El mercado del automóvil se ha visto seriamente golpeado por los efectos de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. También por la escasez en el suministro de microchips. Y precisamente debido a la guerra, los países europeos y Estados Unidos han impuesto una serie de sanciones a Rusia, lo que está obligando a los rusos a comprar coches sin airbags y otras características.

Coches del siglo XX que se venden en Rusia completamente nuevos. Y es que tanto los clientes como los propietarios se están viendo afectados por la dificultad del país para importar repuestos. Esto ha obligad a Lada a presentar una nueva variante denominada Classic del Lada Granta. Está diseñado para utilizar únicamente piezas fabricadas localmente o por los aliados de Rusia, un coche que cuesta apenas 761.000 rublos (12.807 euros) y que carece de algunas características básicas.

Los rusos tienen que comprar coches sin airbags por las sanciones por la guerra

lada granta
Versión estándar de Landa Granta

Este estatus de clásico hace referencia a sus comodidades y no tanto a su diseño. El Granta Classic no equipa de serie características de seguridad como el sistema de antibloqueo de frenos (ABS), airbags en el lado del pasajero o incluso aire acondicionado. Está impulsado por un motor de gasolina de cuatro cilindros en línea y 1.6 litros con 90 CV de potencia. Lo más destacado de esta mecánica es que no cumple con los estándares de emisiones europeos actuales. De hecho, tan solo cumple con las normas de emisiones de 1996, a pesar de que el Granta se lanzó al mercado en 2011.

Hubo una vez que las gasolineras de Toronto se negaron a repostar los Lada rusos

Y este no será el único modelo ruso que tendrá que prescindir de características básicas como las ya mencionadas. Lada planea ofrecer versiones simplificadas de sus otros vehículos, como el Lada Niva.

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Versión estándar de Landa Granta

Los coches sin equipamiento de seguridad no es lo único a lo que se enfrentan los rusos en el mercado automotriz. Las piezas de repuesto son cada vez más difíciles de conseguir y se han encarecido hasta niveles que provocan que, en muchos casos, sea más caro el repuesto que el propio vehículo. Los concesionarios no pueden hacer nada y los tiempos de espera para recibir cualquiera de estos componentes es de varios meses.

Esta escasez también está derivando en un aumento de los robos de piezas y repuestos para su posterior venta en el mercado. Incluso las necesidades más simples, como el carburante, cuesta unas diez veces más que en 2021. Este es el alto precio que una población que, a pesar de no estar de acuerdo con la invasión en muchos casos, debe pagar como sanciones por la guerra.

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