El protagonista de esta prueba, el Nissan BladeGlider, es uno de los coches que más me han marcado de cuantos he tenido la oportunidad de conducir por mi trabajo. Y no lo digo únicamente porque se trata de un prototipo del que solo existen dos ejemplares en todo el mundo. Y tampoco por el hecho de que esté valorado en más de dos millones de euros. Lo digo porque fue el coche que consiguió demostrarme que los automóviles eléctricos podían ser divertidos de conducir; de transmitir sensaciones diferentes pero tan estimulantes como las de un deportivo tradicional.

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Precisamente este era el objetivo que perseguía el equipo de Nissan que se encargó de su desarrollo. Su intención era la de crear un coche eléctrico que fuera capaz de proporcionar una experiencia de conducción emocionante y vaya si lo consiguieron. Este modelo conceptual funcional fue presentado en 2016 y era la culminación de otro prototipo con el mismo nombre que la marca lanzó en 2013. Ambos estaban inspirados en los DeltaWing y Nissan ZEOD RC de competición, de los que hereda su peculiar diseño exterior.

Una prueba especial en un entorno único

Nissan BladeGlider delantera

Para probar el Nissan BladeGlider, viajé hasta el Festival de la Velocidad de Goodwood. Este evento se celebra desde 1992 en la gigantesca propiedad que Lord March, descendiente de Carlos II de Inglaterra y un verdadero petrolhead, tiene en el condado de West Sussex (al sur de Londres). Fue en la edición de 2017, años antes de que el coronavirus complicara la existencia de este tipo de citas; y fue una experiencia que jamás olvidaré.

Estar en Goodwood cuando tiene lugar esta cita ya es de por sí algo único por la cantidad de automóviles de ensueño que puedes ver y la variedad de pilotos y personajes del mundo del motor que puedes conocer. Pero si a vivir el Festival de la Velocidad como cualquier espectador le sumas la oportunidad de ponerte a los mandos de un coche como el BladeGlider (además del Nissan GT-R normal, GT-R Nismo y varios 370Z de competición) en el legendario trazado de Goodwood, la cosa difícilmente puede mejorar.

Nissan BladeGlider Nissan GT-R NISMO

Así que tras pegarme un atracón de dos días viendo los automóviles más espectaculares del mundo tanto en parado como atacando la famosa subida que discurre por delante de la residencia principal, llegó el momento de ponerme el casco y subirme a bordo del Nissan BladeGlider.

Dejando las cuestiones estéticas a un lado, pues su diseño está condicionado por la diferencia de anchura entre el tren delantero y trasero para favorecer la aerodinámica, tengo que reconocer que en vivo impresiona tanto como en fotos. No lo había visto en persona hasta ese momento y desde el primer segundo me deja claro que es un prototipo, sobre todo porque no hay nada parecido en el mercado.

Nissan BladeGlider zaga

El ancho de vías lo condiciona todo, desde su imagen exterior hasta la disposición de los asientos en el habitáculo. Es más largo y bajo de lo que me imaginaba, con 4,3 y 1,3 metros, respectivamente. Y tiene una batalla más amplia de lo que sugiere su aspecto: 2,8 metros, es decir, más que un GT-R. Pero lo más llamativo de este coche es su carrocería, a medio camino entre un prototipo y un coche de competición.

El Nissan BladeGlider es más rápido y ágil de lo que imaginas

Nissan BladeGlider asientos

Esta peculiar estética se completa con un habitáculo sin techo que ofrece tres plazas, con el conductor en el centro y los acompañantes a los lados tras este. Otra particularidad del Nissan BladeGlider es que a su interior se accede a través de unas puertas de apertura vertical. Hasta aquí nada que no tenga cualquier otro prototipo, salvo que en este caso tienen la bisagra en la parte trasera, por lo que se abren en sentido opuesto al de la marcha.

Subir y bajar del BladeGlider es más fácil de lo que crees gracias a ello. Y una vez a bordo de este prototipo, la sensación de espacio y de control es notable. Porque gracias a la ubicación de los asientos y aunque lleves pasajeros, desde el puesto de mando casi parece que vas solo en el coche. Y de control porque tienes buena visibilidad y todos los mandos al alcance de la mano, con numerosos controles ubicados en el volante o a los lados de este.

