La vida a bordo de un coche que pone una lona sobre tu cabeza es, a veces, más ruidosa y más incómoda que un modelo con un techo tradicional. A pesar de esas desventajas, siguen siendo aquella opción alegre y elegante con la que Volkswagen conquistó a los conductores de Estados Unidos entre los años 70 y los 90. Un tiempo en el que el Volkswagen Golf Cabrio se convirtió en la definición de diversión bajo el sol.
El encargado de sembrar la semilla fue la versión cabrio del Volkswagen Beetle: cuando éste fue reemplazado por la primera versión del Volkswagen Golf en 1976, la marca alemana no quiso desaprovechar la oportunidad de diseñar un compacto con esa misma configuración que no dejase de ser un modelo asequible y que, sobre todo, fuera seguro. Cuatro años después llegaba al mercado el Volkswagen Golf Cabrio. O mejor dicho: el Volkswagen Rabbit Cabrio, como se le conocía al otro lado del charco.

La seguridad como punto de partida
El Volkswagen Golf Cabrio fue el primero de su clase en estar equipado con una barra antivuelco. Formaba parte del pilar B para mejorar la protección contra los posibles vuelcos y la integridad estructural del vehículo, una característica de diseño que, rápidamente, se comparó con el asa de una canasta de picnic. Sobre ella, un techo de lona formado por cinco capas que se doblaba completamente hacia atrás convirtiendo el cielo en el límite del compacto alemán: una característica que conquistó a los conductores más jóvenes.
La historia del Volkswagen Golf: generaciones y versiones especiales
Con la llegada de la segunda generación del Volkswagen Golf en 1985, su versión cabrio recibió una actualización centrada en el exterior y, en Estados Unidos, continuó vendiéndose como un modelo independiente hasta 1993. Durante aquellos años, la marca alemana amplió su equipamiento con elevalunas eléctricos o llantas más grandes, pero el espíritu de aquella alternativa divertida y asequible nunca cambió.

La segunda generación
La segunda generación del Volkswagen Golf Cabrio llegó en 1995 con un techo eléctrico opcional que incluía una ventana trasera de vidrio y varias mejoras heredadas de la tercera generación del compacto alemán. Hasta que su producción terminó en 2002, esta versión cabrio del Golf fue la más vendida con 600.000 unidades que superaron a las 388.552 de la primera generación.
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Sin embargo, los gustos de los conductores fueron cambiando y las normas de seguridad hicieron que las versiones cabrio de los modelos compactos se convirtieran en un ‘rara avis’ de las carreteras estadounidenses. A pesar de ello, es fácil reconocer al instante la silueta de un Volkswagen Golf Cabrio (convertido ya en un clásico) cuando te cruzas con él.









