Hay algunos fabricantes cuyo nombre no nos cuadraría en la Fórmula 1. Pero, reconozcámoslo, eso es simplemente porque no se han dado las circunstancias. A todo se acostumbra uno, y si lleváramos 17 años escuchándolas asociadas al Gran Circo, lo más probable es que lo viéramos perfectamente natural. Todo esto viene a cuenta de una historia hasta ahora prácticamente desconocida, y que suena bastante extraña. La de cómo smart estuvo a punto de entrar en la Fórmula 1 al inicio de los 2000. Un movimiento que se frustró por culpa de Ford.

La cuenta un reciente vídeo (abajo, en inglés) publicado por The Race, un canal de YouTube especializado en los deportes de motor. Y empieza con la complicada relación que tuvieron la escudería Jordan y su proveedor de motores a principios de siglo, Honda. Al separarse en 2003 con muy poco margen de tiempo para buscar sucesor a los japoneses, el equipo de los monoplazas amarillos tuvo que conformarse con los propulsores Ford Cosworth, como solución a corto plazo.

Pero, según se explica en el vídeo, Eddie Jordan empezó a pensar enseguida en un mejor arreglo a futuro. Y así fue como empezaron las conversaciones con Mercedes. Fue, al parecer, el mismo fin de semana en que se dio aquella curiosa imagen de McLaren y Kimi Räikkönen entregando en Imola los trofeos del Gran Premio de Brasil a Jordan y Giancarlo Fisichella.

El fabricante alemán ya por aquel entonces proporcionaba motores a la propia McLaren, así que no le interesaba usar su nombre. Aunque sí estaba abierta a promocionar su marca de coches urbanos, que aun era relativamente nueva. Y de esa forma nació la posibilidad de que Jordan compitiera con bloques de Mercedes, pero bajo el nombre smart.

historia smart

Las negociaciones estaban tan avanzadas que, según el propio Eddie, incluían la contratación del piloto de pruebas de McLaren en esos años, Gary Paffett (que nunca llegó a competir en F1, pero que después ganó dos títulos de DTM). Sin embargo, la operación finalmente se frustró por la acción de Ford. Los americanos adujeron que el contrato abarcaba también la temporada 2004, cosa que Jordan negaba.

Pero, dada la tensión política que se vivía en esos momentos entre la Fórmula 1, la FIA y los fabricantes, fue Mercedes quien se retiró del preacuerdo para no molestar a Ford. Eso sí, lo peor es que, apenas un año más tarde, esta última se marchó del campeonato. Y, si debemos creer a Eddie Jordan, les avisaron de ello solo 7 minutos antes de anunciarlo a la prensa.

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Aunque la escudería cerró rápidamente un contrato con Toyota para que los japoneses fuesen sus nuevos proveedores de motores, todo esto tuvo un impacto. Y acabó convenciéndoles de que no podrían competir contra los grandes grupos automovilísticos. Motivo por el que Eddie finalmente vendió el equipo al grupo Midland en 2005.

De no haber salido todo así, ¿quién sabe qué hubiera sucedido con smart y Jordan? Tal vez la asociación con la Fórmula 1 hubiera cambiado radicalmente la imagen que tenemos de este fabricante de coches pequeños que hoy ha terminado engullido por el gigante asiático Geely. O puede que la experiencia hubiera tenido la misma (escasa) influencia que ha supuesto para los destinos de otras marcas, como Caterham o Jaguar.

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