Un nuevo pánico ha llevado a los estadounidenses a acaparar productos básicos y, esta vez, no tiene que ver con la pandemia. Ni el protagonista es el papel higiénico, sino algo mucho más delicado y potencialmente peligroso: el combustible. Tanto que el propio Gobierno norteamericano se ha visto obligado a pedir a la población que deje de guardar gasolina en bolsas de plástico.

La explicación está en el ciberataque que, hace una semana, sufrió el mayor oleoducto del país, el Colonial Pipeline, que suministra carburante a los Estados de la Costa Este, desde Nueva York hasta Houston (Texas). Tras darse cuenta, la empresa que lo opera decidió cerrarlo unos días, para evitar que los piratas tomaran represalias, como apagar o dañar el sistema. Y eso llevó a que las estaciones de servicio de la zona afectada sufrieran escasez de gasolina y diésel.

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La respuesta racional ante esto hubiera sido reducir los viajes innecesarios y usar más el transporte público o el ‘carpooling’ para ir a trabajar. Sobre todo, porque la compañía había anunciado que la incidencia estaba resuelta y que, en cuestión de días, el suministro volvería a la normalidad. Pero, en lugar de eso, los ciudadanos se han lanzado a un pánico acaparador como los que también hemos conocido en España ante eventos recientes como el primer Estado de Alarma o la tormenta Filomena. Los consumidores acudían a las gasolineras con todo tipo de recipientes, homologados o no, para almacenar el (ahora aún más) precioso líquido.

Y, en esas circunstancias, ha reaparecido un vídeo viral de 2019 de una mujer llenando sus bolsas de la compra con carburante. Aunque en la propia grabación quedan patentes los problemas de esta práctica (la gasolina es muy pesada, por lo que la primera bolsa se rompe, derramando su contenido por el suelo), muchos conductores lo han probado de todas formas en los últimos días. Lo que ha provocado que la Comisión de Seguridad del Consumidor del gobierno estadounidense advirtiese por Twitter de los peligros de hacer algo así.

El mensaje era bastante directo: “No llenes con gasolina tus bolsas de plástico”. En un hilo relacionado, la Administración también urgía a los automovilistas a usar sólo latas homologadas y a no verter combustible cerca de llamas vivas. Y es que, aunque parezca obvio, el plástico de las bolsas de la compra no es un buen contenedor para líquidos inflamables. Aparte de que se rasgan con facilidad y que dejan escapar los gases que emiten los hidrocarburos, sus propios fabricantes advierten de que pueden generar pequeñas chispas en determinadas circunstancias.

Algo que puede resultar fatal si se mezcla con gasolina y con el acaparamiento dentro de casa. Parece otro capítulo del clásico y delirante género ‘only in America’… aunque no está mal recordarlo también en España.

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