En las películas del agente más famoso del Servicio Secreto Británico hay elementos que se convirtieron en un personaje más. Hablamos, efectivamente, de los coches que acompañaban a 007. Aunque los Aston Martin se convirtieron en un icono por derecho propio, el acuerdo que BMW firmó con la saga nos dejó ver a Pierce Brosnan conducir uno de sus vehículos en ‘El mañana nunca muere’. Ahora sabemos que BMW vendió una versión real del BMW 750iL de James Bond.

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La marca alemana comercializó un modelo semejante al del agente británico para que cualquiera (con dinero suficiente) pudiera ponerse al volante de uno de los coches de 007. Evidentemente ni disparaba gases lacrimógenos ni cohetes ni se controlaba desde el teléfono móvil, pero sí tenía su propio suministro de oxígeno, un sistema de extinción de incendios e, incluso, mirillas para armas por si las cosas se ponían feas.

BMW 750iL

900 kilos más

Aquel BMW 750iL era una versión especial bajo pedido que la marca alemana hizo de su sedán insignia y contaba con todo los necesario para mantener a sus ocupantes a salvo en una situación complicada. Tal era el nivel de equipamiento que BMW elaboró un manual con ilustraciones y descripciones (bastante divertidas, por cierto) para saber cómo funcionaban todos estos sistemas.

Al peso habitual del BMW Serie 7 añadía 900 kilos más. No es de extrañar si tenemos en cuenta que sus ventanillas tenían un grosor de entre 5 y 7 centímetros: pesaban tanto que, para bajar y subir, empleaban un sistema hidráulico en lugar de los habituales motores eléctricos. A esto hay que añadir una considerable placa de acero que actuaba como barrera de defensa.

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Por otro lado, el coche contaba con unos sensores exteriores capaces de detectar gases químicos para subir, de manera inmediata, todas las ventanillas y sellar el interior del vehículo. Para garantizar la supervivencia de sus ocupantes en estas situaciones, BMW instaló una funcionalidad que proporcionaba oxígeno hasta que la situación estuviera controlada.

BMW 750iL

Hueco para tres MP5K

A este equipamiento hay que suma un sistema de extinción de incendios integrado: en el momento en el que descubría el fuego, varias boquillas ubicadas en la parte inferior desprendían un polvo como el de los extintores.

Y si todo lo anterior fallaba, el BMW 750iL contaba con una función bautizada como ‘Defensa activa’. O lo que es lo mismo: unas cajas montadas en el techo interior del coche que proporcionaban espacio para tres subfusiles MP5K. Lo cierto es que había espacio para más, pero BMW recalcaba que la eficiencia de aquella caja de armas se vería afectada si la sobrecargaban. Si esto no era suficiente, la marca alemana podía incorporar mirillas en las puertas para que disparar fuera más sencillo. Quizás no era el mismo coche de James Bond, pero no tenía nada que envidiarle.

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