La Ruta 66 es una de esas experiencias que tienes que vivir, al menos, una vez en la vida. Cruzar gran parte de EE.UU. de este a oeste, desde Chicago a Los Ángeles, viajando por carreteras solitarias, pueblos medio abandonados y atardeceres en los que el sol se oculta tras los campos de maíz.

Fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando The Main Street of America se convirtió en un destino turístico afianzado por la costumbre de viajar por placer. Por ese motivo se crearon atracciones como el Jack Rabbit Trading Post, el Gemini Giant o la Blue Whale (qué ver en la Ruta 66).

Más tarde, en 1974, cuando los primeros indicios de decadencia ya asolaban -el 27 de junio de 1985 fue la puntilla al ser retirada de la Red de Carreteras de Estados Unidos-, se creó el Cadillac Ranch, una escultura pública situada en Amarillo, Texas. Fue materializada en un principio en un campo de trigo por los arquitectos Chip Lord y Doug Michels y por el estudiante de arte Hudson Márquez -en 1997, fue movida tres kilómetros, situándola cerca de la Interestatal 40, a un terreno que también pertenecía al millonario local Stanley Marsh 3-. Consiste en diez Cadillac semienterrados mirando hacia el oeste “en el mismo ángulo que las pirámides de Keops” y que muestran sus aletas traseras.

mfah.org

A finales de la década de los 70, muchos ‘artistas anónimos’ comenzaron a pintarlos con spray, algo que se ha convertido en una costumbre por los visitantes, a pesar de ser una acción ilegal, como reza una señal: “State of Texas Property. Graffiti painting of anything on this side of fence is illegal”. Por este motivo en el titular expongo que es una obra de arte viva, porque es costumbre dejar tu impronta en pintura gracias a un bote de spray adquirido en alguna ferretería de Amarillo.

Algunos artistas han llevado el Cadillac Ranch a la música, como Bruce Springsteen, o a la gran pantalla, como los creadores de la película Cars. Otros se encargan de repintarlos por completo de blanco para un anuncio de televisión, de rosa por el cumpleaños de Wendy, la esposa de Stanley; de negro por el fallecimiento del artista de Ant Farm y Doug Michels o utilizando los colores del arcoíris para conmemorar el día del orgullo gay.

Cadillac Ranch
Cadillac Ranch – Periodismo del Motor ©

Lo cierto es que por su imagen y por los múltiples botes tirados por el suelo se puede decir que el Cadillac Ranch ha pasado de ser una obra de arte a una especie de mezcla entre desguace y basurero. Pero todo hay que decirlo: tiene su encanto.

La carta de agradecimiento que Bonnie y Clyde escribieron a Henry Ford

Desde mi visita en 2017, parece ser que algo ha cambiado: además de los coches, también está pintado el suelo que los rodea; se ha creado un aparcamiento con grava y se ha instalado una puerta de acceso más grande. Según Bryan Brumley, gerente general del rancho, de esta forma, los días de lluvia es más sencillo aparcar -el barro puede complicar las cosas- y las personas con discapacidad pueden acceder más fácilmente -la anterior puerta era muy estrecha para que los animales no saliesen a la carretera I-40-. Pero también ahora existen puestos en los que se venden comida, souvenirs y botes de spray, perdiendo parte de la magia que conseguía esta atracción compuesta por diez Cadillac. Incluso desde abril de 2019 tiene su propia página de Facebook.

Cadillac Ranch
Cadillac Ranch – Periodismo del Motor ©

Eso sí, por suerte dos cosas no han cambiado, por el momento: sigue siendo gratis y no se anuncia en la carretera. Por ese motivo, si te animas a ir, te dejamos su ubicación.

Dirección: 13651 I-40 Frontage Rd, Amarillo, TX 79124, EE. UU.

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