Dentro de todo el elenco de actores que han formado parte de la saga ‘A todo gas’, el primero que de verdad era un ‘petrolhead’ era Paul Walker (Michelle Rodriguez o Jordana Brewster ni siquiera tenían carné por aquel entonces). Para cuando se estrenó la primera entrega en 2001 era seguidor de los muscle car americanos, pero a raíz de ver un Nissan GT-R de la generación R32 en los estudios de grabación, empezó a interesarse también por el JDM, lo que acabó llevándole a tener dos Nissan Skyline GT-R R34.

El Nissan Skyline GT-R R34 de Liberty Walk es extremo

Encantado con el modelo nipón, no tardó en juntarse con Craig Lieberman, asesor técnico de las películas, que además consiguió muchos de los coches que aparecen en ellas, para visitar MotoRex, la única compañía que en aquella época importaba de manera legal R34 a los Estados Unidos. Ambas partes debieron llegar a un acuerdo por el que, modo de préstamo, el actor disfrutó durante unos meses de un ejemplar llamado Blackbird.

Nissan Skyline GT-R R34 de Paul Walker

Tras eso, Walker adquirió otra unidad de 1999, un V-Spec decorado en color Sonic Silver. Sin embargo, como tenía algunos problemas de pintura en las partes en las que se juntaban los plásticos y los paneles de plástico, acabó vendiéndoselo a un comprador de Hawái, adquiriendo él un R34 V-Spec II de 2001 de color blanco y sumando, así, una unidad más a su increíble colección de coches.

Los coches de Paul Walker: su colección privada más exclusiva

Lo interesante es el recorrido que tuvo el que vendió. Su comprador invirtió una considerable cantidad de dinero en convertirlo en una réplica del Blackbird que durante meses condujo el actor: pintura plateada, kit de carrocería de Veilside, llantas de Advan, capó de fibra de carbono, mejoras en la suspensión, intercooler de HKS…

Sin embargo, por problemas legales en las islas no le quedó más remedio que venderlo, yendo a parar el Nissan Skyline GT-R R34 de Paul Walker a Tejas. Durante 15 años estuvo parado, pero este mismo 2020 salió a subasta, haciéndose con él el importador Toprank, especializado en JDM, que tiene base en california.

Lieberman señala que, pese a no haber formado parte de los coches de A todo gas, por su dueño e historia este ejemplar podría valer en la actualidad unos 400.000 dólares (unos 338.000 euros). El hecho de que los GT-R R34 no sean completamente legales de importar a los Estados Unidos hasta 2024 también hace que cualquier unidad del modelo tenga un precio elevado.

Imágenes: Chris Constantine

Fuente: The Drive

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