Una carrera de aceleración es algo en lo que puede participar cualquier coche, pero tiene más gracia si en ella corren vehículos de alto nivel. Si, además, tenemos en cuenta que a los muscle cars se les ha acusado (últimamente de manera errónea) de solo servir para correr en línea recta, ¿qué mejor que organizar una drag race con una buena ración de músculo americano? Y no hablamos de unos participantes cualesquiera: Shelby GT500, Dodge Challenger Hellcat Redeye y Chevrolet Camaro ZL1 1LE.

PRUEBA: Ford Mustang Shelby GT500 2020

Posiblemente se trate de la realeza dentro de los muscle car, tres representantes icónicos de esta estirpe en las versiones más radicales que ha visto el mercado, una auténtica confrontación para ver quien puede llevar la corona del segmento.

Analizando todos los participantes, tienen diferencias entre sí, pero sus pros y sus contras se complementan para augurar un enfrentamiento igualado: el Dodge es el más potente del trío, con 797 CV y 958 Nm de par máximo, seguido por el Ford, que llega hasta los 760 CV y 847 Nm, mientras que el Chevrolet es el que se queda más descolgado con “solo” 650 CV y 479 Nm de par. Sin embargo, el Camaro cuenta a su favor con que los tres modelos siguen el mismo orden de mayor a menos peso, con el Challenger marcando sobre la báscula 2.053 kilos, el Ford Mustang pesando 226 kilos menos y el Camaro rebajando otros 45 kilos extra a este último.

No vamos a desvelar el resultado de las múltiples carreras, pero sí que diremos que los tres, incluso pese a usar la función Launch Control, tienen problemas de agarre en la salida para canalizar tanta potencia.

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