Los años ’90 dieron como resultado coches de carreras legales para su uso en carreteras públicas. Los ejemplos más sonados son el Porsche 911 GT1 Evo y el Mercedes CLK GTR. Esto fue posible gracias a las normas FIA para la categoría GT1, donde bastaba con desarrollar una unidad de calle para homologar el vehículo para competiciones de resistencia. Otro de los que llegaron en esa época fue el Nissan R390 GT1 que, si bien es menos conocido, es tan curioso como sus homónimos alemanes.

Del R390 GT1 Nissan creó tan solo dos ejemplares, de los cuales hoy día tan solo sobrevive uno de ellos en el museo de la compañía ubicado en Japón. Presentado en 1997, este impresionante coche de carreras homologado para circular por la calle lo diseñó y construyó Nismo en tan solo 9 meses, y contó con la ayuda de dos importantes figuras en el mundo del automóvil.

Nissan R390 GT1: el coche de carreras de resistencia legal para la calle

Nissan R390 GT1

La primera de estas figuras fue la de TWR (Tom Walkinshaw Racing). El reputado fabricante británico de coches de competición tomo como base el chasis monocasco de fibra de carbono del Jaguar XJR-15, un coche de calle basado en el XJR-9 que conquistó las 24 Horas de Le Mans de 1989. Nismo, por su parte, se encargaría de seleccionar el motor y adaptarlo a las exigencias del R390 GT1.

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Sobre este chasis de fibra de carbono, Tom Southgate de TWR diseñó una carrocería también de carbono orientada en el mundo de la competición. Sin embargo, las fluidas líneas del R390 no salieron únicamente de la mente de Shouthgate. Muchas de las ideas y detalles de su estilo fueron aportados por la segunda figura clave en el proyecto, el mismísimo Ian Callum. El prestigioso diseñador británico conservó los faros delanteros del Nissan 300ZX, y creó una silueta alargada de 4,72 metros de largo y solo 1,14 metros de altura.

Nissan R390 GT1

El Nissan R390 GT1 era fácilmente reconocible como un coche de competición, aunque llamaban la atención sus intermitentes, los espejos retrovisores propios de un coche de producción o las llantas de bloqueo central con neumáticos de calle. Dentro había tapicería de cuero para revestir el salpicadero y los asientos deportivos con arneses de seguridad integrados.

El corazón de un corredor de fondo

En lo que respecta al apartado mecánico, en un principio Nismo quería emplear el motor RB26DETT de la cuarta generación del Nissan GT-R (descubre su historia). Sin embargo, el bloque de hierro era muy pesado y apostaron por la mecánica del Nissan R90C de competición. El bloque VRH35L era un motor V8 de 3.5 litros con dos turbocompresores que desarrollaba unos 650 CV de potencia dentro de la pista de carreras.

Nissan R390 GT1

Asociado al propulsor, una caja de cambios secuencial propia del mundo del automovilismo y, para mantener todo bajo control, unos frenos AP Racing y llantas en doble medida con neumáticos 295/35 de 19 pulgadas en el tren trasero. La potencia del Nissan R390 GT1 de calle era de unos 550 CV, con los que completaba el 0 a 100 km/h en 3,2 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 354 km/h.

Tan solo se construyeron dos unidades del R390 GT1. La primera, terminada en color rojo, debía pasar una simple prueba de choque frontal para obtener la homologación de calle. Sin embargo, en esta prueba el radiador delantero que debía absorber la fuerza del impacto falló y dejó tocado gravemente el chasis del coche. La unidad que sobrevivió se matriculó en el Reino Unido, tiene el volante a la derecha y en la actualidad se puede admirar en el Museo de Nissan en Japón.

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