No siempre llueve a gusto de todos, que suele decirse. Las estrategias de marketing de los fabricantes de automóviles siempre les llevan a crear una serie de coches controvertidos. Modelos que se adaptan a las circunstancias del momento en cuestión, pero que no son aceptados por todo el mundo. Mucho menos por los fans de la marca que lo lance. Y estos son varios ejemplos muy claros:

Porsche Cayenne

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Que una marca dedicada históricamente a fabricar superdeportivos se hubiese atrevido como un SUV como el (prueba) Porsche Cayenne no caló. Fue uno de los primeros fabricantes de este tipo en atreverse con algo así, y le cayeron muchos palos por ello. Ahora bien, el tiempo le ha acabado dando la razón: rara es la marca que no tiene ahora un SUV en su catálogo.

BMW Serie 4

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Lo que convierte al nuevo Serie 4 en uno de los coches controvertidos susceptibles de entrar en esta lista no es el modelo en sí, sino su parrilla. BMW se la ha jugado mucho con una calandra que, según ellos, evoca a su historia. Sin embargo, el cambio con respecto a las generaciones anteriores es muy grande y a mucha gente su estética no le ha agradado demasiado.

Ford Mustang Mach-E

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El hecho de que Ford haya decidido ponerle el sobrenombre de Mustang a un SUV con un sistema de propulsión completamente eléctrico tampoco ha acabado de convencer a los más puristas, por mucho apellido Mach-E que tenga. En cualquier caso, su imagen es rompedora y solo el paso del tiempo le pondrá en su sitio en lo relativo a su consideración popular.

PRUEBA: Ford Mustang Mach-E

Skoda Octavia

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La Skoda que conocemos hoy en día poco tiene que ver con la de principios de la década de los '90. Por eso, cuando el fabricante checo se atrevió a lanzar el Octavia de primera generación como un vehículo generalista supuso una ruptura con el pasado. El cambio de imagen más importante en la historia de la firma que ahora pertenece al Grupo Volkswagen. Fue un éxito rotundo.

Mini

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El Mini original fue un mito, y lo sigue siendo a día de hoy. Por eso hubo tanta controversia cuando el Grupo BMW se atrevió a lanzar esta versión modernizada a principios de la década de los años 2000. Aun así, ha acabado siendo un coche divertido de conducir, además de rápido, seguro, cómodo y equipado. Un acierto visto con la perspectiva que dan los años.

Tesla Model S

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La idea de Tesla de usar la electricidad para impulsar un coche fue vista como algo de 'raritos' cuando llegó el primer Model S. Algunos fabricantes tradicionales lo habían intentado antes sin éxito. Sin embargo, esta berlina 100% eléctrica contaba con una autonomía y una usabilidad sin precedentes, así como con un diseño muy elegante y unas prestaciones de infarto. Un buen cóctel.

Volkswagen Golf R32 DSG

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Antes de que Volkswagen lanzase su revolucionaria transmisión DSG de doble embrague, 'automático' era una palabra sucia entre aquellos a los que nos gusta conducir. Por eso el Golf R32 DSG es uno de los coches controvertidos a destacar. Convenció rápido gracias a su rapidez en el cambio de relaciones y su bajo consumo de combustible. Ahora ya no da vergüenza comprar un coche automático si te gusta manejar el cambio, y mucho menos si incluye levas.

Audi R8 TDI

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¿Un superdeportivo diésel? Sí así era el Audi R8 TDI Le Mans Concept. En plena fiebre de este tipo de motorizaciones Audi presentó un prototipo del R8 con una mecánica de gasóleo. Un bloque V12 de 6,0 litros creado para Le Mans que erogaba 500 CV de potencia y 1.000 Nm de par motor máximo. Al final no llegó a producción, pero lo que parecía una idea loca en un principio casi acaba convirtiéndose en realidad.

Aston Martin Cygnet

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Por último, el Cygnet. ¿Quién demonios iba a imaginarse que Aston Martin podía construir un utilitario? Tan solo estuvo dos años en producción y se acabaron matriculando 150 ejemplares. Algo normal si tenemos en cuenta que, al fin y al cabo, no era más que un Toyota iQ con la parrilla frontal de la marca británica. Costaba más de 30.000 euros.

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