El mundo de la competición ha elevado al Olimpo a multitud de coches, pero también ha dejado relativamente en el olvido a otros modelos que también dominaron con puño de hierro. ¿El motivo? Seguramente participar en un campeonato que no tuviera tanto calado como otras competiciones con más fama, como le ocurrió al Citroën Xantia 4×4 Turbo.

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A principios de los 90 la marca francesa competía en el rallycross europeo con un BX 4×4 a cuyo volante se sentaba Jean-Luc Pailler. Establecida la relación, ambas partes se pusieron manos a la obra para crear una nueva máquina que debutase en 1993. Por sus buenas características (muy buena suspensión y comportamiento, mejor nota en el test de alce), se optó por Xantia como modelo base, y el resultado fue el Citroën Xantia 4×4 Turbo.

Lo más vistosos quizá resulte su carrocería ensanchada, las visibles entradas de aire o el para nada discreto alerón trasero; pero lo que realmente importa se encontraba en el interior. Y no nos referimos a un habitáculo “pelado” desprovisto de cualquier elemento de confort prescindible (algo lógico para ahorrar peso), sino de sus entrañas mecánicas.

Citroën Xantia 4x4 Turbo

Y es que sufrió un trasplante del viejo BX 4×4 turbo, lo que supuso la instalación de un más que eficaz sistema de tracción integral y un salvaje motor 1.9 turbo 16 válvulas de cuatro cilindros que arrojaba la nada desdeñable cifra de 550 CV de potencia. Sobre el papel el deportivo prometía, y en la realidad cumplió como quizá no muchos se esperaban.

En 1993, el año de su debut, Pailler ya se hizo con el Campeonato de Europa, al que sumó también el de Francia. La cosa no quedó ahí, ya que repitió en 1994 y volvió a coronarse en el 95. Desde entonces no volvió a ser campeón, aunque si que consiguió diversas victorias hasta que dejó de competir en el año 2000.

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Durante todo ese tiempo recibió continuas mejoras, aunque las más importantes se concentraron en 1996. Por una lado se siguió embruteciendo su imagen, y por otro se revisó el apartado mecánico: el motor pasó a ser un 2.0, la suspensión recibió cambios importantes y se rebajó el peso del conjunto 50 kilos para dejar la cifra final en 1.035 kilos, mediante la supresión de diversos elementos.

Para el final de su vida el Citroën Xantia 4×4 Turbo era una máquina con un corazón 2.0 de 700 CV que, a través de las cuatro ruedas, le lanzaba de 0 a 100 kilómetros en solo 2,5 segundos, y hasta los 160 km/h en apenas 6,0.

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