El ser humano se acostumbra a todo muy rápido. Es precisamente por eso que nos cuesta acordarnos de cuando no era obligatorio llevar cinturón de seguridad (ni hablemos directamente de cuando en las plazas traseras no había) o de lo que costaba mover el coche sin dirección asistida, entre otras cosas. Es algo que también podemos aplicar al mundo de la competición, ahora tecnológicamente puntero, pero con unos orígenes muy humildes. Echemos hoy la vista atrás para recordar cómo era, por ejemplo, el GP de Mónaco en 1931.

La historia del Porsche 917K matriculado en Mónaco

Este material en vídeo es realmente raro y, además, bastante revelador sobre cuáles eran las condiciones de carrera por aquel entonces, evidenciando el paso de gigante que se ha dado:

Lógicamente hablamos de bólidos muy distintos a los de ahora, sin prácticamente tecnología y en los que eran todavía más importantes (si cabe) las manos que tuviera el piloto. Hablando de ellos, fue el conocido Luis Chiron (a quien debe su nombre el Bugatti), quien se hizo con la victoria en el gran premio, dejando la victoria en casa, puesto que era oriunda de Mónaco.

Así suena un Ferrari F40 por las calles de Mónaco

Pero, pese al salto que han experimentado los coches, lo que llama la atención poderosamente es cómo ha cambiado tanto el trazado como todo lo que le rodea. Es fácil reconocer algunas de sus curvas más icónicas, así como puntos destacados como el túnel, pero por aquel entonces las medidas de seguridad eran inexistentes, una salida de pista podía ser fatal ya que significaba empotrarse contra un muro… cuando no directamente despeñarse por un acantilado y acabar en el fondo del mar, como se puede ver cerca del segundo 50 del vídeo.

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