A lo largo del siglo XX, varios coches han servido para motorizar un país. En Alemania fue el Volkswagen Beetle (esta es su historia) o Escarabajo, en Francia el Citroën 2CV (esta es su historia)… Y en España fue el Seat 600, un coche que llegó a nuestro país en 1957, pero el modelo original de Fiat se lanzó dos años antes en Italia. Ahora, el Fiat 600 cumple 70 años y la compañía italiana ha preparado una serie de eventos para celebrarlo. Nosotros también queremos hacer nuestro particular y humilde homenaje a este utilitario polivalente y cosmopolita que impulsó la motorización en muchos países, entre ellos, España.
Para comprender la creación del Fiat 600 hay que trasladarse a los años 50, a aquella Europa de posguerra en la que el eco de las bombas de la Segunda Guerra Mundial ya se escuchaba menos. Había que ofrecer vehículos prácticos, ligeros, polivalentes y económicos, tanto en la fabricación como en la compra con mecánicas fiables y fáciles de mantener.
El nacimiento del Fiat 600, un coche pequeño, económico y polivalente

Con estas premisas, el ingeniero Dante Giacosa reflexionó y trabajó para hallar la cuadratura del círculo y, finalmente, la encontró en una carrocería monocasco redondeada y una estructura mecánica en la que todos los componentes fundamentales como el motor, la caja de cambios y la transmisión, se situaban en la parte trasera del vehículo, para reducir costes y aumentar el espacio interior de un automóvil tan compacto.
El resultado fue el Fiat 600, un vehículo pequeño, de apenas 3,21 metros de longitud, 1,38 metros de ancho y 1,40 metros de alto, con una distancia entre ejes de 2 metros. Declaraba un peso de 600 kg, lo mismo que un toro de Las Ventas. Son unas cifras que hoy nos parecen ridículas, sobre todo, cuando vemos utilitarios eléctricos que rondan los 1.500 kg.
El 600 presentaba un diseño innovador, con un frontal redondeado muy característico y una zaga en la que el portón del motor estaba salpicado de estrías verticales para asegurar una óptima ventilación. En las ventanillas, se optó por unos cristales corredizos que ofrecían una alternativa asequible a los elevalunas de manivela. Con todos estos elementos, el Fiat 600 era un automóvil con prestaciones pensadas para la ciudad, pero con capacidades destacadas para enfrentarse a la carretera, en una época en la que todavía no eran habituales las autovías, aunque en Italia ya existían algunas.

En el interior, se apostó por colocar asientos cómodos y desmontables, que podían sacarse del habitáculo para disfrutar de una buena comida campestre. El volante de baquelita y el velocímetro central eran rasgos característicos del puesto de conducción original. En cuanto a la habitabilidad, había espacio reservado para el equipaje bajo el asiento del acompañante y, por supuesto, bajo el capó, donde estaba ubicado el maletero.
En general, el 600 representaba un concepto revolucionario que se movía mediante un motor de cuatro cilindros y 633 centímetros cúbicos que desarrollaba 21 CV y refrigerado por agua, asociado a una caja de cambios manual de cuatro relaciones. Era una potencia suficiente para alcanzar una velocidad máxima de 95 km/h aunque, con el tiempo, iría mejorando sus prestaciones. Además, tenía suspensión independiente en las cuatro ruedas, lo que le permitía asegurar el máximo confort.
El 600 Multipla

Durante toda su andadura comercial, el Fiat 600 fue un automóvil camaleónico, capaz de adaptarse a las necesidades de todo tipo de clientes, como demuestran sus versiones carrozadas como vehículo comercial o su silueta descapotable, el 600 D. Sin embargo, su variante más osada fue el 600 Multipla, fabricado entre 1955 y 1960.
Fue una propuesta totalmente revolucionaria, con un frontal mucho más alto de lo normal y una arquitectura interior innovadora, que le permitía acoger cómodamente a seis personas en unas dimensiones más que compactas. Su configuración situaba a dos pasajeros delante, dos en una fila central y otros dos en dos transportines traseros. El maletero plano y los asientos abatibles convertían a este vehículo en una original tienda de campaña.
Casi 5 millones de unidades producidas

Cuando el Fiat 600 salió al mercado en Italia, tenía un precio de 590.000 liras, unas 50.700 pesetas al cambio y a poco más de 300 euros. Teniendo en cuenta la evolución del IPC, equivaldría hoy a algo más de 20.000 euros.
El 600 se concibió como vehículo práctico y económico para transportar a cuatro pasajero, con un rendimiento satisfactorio y fiable. Sin embargo, no fue el coche que impulsó la movilidad en su país natal. Dos años después, Fiat lanzó el 500, aún más básico, pequeño y barato, un coche que se ajustaba mejor a las necesidades de aquella sociedad italiana.
Donde sí tuvo mejor acogida fue fuera de Italia. Gracias a licencias y acuerdos industriales, marcó un antes y un después en países como España, con el Seat 600, o la antigua Yugoslavia, donde se le conoció como Zastava 750. Desde hace siete décadas, el Fiat 600 se ha labrado un puesto destacado en la historia del automóvil y en la vida de millones de conductores y familias para las que supuso su primer acceso a la movilidad. En total, se produjeron 4.939.642 de unidades de este modelo bajo la marca Fiat en Italia, en Chile y en Argentina, donde se estuvo fabricando hasta 1982.













