Suele definirse al Renault 4L como un pantalón vaquero, en tanto que fue un coche duro y resistente para todo tipo de usos, como los famosos jeans. Un coche de esos que calificamos como icónicos y míticos, porque pasan los años, incluso las décadas, y sigue estando presente. Te vas a cualquier pueblo de España y te topas con uno. De lo contrario, ese no es tu día. Pero el 4L tuvo un hermano menor aún más humilde y sencillo, aunque no alcanzó el mismo éxito: el Renault 3.
A finales de la década de los 50, Renault necesitaba lanzar un modelo práctico y barato que compitiera con el exitoso Citroën 2CV (esta es su historia). De esta manera, se concibió el Renault 4L, un vehículo utilitario y sencillo, revolucionario en algunos aspectos como en su carrocería de cinco puertas con portón trasero. En realidad, era un coche que superaba en todo al modelo de Citroën, un vehículo adaptado a las necesidades de la sociedad de los años 60.
Al fin y al cabo, el 2CV se concibió a mediados de los años 30, aunque el proyecto se paralizara cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y no se retomara hasta que acabó la contienda, hasta que se presentó en 1948. Renault quiso hacer su particular 2CV y recurrió a una versión más simple del 4L, al que llamó Renault 3.
Renault 3, la versión humilde y sencilla del 4L

Identificado con el código R1121, el Renault 3 era prácticamente un hermano gemelo del 4L, pero con notables carencias en cuanto a equipamiento. Estaba destinado, principalmente, a las zonas rurales y a familias que no contaban con mucho presupuesto. Llegó al mercado en julio de 1961 y se distinguía del 4L por los parachoques tubulares en el mismo color de la carrocería, la parrilla frontal tallada en el capó, las ventanillas traseras fijas y la ausencia de elementos como el cromado de los faros, los retrovisores exteriores y la tercera ventanilla.
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Inicialmente, la carrocería sólo estaba disponible en color Gris Olivier 610, aunque más tarde la marca añadió otras dos tonalidades: Gris Pyramide 635 y Gris Templier 618. El aspecto exterior era extremadamente básico, al igual que el interior, con asientos tubulares forrados en tela, un volante de tres radios, un velocímetro, un espejo retrovisor interior ubicado en el tablero y un único parasol para el conductor. Además, las ventanillas delanteras eran corredizas para ventilar el habitáculo.
En cuanto a la mecánica, el Renault 3 recurría a un motor de cuatro cilindros y 603 centímetros cúbicos que producía 22 CV y 42 Nm de par, unido a una caja de cambios manual de tres velocidades que le permitía alcanzar una velocidad máxima de 90 km/h, gracias a sus 570 kg d epeso, suficiente para circular por caminos sin asfaltar, muy habituales en la época. Por lo demás, compartía estructura y características con el 4L, es decir, un sistema de refrigeración con circuito sellado y vaso de expansión, suspensión por barras de torsión y tracción delantera.
Tan simple que no cuajó

El Renault 3 estuvo a la venta poco más de un año y solamente en el mercado francés. Su rápida retirada se explica por sus pobres cifras de ventas. Apenas se produjeron 2.526 unidades. Su fracaso se explica por varias razones.
En primer lugar, era un coche demasiado simple y espartano, con un equipamiento muy pobre, que pretendía emular al 2CV. El problema era que el popular Citroën llegó en otra época en la que ese tipo de vehículos sí encajaban con las necesidades de la población, pero en los años 60 las cosas habían cambiado mucho. En segundo lugar, no había una diferencia de precio muy grande con respecto al 4L. Por un poco más, la gente podía acceder a un coche más equipado y completo.

















