España es un país prolífico en inventores que han alumbrado creaciones capaces de cambiar el mundo: desde el submarino hasta el traje de astronauta pasando por la calculadora, el Chupa-Chups o el futbolín. Aunque el espectro es amplio, nosotros queremos poner el foco en el mundo del motor repasando estos siete inventos españoles que pudieron (o pueden) cambiar el automóvil.

Motor de agua

En los años 70, Arturo Estévez Varela dio forma a un motor de agua. Un sistema que, según explica ABC, se basaba en un generador de hidrógeno. A partir de una mezcla compuesta por  dos litros y medio de agua y un kilo de un aditivo (que el creador nunca desveló) conseguía generar tres metros cúbicos de hidrógeno con los que, por ejemplo, impulsaba una motocicleta.

A pesar de su amplia trayectoria como inventor, el motor de agua no tuvo el éxito que Estévez Varela presagiaba: las dudas en torno a su funcionamiento jugaron en su contra. Tiempo después se supo que la clave de todo era reaccionar agua con boro para producir hidrógeno. El problema es que el precio de ese elemento químico era (y es) superior al del petróleo. Por esta razón, quizás, el motor de agua no triunfó.

Motor de 35 kilos

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Innengine es un motor de combustión interna que pesa 35 kilos y detrás de él está Juan Garrido. Este bloque, refrigerado por agua, carece del 75% de las piezas que componen un propulsor convencional: no tiene ni bielas ni cigüeñal.

¿Cómo funciona? Según explica su autor en El Español, sus cuatro cilindros tienen pistones enfrentados que chocan en el interior produciendo la energía necesaria para impulsar un vehículo. Tiene una cilindrada de 500 centímetros cúbicos que puede generar la potencia de un motor atmosférico de dos litros: a máximo rendimiento entrega una fuerza de 115 caballos… con 35 kilos de peso.

Faros inteligentes

Otro de los sistemas que llevan firma española son los faros inteligentes traseros de Juan Pedro Navarro. Una herramienta con la que pretende mejorar la seguridad vial de nuestras carreteras. ¿Cómo? Permitiendo que esos grupos ópticos ‘hablen’, es decir, emitan diferentes códigos lumínicos para contar al resto de usuarios cuál es la intención del conductor.

Así las cosas, informan de la intensidad con la que se está accionando el freno para evitar accidentes y de la dirección del vehículo cuando circula marcha atrás a la hora de aparcar. En este caso, las luces inteligentes obran de la siguiente manera: una se queda fija y la otra sigue en movimiento para indicar a conductores y peatones hacia dónde va a ir el coche.

Intelligent Safety Belt

Tras la última campaña realizada, la DGT ha desvelado que el 23% de las personas que han perdido la vida en un accidente no llevaban cinturón de seguridad. Algo que se podría evitar con el invento de Pedro Peramos, que ha ideado un sistema que impide arrancar el coche si el conductor no se ha abrochado este sistema de seguridad.

Al subirse en el vehículo, una pantalla muestra el recordatorio: “Abróchese el cinturón para empezar”. Una vez hecho podrá iniciar la marcha y durante ésta no se lo podrá quitar: esta acción sólo es posible con el coche completamente inmovilizado. ¿Y si se lo tiene que quitar por una emergencia? Para ello existe un botón de pánico o la posibilidad de introducir la llave en un departamento; eso sí, ambas acciones tienen un límite.

Luces azules en las rotondas

Leonardo Azcona gestó una idea para mejorar la seguridad en las rotondas durante cuarenta años, pero el trabajo le impidió llevarla a cabo. Cuando contó con tiempo para ello creó un bordillo de hormigón armado que mide un metro de largo: en su interior hay un hueco de 43 centímetros en el que se instalan una serie de luces led que se iluminan con hasta 20 colores diferentes. Están cubiertas de policarbonato para mejorar su resistencia y que los vehículos puedan pasar por encima sin romperlas.

Bordillos BIR
Fuente: Bordillos BIR

Un invento que se ha industrializado: ahora lo hacen en una fábrica especializada y cada unidad cuesta 140 euros. Y teniendo en cuenta que no es necesario llevar a cabo una gran obra para instalarlas ya que sólo hay que pegarlos en la acera ya existente, algunos municipios como Torrelodones (donde Leonardo vive) y Humanes ya cuentan con ellas.

El primer coche eléctrico español

Francisco Domínguez-Adame Romero tiene el honor de ser el creador del primer coche eléctrico español. Corría el año 1946 cuando este ingeniero buscó la forma de regatear las medidas impuestas después de  la Guerra Civil como, por ejemplo, circular sólo determinados días en función de la matrícula.

primer coche electrico español
Fuente: Autobild

Para ello diseñó un coche eléctrico y, con la colaboración de su familia, le dieron forma en cinco meses. Un par de motores eléctricos artesanales y una batería eran los encargados de mover el coche, que presumía de una autonomía de 80 kilómetros y alcanzaba velocidades que oscilaban entre los 40 y 50 km/h… dependiendo del número de personas que iban en su interior: su capacidad máxima era de cinco personas (tres delante y dos detrás). Años después se transformó en un coche híbrido antes de que la familia lo vendiera para comprar un Seat 600.

El coche aéreo

Spanish Aerocar
Fuente: Niagara Parks

Leonardo Torres Quevedo era matemático e ingeniero de caminos. Una formación que le sirvió para encontrar la manera de salvar un desnivel de cuarenta metros: inventó el primer coche volador… también conocido como teleférico. Con su invento consiguió el nivel de seguridad suficiente para transportar personas y no cosas únicamente. El más famoso de todos los que concibió se encuentra entre Canadá y Estados Unidos: Leonardo firmó el Spanish Aerocar, el teleférico de las cataratas del Niágara que se inauguró en 1916.

Cinco inventos bastante estúpidos para el coche

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