Conocido bajo diferentes denominaciones a lo largo de la historia -Mille Pattes, el Citroën Centipede o el coche de pruebas de Michelin-, el Citroën PLR fue creado en 1972 por un grupo de ingenieros de Michelin con el único objetivo de testar los neumáticos de camión de la compañía francesa en su fase de desarrollo. Esta extraña obra de la ingeniería, combina creatividad y talento, al mismo tiempo que fue utilizado durante años para el desarrollo de los enormes neumáticos de camión.

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El nombre oficial de este Citroën hecho a medida es Poids Lourd Rapide (PLR), lo que se traduce aproximadamente como “peso pesado rápido”. Su configuración con diez ruedas invita a pensar que el PLR está diseñado para testar hasta diez neumáticos diferentes al mismo tiempo, pero lo cierto es que la máquina de pruebas se esconde bajo su extraña carrocería, y tan solo podía probar un neumático de camión al mismo tiempo. Pero vayamos por partes.

Citroën PLR (1972), el Frankenstein para testar neumáticos Michelin de camión

Citroën PLR
Michelin ©

En 1972, Michelin decide adoptar la plataforma de motor y tracción delantera del Citroën DS como punto de partida, ya que por aquel entonces el fabricante de neumáticos era accionista mayoritario de Citroën, adaptando la carrocería del DS Safari para crear un Frankenstein totalmente personalizado con casi siete metros de distancia entre ejes. Al chasis se le instalaron diez ruedas de la mítica furgoneta comercial Citroën H, de las cuales, las cuatro primeras eran para la dirección y las seis traseras, las motrices.

El conjunto tenía un peso de casi diez toneladas, lo que requería un elevado nivel de potencia para impulsar al Citroën PLR. Por ello, los ingenieros se decantaron por equipar en la parte trasera de la carrocería una pareja de motores V8 de 5.7 litros de General Motors, el propulsor que equipaba el Chevrolet Corvette C3. Según los informes, cada uno de los motores entregaba una potencia individual de 350 CV, lo que supondría una potencia combinada de unos 700 CV. Hasta cinco radiadores en disposición vertical eran necesarios para refrigerar los motores. Además, los ingenieros diseñaron unas entradas de aire laterales específicamente para dirigir el flujo de aire a los radiadores y mantener los motores a temperatura óptima.

La undécima rueda secreta

Volviendo a los propulsores de Chevrolet, uno de ellos se encargaba de impulsar las seis ruedas motrices del PLR, conectadas por tres ejes de Peugeot 504, mientras que el segundo motor tenía la misión específica de impulsar una undécima rueda oculta en el interior del PLR, más o menos ubicada en el centro del chasis. Esta rueda secreta permitía instalar un neumático comercial grande que giraba a la misma velocidad que las ruedas del Citroën personalizado.

A pesar de que aportaba movimiento y canalizaba los 350 CV de potencia del segundo motor V8 al asfalto, su misión no era la de generar tracción, sino más bien la de testar el neumático en su fase de desarrollo, sin miedo a que un posible reventón provocara una pérdida de control del vehículo, ya que en realidad el PLR se apoyaba sobre otras diez ruedas independientes. Al mismo tiempo, esta undécima llanta estaba cubierta por un guardabarros que protegía el habitáculo en caso de que se desprendieran partes del neumático o si éste explotaba, ya que estaba ubicado inmediatamente detrás de los asientos delanteros.

Parte fundamental de la historia de Michelin

Citroën PLR
Michelin ©

El Citroën PLR podía alcanzar una velocidad máxima de 180 km/h, una cifra que estaba lejos de las velocidades a las que operarían los camiones para los que iban destinados los neumáticos que se testaban, pero suficiente para buscar la fatiga de estos neumáticos comerciales. Dado el peso, la potencia y el ineficaz diseño aerodinámico, el PLR necesitaba una gran cantidad de combustible para funcionar, por lo que los ingenieros instalaron dos depósitos de combustible de 90 litros, los cuales no necesitaban mucho tiempo para vaciarse por completo.

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El PLR recorría la pista de pruebas Ladoux de Michelin, ubicada en Clermont-Ferrand, Francia, testando los enormes neumáticos comerciales de la compañía. Sin embargo, a medida que la tecnología avanzaba, el extraño prototipo de Citroën se quedaba obsoleto. Con los años, los fabricantes de neumáticos trasladaron el desarrollo de sus productos al interior de sus instalaciones, empleando maquinaria específica que no requería de un vehículo de tracción mecánica para operar y permitían medir el desgaste y la carga de las gomas. Ahora, el Citroën PLR se exhibe puntualmente en L’Aventure Michelin, el museo dedicado a la historia del reputado fabricante de neumáticos.

Fotos: Michelin

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