No nos cansamos de repetir que los coches japoneses son casi infinitamente fiables. Pero la última prueba ideada (o, en este caso, improvisada) por los chicos del canal de YouTube ruso Garage 54 lleva la resistencia de un propulsor nipón al límite. La premisa es simple: ¿arrancará un motor de Toyota después de pasar un año enterrado? ¿Tú qué crees?

El hecho es que el experimento (uno más ‘de los productores’ del neumático a 620 km/h o la Coca-Cola en vez de gasolina) surgió casi por casualidad. En un vídeo anterior, los siberianos habían extraído el motor diésel turboalimentado de una furgoneta Toyota TownAce, y lo habían enterrado en un hoyo para ver si funcionaba allá adentro. Después de comprobarlo, se habían olvidado literalmente de él, dejando los cables al aire. Doce meses después, un fan les recordó aquello, y corrieron a ver si seguía funcionando.

La respuesta así, sin más mantenimiento es que… no. Ni mientras aún estaba bajo tierra ni al excavarlo consiguieron hacerlo arrancar. Hay que pensar que este bloque 2C-T pasó más de 365 días cubierto de tierra, y encima en el riguroso clima ruso; con agua, con hielo, con nevadas. Quizá si hubiera estado en un ambiente desértico…

El caso es que, sin darse por vencidos, los chicos del taller le dan algo de ‘cariño’. Limpian desde luego todo el barro acumulado, drenan el agua que había entrado en los cilindros, cambian el aceite y, para su nuevo test, emplean espray de éter, también conocido como de autoarranque. Tras unas cuantas intentonas, y después de pensar que quizá el motor de arranque estuviera dañado sin remedio… el motor de Toyota, después de pasar un año enterrado, vuelve a la vida finalmente, entre una nube de gases de escape.

Eso sí, según se cuenta en el vídeo, el turbo estaba completamente inutilizado, pues la turbina ni siquiera giraba al accionarla con los dedos. Así que ya sabes qué propulsor enterrar en tu jardín en previsión del apocalipsis zombi. Un atmosférico.

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