La expresión “lobo con piel de cordero” pocas veces se ha podido aplicar mejor a un coche que en este caso, ya que, a simple vista, salvo por las llantas diferentes, este Volkswagen Golf parece sacado directamente de fábrica. Sin embargo, no hay que dejarse llevar por las primeras impresiones, puesto que el compacto alemán oculta una transformación mecánica completa.

La historia del Volkswagen Golf GTI: 44 años en ocho generaciones

Lo que de serie era un popular modelo con tracción delantera y motor tetracilíndrico ha sido convertido en una máquina pensada para drift, algo para lo que ha habido que cambiar prácticamente toda su configuración mecánica:

Así, al abrir su capó el logo que adorna la tapa de su motor no es el de Volkswagen, si no que se ven las aspas de BMW. Se trata de un bloque V8 de 4,0 litros, concretamente el que utilizaron los 740i de las generaciones E32 y E38, así como el 540i E34. Al menos lo han dejado de serie, lo que aún así implica una potencia de 282 CV y un par máximo de 400 Nm, lo que permite mover sus 1.300 kilos de peso con bastante soltura.

Pero los cambios no paran ahí y es que, para dedicarse a derrapar, mejor que se trate de un tracción trasera, así que dicho y hecho. La preparación también ha reemplazado los dos ejes originales, colocando en el delantero uno proveniente de un Serie 3 E36 y el trasero por el de un Serie 5 E39, con diferencial incluido. Por último se ha fabricado una suspensión a medida para el VW Golf.

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