Nació en 1999, pero casi nadie supo nada de él hasta 13 años más tarde. Y tampoco es que el BMW Z3 V12, fuera exactamente un secreto. Es solo que los técnicos que crearon este prototipo monstruoso no lo hicieron por la publicidad. Sino más bien por esa cosa tan humana: la curiosidad. Probar los límites. Comprobar si algo es posible. Vamos, que este coche fue un ‘aguántame la cerveza’ ingenieril de proporciones épicas. Cerveza de trigo, suponemos, visto que hablamos de Múnich.

Pero vamos por partes. En 2012, BMW Motorsport publicó en su página de Facebook unas fotos de un roadster naranja con un simple mensaje: “No sabemos por qué, hace años, se montó un motor V12 en un BMW Z3. Pero tiene un aspecto impresionante, ¿no?” Esa era solo la segunda vez que este prototipo se veía en público. Cuando se creó, la marca bávara se lo dejó a un periodista de la revista alemana Autozeitung, un día que había un eclipse total de sol (de verdad que este detalle no nos lo estamos inventando).

BMW Z3 V12 frontal

Pero el resultado fue tan nefasto que, después de publicado el artículo, se llevó a las catacumbas del Museo BMW, y ahí se olvidaron de él, como si fuera el Arca de la Alianza de Indiana Jones. Para comprender las razones, debemos ver para qué se construyó, y sobre todo cómo. Y es que, a raíz de que las webs de medio mundo se hicieran eco del hallazgo de aquel Z3 Frankenstein, la marca se preocupó un poco más en averiguar su historia.

Al parecer, se trató de un proyecto encargado por el entonces director de Desarrollo de Motores, Gerhard Schmidt, que había notado que el vano motor del pequeño cabrio era lo suficientemente espacioso como para acomodar algo más grande que el 6 cilindros en línea que llevaba la versión M de este modelo en 1999. Aquel era un coche divertidísimo, una de las mejores máquinas de derrapar de todos los tiempos. Pero Schmidt quería probar sus límites.

BMW Z3 V12 trasera

Se decidió así tratar de encajar el bloque M73, un V12 de 5.4 litros presente en los Serie 7 750i (E38) y Serie 8 850Ci (E31) de la época. No se trataba de un propulsor particularmente deportivo, y lo cierto es que en potencia apenas se diferenciaba del 3.2 que llevaba el Z3 M. Rendía apenas 5 CV más: de 321 a 326. Donde sí había diferencias sustanciales era en el par motor: 490 Nm a 3.900 rpm, que hacían palidecer los anteriores 236 Nm a 3.250 rpm. Pero es que, además, este entraba desde muy bajas revoluciones, y ya a 1.000 tenía disponibles 400 Nm.

El minúsculo equipo de tres ingenieros que se hizo cargo de esta (frikada de) conversión tipo ‘hot rod’ pero a la germana pronto se encontró con que el bloque, entrar, entraba. Pero por los pelos (tanto que dicen que si levantas el capó luego sufrirás bastante para cerrarlo). Para lograrlo, tuvieron que modificar el radiador, el cárter, la bomba de aceite y el colector de escape, y de paso ajustaron la suspensión. También le instalaron una caja de cambios de 6 velocidades proveniente del Serie 8, que estaba mejor preparada para manejar el par motor que la de 5 marchas. Y, por algún motivo, lo pintaron en este característico color naranja Kyalami.

BMW Z3 V12 foto revista

¿El resultado del experimento? El descapotable había ‘engordado’ 200 kg (de 1.200 había pasado a 1.400), y su reparto de pesos era terrible. Lejos del 50-50% del Z3 M estándar, ahora ‘cargaba’ hacia adelante decididamente, por culpa del enorme motor: 70-30%. Ya irás viendo adónde va a parar esto.

Sí, con semejantes cifras de par motor y esa distribución de pesos, en las curvas su comportamiento era poco menos que catastrófico. Y más, si el asfalto estaba mojado, como aquel día de eclipse de 1999. Ahí era donde se veían todas las costuras de un proyecto tan contranatura. Según el artículo de Autozeitung, este roadster ‘puesto’ de anabolizantes tenía una tendencia casi incontrolable al subviraje, incluso a velocidades muy bajas. En fin, previsible. Pero, al menos, sería un misil en las rectas, ¿verdad?

El BMW Serie 7 (E32) de 1987 equipaba teléfono satélite y un fax en la guantera

Pues… tampoco. El BMW Z3 V12 era difícil de controlar incluso en ellas cuando se pisaba bien el acelerador, y se tiraba desde primera hasta tercera derrapando. A cambio, podía acelerar de 0 a 100 km/h en 5,5 segundos… Es decir, una décima más que el de producción, que lo lograba en 5,4 segundos. Y su velocidad máxima era de 263 km/h (porque no estaba electrónicamente limitado a 250 km/h, como aquel).

Pero sus peores problemas estaban debajo del capó. Al estar encajado el motor tan por los pelos en el vano, los sensores se sobrecalentaban frecuentemente. Lo que lo ponía al borde del colapso total cada poco. En fin, no se puede decir otra cosa: para conducir, este Z3 endemoniado era una auténtica pesadilla. Pero eso sí, es una de esas locuras sin sentido de BMW Motorsport que nos encanta recordar. Como aquel M3 pickup de 2011, o el 767iL Goldfisch V16 de 1987. Si quieres admirarlo (en parado), parece que últimamente está expuesto al público en el Museo BMW de Múnich.

Fotos: BMW Motorsport / Autozeitung.

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