Nissan BladeGlider salpicadero

El salpicadero, de líneas sencillas pero atractivas, equipa tres pantallas: dos situadas a los lados y que hacen las veces de retrovisores y una tercera en el centro, que aglutina la mayor parte de la información. A estas hay que sumar una cuarta pantalla que se ubica en la parte central del volante y desde la que se puede consultar la velocidad o datos del sistema de propulsión.

Ya que menciono el motor, decir que se trata de un sistema eléctrico que combina una batería de alto rendimiento con dos propulsores eléctricos. Cada uno de ellos proporciona potencia a uno de los dos neumáticos traseros y combinados, entregan 272 CV y 707 Nm de par. Es un conjunto que sido desarrollado con la colaboración de Williams Advanced Engineering, socio técnico de Nissan en este proyecto.

Nissan BladeGlider detalle zaga

Puede que ese dato de potencia y par no te impresione, pero debes tener en cuenta que estamos hablando de un coche eléctrico. La respuesta del conjunto es instantánea y el empuje, muy contundente incluso en marcha. De hecho, por su condición de roadster eléctrico a los mandos parece más rápido de lo que realmente es -anuncia un paso de 0 a 100 km/h de menos de 5 segundos y una velocidad punta superior a los 190 km/h-.

Un prototipo futurista en un circuito histórico

Salir a pista a bordo de cualquier eléctrico ya es de por sí una experiencia. Porque si estás habituado a rodar en circuito con coches normales, también lo estarás a escuchar, sentir las vibraciones o percibir el olor de sus motores. Pero nada de esto existe en un eléctrico, en el que los principales sonidos provienen de la aerodinámica y de los neumáticos al rodar.

Nissan BladeGlider GT-R

Solo a bajas velocidades puedes oír levemente el motor eléctrico, pero en cuanto subes un poco el ritmo el aire tapa ese sonido. Conforme aumentas la velocidad el viento adquiere más protagonismo hasta que acaba dominando todo. Y esa es una sensación extraña, de vehículos de dos ruedas más que de un coche.

Tras recibir una serie de instrucciones por parte de la organización, las necesarias para poder manejar un prototipo que no se parece a ningún coche de calle, me pongo en marcha. Para ello, sitúo una de las ruletas que hay en el volante en la posición D y el coche comienza a moverse. Lo primero que llama mi atención es la dirección. Sin ninguna asistencia, tiene un tacto duro, es rápida y transmite todo lo que está sucediendo en los neumáticos delanteros.

Nissan BladeGlider llanta

Los pedales de acelerador y freno, de metal, están muy cerca, pero su respuesta también es exquisita. Los asientos Recaro, los arneses de cuatro puntos, el volante con multitud de controles y levas, el sistema de extinción de incendios… Todo recuerda en cierto modo a un coche de competición, pero más silencioso y lujoso.

Salgo al circuito, un trazado rápido y revirado con unas escapatorias de resbaladizo césped y unos vistosos quitamiedos, acelerando con intensidad. La facilidad con la que gana velocidad es llamativa, pero mi conciencia me recuerda que debo tomármelo con calma. Así que freno antes de tiempo y casi me quedo clavado en el sitio, por lo que tengo que volver al acelerador para completar el giro.

Nissan BladeGlider pedales

Unas cuantas curvas después ya iba a buen ritmo y ahí me mantuve el resto del tiempo, frenando más tarde y acelerando antes por momentos. Todo gracias a un comportamiento noble, con una dirección que transmite seguridad y un conjunto de frenos -combinados con el sistema de regeneración- muy poderosos. Eso sí, hasta que no me senté en el asiento del copiloto no me percaté de lo que realmente era capaz de hacer este prototipo.

Porque con unas buenas manos, el Nissan BladeGlider pasa de ser un coche veloz a uno rapidísimo. Prueba de ello es que en un corto espacio de tiempo somos capaces de caza y superar a varios Nissan GT-R, que no es que sean coches lentos precisamente. Gracias a la amplia distancia entre ejes es muy estable en las frenadas y su estrecho tren delantero se mete en las curvas mejor de lo que podrías pensar, sin que se perciba subvirador.

Nissan BladeGlider techo

Me bajo del coche pensando que el futuro no pinta mal si podemos disfrutar de coches eléctricos como este. Es divertido, ágil, efectivo pero lo más importante es que transmite sensaciones. Puede que su imagen no sea del agrado de todo el mundo, pero han conseguido su objetivo, crear un vehículo eléctrico con una conducción emocionante.

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