El protagonista de esta prueba, el Opel Kadett GSi, es uno de esos compactos deportivos que los aficionados al motor echamos tanto de menos hoy en día. Un modelo que, además de marcar una época, llega con la carga histórica de una saga que cumple ya noventa años desde que Opel utilizó por primera vez la denominación Kadett en 1936.
Tras la guerra y la reconstrucción europea, la gama no regresaría hasta 1962, evolucionando después con los Kadett B, del que te dejo la prueba, C y D, este último ya con tracción delantera. En 1984, un poco a remolque de Volkswagen, aparece el Kadett E, un salto radical en diseño, aerodinámica y planteamiento que le valió convertirse en Coche del Año en 1985 frente a rivales de peso como el Renault 25 o el Lancia Thema.
El diseño del Kadett E supuso una ruptura total con su predecesor. Sus líneas redondeadas y su obsesión por la aerodinámica le permitieron presumir de un coeficiente de solo 0,30, el mejor de su categoría, un hito que no es nada fácil para un coche de 3,99 metros de longitud.

La silueta lateral, muy fluida, se beneficiaba del enrasado de los tiradores y los cristales, una solución que incluso Audi copiaría después en su particular guerra por ver quién lograba los cristales mejores enrasados del mercado. De hecho, Audi patentó una forma de subir y bajar las ventanillas en 1982. También en este GSI, el alerón, no generaba carga aerodinámica, sino que mejoraba esa resistencia.
Opel no recurrió a ningún estudio externo como Bertone o algún otro nombre rimbombante: fue un diseño propio, moderno y muy bien resuelto que ha envejecido muy bien. En las versiones GSi, el frontal ganaba presencia con paragolpes integrales, más envolventes y aerodinámicos que las versiones base, y detalles tan avanzados para la época como el logo de Opel 'tatuado' en la carrocería en lugar de la clásica insignia en relieve. Adoptaba branquias en el capó, llantas específicas y molduras y vinilos negros que daban continuidad visual al lateral y anchura a su zaga elevada.
El Opel Kadett GSi con cuatro pedales que se probó en los rallyes
Asimismo, los pilotos con franjas negras que le dan un aspecto ahumado y la presencia de dos luces de marcha atrás (exclusivas del GSi y por lo que obligaba a instalar la luz antiniebla en la zona inferior del paragolpes) completaban un conjunto que, con el paso del tiempo, ha envejecido sorprendentemente bien. Tanto, que más de diez años después BMW copiaría su tres cuartos en el Serie 3 Compact. Y por último, el escape ovalado en el caso del 8V y dable en el del 16V.
La aerodinámica no era solo estética: convertía al Kadett GSi en el más rápido de su categoría. Alcanzaba 208 km/h, una cifra muy superior a la del Golf GTI, que ni siquiera llegaba a 190. Solo el Peugeot 309 GTI se acercaba a los 202, 203 km/h. Además, el Opel Kadett mantenía consumos razonables siempre que el conductor no se dejase llevar por el entusiasmo.
A pesar de su planteamiento deportivo, el Kadett GSi seguía siendo un coche muy práctico. El maletero era enorme y el portón dejaba un acceso amplísimo, algo que lo hacía mucho más utilizable en el día a día que otros compactos deportivos de la época.
Donde el Kadett destronaba al Golf era en la mecánica. Los primeros GSi montaban un 1.8 de 115 CV, pero la unidad probada equipa el 2.0 de 130 CV, un motor moderno, con inyección Bosch L‑Electronic y un funcionamiento mucho más fino y fiable que las mecánicas de Volkswagen. En los años 80, sacar 130 CV de un atmosféricorico con solo dos válvulas por cilindro era un logro notable. Solo el Peugeot 309 GTI igualaba esa cifra. Por cierto, las versiones 16 válvulas del GSi llegaban a 160 CV, y en Sudáfrica existió incluso un Opel Kadett Superboss de 170 CV, cuando el GTI no pasó de 140.
En el interior, esta unidad corresponde a un fase 2, ya desde 1990, con paneles de puerta más vistosos y tapicerías alegres. La postura de conducción es buena, aunque se echa en falta un volante regulable en altura y profundidad. Por su parte, los asientos tipo Recaro sujetan muy bien el cuerpo y el salpicadero, orientado hacia el conductor, ofrece una ergonomía excelente.
