Seguramente, el nombre de Ernest Eldridge no te resulte familiar, pero aparece escrito con letras de oro en la dilatada historia del automovilismo. No en vano, consiguió batir, varios récords mundiales de velocidad, algunos de los cuales, continúan vigentes todavía hoy, casi un siglo después. Y los consiguió con el FIAT Mefistofele, el ‘demonio’ más rápido del mundo.

Hay que remontarse hasta el primer cuarto de siglo XX para conocer la historia de este personaje y de uno de los coches más especiales de todos los tiempos. En aquellos años 20, tras la Primera Guerra Mundial que había paralizado Europa durante cuatro largos años, muchos jóvenes de familias nobles que sobrevivieron al conflicto bélico quisieron aprovechar los avances tecnológicos para escribir su nombre en la historia.

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Eldridge era uno de ellos. Nacido en 1897, en el seno de una familia de la alta burguesía londinense, se vio obligado a dejar sus estudios para luchar en la Primera Guerra Mundial y combatir contra los alemanes en las tenebrosas trincheras del frente occidental.

Fue, precisamente, durante la guerra, donde tuvo el primer contacto con un automóvil, al ser designado como conductor de ambulancias para transportar los heridos. Según algunos relatos, también sirvió en el Cuerpo de Artillería Francés.

FIAT Mefistofele

Ernest Eldridge, el entusiasta que quería batir el récord de velocidad

Finalizada la contienda, Eldridge vivió con intensidad sus dos grandes pasiones, la aviación y los deportes del motor. Hay que recordar que la aviación había experimentado un crecimiento espectacular, debido a las necesidades de la guerra, mientras que los deportes de motor empezaron a gozar de mucho prestigio desde comienzos de siglo, en un contexto prebélico de crecimiento económico y de bienestar social en Europa.

La pasión por las emociones fuertes llevó a Eldridge al mundo de la competición y, más concretamente, a conseguir un objetivo: establecer un récord de velocidad capaz de permanecer en el tiempo. Y tenía muy claro cómo hacerlo: adaptando el motor de un avión a un coche de carreras.

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Sin embargo, en aquella época estos entusiastas de la velocidad no contaban con un amplio equipo de ingenieros y diseñadores para hacer ese tipo de trabajo, hacer un coche muy ligero y con un coeficiente aerodinámico óptimo. La filosofía era, más bien, ‘hazlo tú mismo’ y aquellos pilotos tenían que buscarse, literalmente, la vida para construir sus bólidos, visitando desguaces, chatarreros, utilizando sus propios vehículos y haciendo infinitas pruebas hasta lograr un coche ganador.

1921, el primer ensayo

En 1921, siguiendo este proceso, el joven inglés desarrolló un automóvil equipado con un motor de 240 CV procedente de un avión, capaz de alcanzar los 150 Km/h. Pero no era suficiente. Eldridge confió en la tecnología FIAT de la época y compró un FIAT SB4, un vehículo de competición de 1907 al que instaló el motor de un FIAT A.1, de seis cilindros y 21.706 cm3.

Ese motor era muy apreciado por sus buenas prestaciones por los ases del aire que pilotaban aviones de reconocimiento, como los SIA 7B y FIAT R2 o bombarderos como el Caproni Ca.44.

FIAT Mefistofele, el ‘demonio’ más rápido de todos los tiempos

Pero, como puedes imaginar, encajar el motor de un avión en un coche de aquella época no sería nada fácil. En el apartado mecánico, Eldridge modificó los cilindros para dotarlos de cuatro válvulas con bujías Magneti Marelli mientras que, para adaptar la carrocería, utilizó los restos de un autobús de línea londinense accidentado.

El resultado de este inmenso trabajo fue un coche que, todavía hoy, da miedo, el FIAT Mefistofele. No era casual este nombre, así se conoce a un demonio de la tradición alemana y es también el título de una obra clásica de la ópera italiana del compositor italiano Arrigo Boito, inspirada en la obra homónima de Goethe.

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El Mefistofele montaba un motor de 340 CV a 1.800 vueltas y producía un ruido infernal. Pronto llamó la atención de muchos, entre ellos, Delage, una marca especializada en coches de carreras, y su piloto estrella, René Thomas, varias veces campeón de las 500 Millas de Indianápolis.

La marca norteamericana quiso retar al ‘demonio italiano’ a un duelo para intentar batir el récord del mundo de velocidad. Su arma era el Delage V12 ‘La Torpille’ de 350 CV también. La cita tuvo lugar en julio de 1924 en la Route Nationale 20, cerca de Arpajon, Francia. Y, como era de esperar, Eldridge recogió el guante.

A por el récord mundial

El 5 de julio se produjo el primer duelo y el Fiat Mefistofele alcanzó los 230,55 Km/h en la pista de tierra, logrando el récord mundial. Sin embargo, Delage y Thomas reclamaron con éxito, porque el vehículo no tenía marcha atrás, un requisito para homologar la plusmarca. Al día siguiente, se repitió la prueba y, esta vez, batió el récord el Delage V12, con 230,63 Km/h.

FIAT Mefistofele

Lejos de desanimarse, Eldridge incorporó un dispositivo de marcha atrás en su coche con la ayuda de un herrero local y volvió a la pista el 12 de julio. Esta vez, la victoria fue suya, estableciendo un récord que le haría entrar en la historia. Lo que él quería. Alcanzó los 234,98 Km/h.

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Fue el último récord de velocidad batido en carretera. De todas las marcas que consiguió, dos siguen vigentes a día de hoy: 234,98 Km/h en el primer kilómetro con salida desde parado y 234,75 Km/h en la primera milla con salida desde parado. El ‘demonio sobre ruedas’ se exhibe actualmente en el Centro Storico de FIAT, en Turín.

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