A mediados de los 70, la industria del automóvil tiritaba, como consecuencia de la crisis del petróleo, cuyos efectos todavía perdurarían hasta los primeros años 80. En esa época, Saab, la mítica y querida marca sueca desaparecida del mapa, solo contaba con tres modelos en su gama, el 99, el 95 y el 96, todos ya pasados de rosca. Así que necesitaba un modelo nuevo para impulsar las ventas y ese fue el Saab-Lancia 600.

Renovar una gama de modelos no es fácil, requiere de una gran inversión, costes elevados que no cualquier fabricante puede afrontar en solitario. Ese era el caso de la marca sueca que, por otra parte, ya estaba trabajando en un nuevo modelo con el que entrar en un segmento de coches más grande, el futuro Saab 9000.

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Esto llevó a los nórdicos a tocar la puerta de Lancia, que ya pertenecía al grupo FIAT desde 1971. Había buenas relaciones entre ambos fabricantes, no en vano ya habían colaborado en 1976, con la entrada del Autobianchi A112 en las exposiciones de los concesionarios Saab de Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca, un coche pequeño pero elegante, económico y práctico, en un segmento que Saab desconocía.

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Saab-Lancia 600

Como decíamos, las relaciones entre Saab y FIAT eran buenas, así que pronto llegaron a un entendimiento que benefició a ambos: para Saab, suponía una disminución de costes y, para FIAT, entrar en un mercado escandinavo completamente virgen para ellos. Gracias a la ayuda de Saab, los italianos podrían disfrutar de una mayor red de concesionarios y adaptar sus coches al frío clima sueco.

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Lancia ya tenía listo para su debut el nuevo Delta, un coche que, además, había ganado el precio Coche del Año en Europa. El acuerdo con Saab era una gran oportunidad para la marca italiana de adentrarse en los mercados de los países nórdicos, sirviéndose de la red de concesionarios de la marca sueca. así que compartieron el Lancia Delta con los suecos, sin realizar modificaciones estéticas, tan solo algunos cambios mecánicos para adaptarse al clima escandinavo.

Un Lancia Delta adaptado al frío

Saab-Lancia 600

Estos cambios consistieron en reforzar algunas partes de la carrocería para prevenir la corrosión y se mejoraron sistemas, como el estárter, la inyección y la calefacción, aunque algunas de las primeras unidades tuvieron problemas, precisamente, con la calefacción, que hizo que el coche se recalentara demasiado, dejando mermada la fiabilidad del modelo desde el principio.

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En cuanto a la mecánica, Saab eligió el motor más potente para comercializarlo en su territorio, de manera que el Saab-Lancia 600 montaba un bloque 1.5 litros de 85 CV y 123 Nm de par, combinado con una caja de cambios manual de cinco relaciones. Este motor ofrecía unas prestaciones más que dignas para la época, con una aceleración de 0 a 100 km/h en 12,5 segundos y una velocidad punta de 165 km/h.

Nunca llegó a cuajar en Suecia

Inicialmente, el Saab-Lancia 600 iba a ser el sustituto del Saab 96. Sin embargo, era más pequeño, medía 3,88 metros de longitud (menos que algunos utilitarios actuales), aunque contaba con una buena distancia entre ejes, de 2,47 metros. El problema era que el diseño estaba lejos de lo que le gustaba al público local y pecaba de tener un maletero pequeño, con apenas 260 litros.

De todas formas, el principal motivo de su fracaso no fue el diseño ni los problemas de fiabilidad de las primeras unidades, sino en su precio. Costaba lo mismo que el modelo situado por encima de la gama, un modelo puramente sueco. Esto llevó a la marca a prescindir de uno de los acabados que ofrecía, el GLE, más completo, para ofrecer solo el básico GLS.

Solo un par de años después de su llegada al mercado, el Saab-Lancia 600 dejó de venderse en Suecia, si bien siguió comercializándose en algunos concesionarios de Noruega. Esta unión entre italianos y suecos no salió como se esperaban, aun así, hicieron un segundo proyecto, el Saab 9000, diseñado por Giugiaro. Y esa historia fue completamente diferente.

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