Sobre la consola se encuentran testigos de niveles, desgaste de pastillas o bombillas fundidas, algo muy completo para la época. El cuadro digital, heredado de modelos como el Senator u Omega, muestra presión de aceite, voltaje, temperatura, combustible y hasta la curva de potencia.
Al ponerse en marcha, el Kadett GSi demuestra por qué fue tan querido. La dirección, sin asistencia, no resulta excesivamente dura si las presiones de los neumáticos están correctas. El coche es muy ligero —no llega a 900 kg— y eso se nota en todo: en cómo acelera, en cómo cambia de apoyo y en cómo transmite sensaciones. Se criticaba su falta de rigidez estructural, algo que se podía mejorar con refuerzos en las copelas o en los soportes de la cremallera, pero también es cierto que parte de esa fama venía de que el Kadett llegaba a las curvas más rápido que sus rivales. Y es que cuando vas más rápido, todo parece más delicado.
La caja de cambios tiene un tacto agradable, aunque la segunda marcha entra con cierta resistencia en esta unidad. El motor es el gran protagonista: empuja con fuerza desde 1.500 rpm y se siente lleno entre 3.000 y 4.000, donde ofrece lo mejor de sí. Su sonido, su respuesta y su empuje son claramente superiores a los del Golf de la época.
La suspensión trasera puede resultar algo seca y los frenos, con tambores detrás, no tienen tan buena respuesta como los de disco del 16 válvulas, pero cumplen. Lo que sorprende es la ausencia de grillos en el interior, incluso circulando por asfalto roto, algo que desmiente la supuesta superioridad de calidad del Golf frente al Kadett.
Esta unidad está en un estado excepcional, algo muy difícil de encontrar hoy en día, ya que muchos Kadett fueron maltratados, tuneados sin piedad o simplemente abandonados. Por eso, como coche de colección, el Kadett GSi es una opción muy interesante: divertido, ligero, con un diseño que ha envejecido muy bien y un motor que es una auténtica delicia. Eso sí, siempre es mejor pagar más por una unidad original y bien conservada que intentar rescatar una destrozada.

En cuanto a lo que más gusta del coche, su propietario destaca las sensaciones de conducción -tiene un (prueba) Hyundai i30 N y aun así disfruta más del Kadett en términos de diversión pura-, el diseño que ha envejecido de maravilla y, por supuesto, el motor. Lo que menos le convence son los consumos, las incomodidades propias de un coche de su edad -como la ausencia de aire acondicionado o dirección asistida- y el precio elevado de algunos recambios exclusivos del GSi.
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| Ficha técnica del Opel Kadett GSi 2.0 8 válvulas (fase 2) | ||
| Motor | Cilindrada | 1.998 cc (86,0 x 86,0 mm) |
| Cilindros Disposición |
Delantero transversal de cuatro cilindros en línea. Bloque en hierro y culata de aleación ligera. 2 válvulas por cilindro con árbol de levas en culata (SOHC). |
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| Potencia máxima | 130 CV a 5.600 rpm | |
| Par máximo | 196 Nm a 4.800 rpm | |
| Alimentación | Tipo | Inyección electrónica Bosch Motronic |
| Transmisión | Caja de Cambios | Manual de 5 marchas |
| Tracción | Delantera | |
| Suspensión | Delantera | Independiente tipo McPherson, muelles helicoidales y barra estabilizadora |
| Trasera | Semindependiente con brazos tirados, muelles helicoidales y barra de torsión |
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| Frenos | Delanteros | Discos ventilados |
| Traseros | Tambores | |
| Dimensiones | Longitud | 3.998 mm |
| Anchura | 1.666 mm | |
| Altura | 1.390 mm aprox. | |
| Distancia entre ejes | 2.520 mm | |
| Depósito | Capacidad | 52 litros |
| Peso | Peso | 1.000-1.050 kg |
| Prestaciones | Velocidad máxima | 205 km/h |
| Aceleración 0-100 Km/h | 8,5 s | |
| Consumo | Medio | 8,5-9,0 l/100 km |
| Ciudad | N.D. | |
| Carretera | N.D. | |
| Producción | Unidades / Años | Aproximadamente 190.000 y 250.000 1984-1991 |
| Precio | Precio en la época | De 2.000.000 a 2.184.000 de pesetas. |











