamborghini.

Chrysler Imperial 1990

En el marco europeo, el ejecutivo americano quería crear algo similar a lo que tiene Mercedes con Maybach, una submarca de lujo de la que nazcan versiones especiales de determinados modelos, como el Mercedes-Maybach S 650 Pullman. Era tan sencillo como añadir cuero caro para revestir los interiores, insignias de Lamborghini y las señas de estilo del fabricante italiano en el exterior. En otras palabras, Iacocca no quería preservar Lamborghini o su legado, quería utilizar la imagen de marca de lujo italiana para obtener ganancias adicionales en Chrysler.

“Obediencia maliciosa”

Aunque todos en el equipo ejecutivo entendían lo que Iacocca quería hacer con Lamborghini, entre el equipo reinaba un sentimiento de horror. Lutz cuenta como Tom Gale, por entonces vicepresidente de diseño, le preguntó que debía hacer. Lutz le aconsejó lo que él mismo define como “obediencia maliciosa”: dale al presidente de Chrysler ese “Lamborghini Edition” que tanto ansía, pero que sea tan exagerado que incluso él mismo pueda ver la locura de su proyecto.

Chrysler Imperial 1990

Gale siguió el consejo de Lutz y tomó como base la berlina con mayor distancia entre ejes de la marca, el Chrysler Imperial de 1990, y le añadió todo ese estilo italiano que quería Iacocca. Para ello, fue eliminado el techo de vinilo, se bajó el chasis, se pintó de color rojo brillante y fue calzado con llantas y neumáticos de Lamborghini. El interior también recibió algunos cambios al retirar el terciopelo morado en detrimento del cuero y había logotipos del fabricante italiano por todos lados, incluso bordados en los cabezales de los asientos delanteros.

En el exterior se incluyeron placas que definían este como un Chrysler Imperial Lamborghini Edition. Este sacrilegio para ambos fabricantes fue, al miso tiempo, el “K-car más atractivo que había visto en mi vida”, asegura Bob Lutz en sus palabras en la publicación estadounidense. Por suerte, el proyecto no cautivó a los ejecutivos ni al propio Lee Iacocca, por lo que finalmente no se materializó.

Fuente: Road & Track

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