El Porsche 959 es uno de los superdeportivos más impresionantes que se han creado jamás. Un prodigio de la innovación que consiguió algún que otro hito. Pero más allá de lo obvio en un modelo de estas características, hoy vamos a enumerar algunas de las más sorprendentes curiosidades del Porsche 959. Aspectos que suelen pasar desapercibido al hablar de este alemán pero que han sido importantes en su historia y en su desarrollo:

Solo había una unidad de pruebas

curiosidades del Porsche 959

Generalmente, las marcas cuentan con muchas unidades de prueba de cada modelo. Pero de este modelo tan solo había una. Además, cualquier medio que quisiera probarlo tenía que viajar hasta Weissach, en Alemania, y hacerlo bajo la atenta mirada de un ingeniero de la marca.

Una tirada muy reducida

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Con el tiempo, el Porsche 959 se ha convertido en un modelo de coleccionista. No era difícil verlo desde un principio, ya que la firma de Stuttgart tan solo fabricó unos pocos cientos de ejemplares para todo el mundo.

Costaba (y cuesta) un pastón

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Una de las mayores curiosidades del Porsche 959 era su precio. Costaba 40 millones de pesetas nuevo, que al cambio actual vienen a ser unos 240.000 euros. No se lo podía permitir todo el mundo. Sin embargo, cualquiera que lo comprase para especular con él a día de hoy podría obtener muchísimo más dinero de su venta.

Basado en el 911... pero diferente

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El 959 estaba basado en el 'nueveonce'. Aun así, no solo la historia del Porsche 911 era muy diferente a la de este, sino que también había diferencias palpables. Para empezar, tenía tracción a las cuatro ruedas. Además, la instrumentación era diferente y el 959 con refrigeración mixta, por agua y por aire.

Unas llantas muy curiosas

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De entre todas las curiosidades del Porsche 959, sus llantas eran de lo que más llamaba la atención. Los radios eran huecos y compartían flujo de aire con los neumáticos. De esta forma, si sufrían alguna fisura era fácil detectarla de manera inmediata a través del cuadro de instrumentación.

¿Un pinchazo? No importa

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Además, si sufría un pinchazo la rueda no se cambiaba inmediatamente por dos razones. La primera es que no llevaba rueda de repuesto, y la segunda es por el sistema Denloc de Dunlop. Mantenía los flancos del neumáticos lo suficientemente duros para rodar a baja velocidad hasta que se pudiera sustituir el neumático.

Unas nuevas esferas

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En el cuadro de instrumentación había dos relojes de lo más inusual. Se encargaban de dos tareas poco convencionales. Uno indicaba en qué porcentaje estaba bloqueado el diferencial trasero, mientras que el otro chivaba cuánta potencia iba dirigida al tren delantero y cuánta al trasero.

La aerodinámica, clave

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Una de las curiosidades del Porsche 959 que le hacían más especial era su aerodinámica. Y para muestra un botón: los bajos del vehículo estaban completamente carenados con el fin de recrear el 'efecto suelo' que tanto se da en competición para que el coche vaya lo más pegado al asfalto que se pueda.

¡La carrocería se levanta!

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En un coche tan extremadamente bajo y deportivo, suele pasar que a veces los bajos dan contra bordillos o badenes. Para no dañar la carrocería, el Porsche 959 cuenta con unos amortiguadores capaces de levantar la carrocería unos cuantos cm con el fin de no dañarla con objetos susceptibles de ello.

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