El Peugeot 106 Rallye pertenecía a aquella estirpe que era capaz de engañar con su apariencia de utilitario. A simple vista era un coche sencillo, pero en realidad ante nosotros surgía un coche creado para ofrecer la máxima diversión; no en vano se convirtió en el vehículo que muchos piloto de los años 90 usaban para entrenar. Así era el Peugeot 106 Rallye, un lobo con piel de cordero.

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Llegó en octubre de 1993 porque Peugeot buscaba una versión que pudiera ser homologada para la cilindrada equivalente (hasta 1.3 litros) y, así, poder participar en los rallies. El Peugeot 106 Rallye era una variante menos potente que las GTI y, al mismo tiempo, más radical porque tenía una puesta a punto más salvaje y un peso mínimo. La marca francesa eliminó todo aquello que no era imprescindible. Literalmente.

Peugeot 106 Rallye

Poco más de 800 kilos

El Peugeot 106 Rallye medía 3,56 metros de largo, 1,61 de ancho y 1,36 de alto con una batalla de 2,38 metros. No obstante, la cifra más llamativa era la de su peso: 816 kilos. Cuando os decíamos que Peugeot dejó lo mínimo no exagerábamos. No había reglaje eléctrico para los retrovisores o las ventanillas y el sistema de ventilación interna se redujo tanto que no había ni conductos ni rejillas de ventilación centrales. Hasta las llantas se pusieron a dieta: eran de chapa blanca.

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Estaba disponible en tres colores: blanco, rojo y negro. Una paleta que aumentó con la segunda generación incluyendo el amarillo y el azul. El diseño exterior apenas recibió cambios: parachoques específicos y unos aletines sobre los pasos de rueda. El minimalismo continuaba en el interior: plásticos duros, mínimos guarnecidos y mucha chapa a la vista. No había sitio para nada que añadiese un peso extra. Los asientos sí se crearon específicamente para el Peugeot 106 Rallye y se colocaron más cerca de lo habitual. En cuanto al resto del habitáculo y del maletero: el espacio era el justo.

Peugeot 106 Rallye

El motor del Peugeot 106 Rallye

Dentro de aquel ligero coche de 816 kilos se encontraba un motor de 1.3 litros con 98 CV que se entregaban a 7.200 rpm y 108 Nm de par máximo que llegaban al alcanzar las 5.400 vueltas. En lugar de carburadores tenía inyección Magneti Marelli (razón por la que no llegaba a los 103 CV del Peugeot 205 Rallye) y en la primera versión el sistema de frenado tenía frenos de disco macizo delante y tambores detrás. En la segunda los discos delanteros ya eran ventilados y en los traseros cambiaron los tambores por discos macizos. El ABS y la dirección asistida eran opcionales.

Peugeot 106 Rallye

La segunda versión

Tres años después de su lanzamiento, en 1996, llegó esa segunda versión del Peugeot 106 Rallye con un nuevo propulsor de 1.6 litros que tenía 118 CV y algunos cambios en la transmisión o en el equipamiento: el ABS y la dirección asistida ya eran de serie. En algunos mercados siguió siendo el 106 Rallye, pero en otros fue renombrado como Peugeot S16 ya que el motor tenía 16 válvulas y 120 CV.

La historia del Peugeot 106 Rallye fue corta, pero caló en la historia del motor. Hoy en día son ejemplares que están muy cotizados porque Peugeot fabricó menos unidades que de los GTI equivalentes. Eso sí, nunca fueron coches para todo tipo de conductores: al ser versiones tan radicales, muchos preferían los GTI. Una elección que contribuyó a hacer que el aura del Peugeot 106 Rallye sea (aún más) especial.

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