El Micro Hoon es un espécimen nuevo para la lista de criaturas particulares del mundo del motor. Es uno de esos vehículos que a muy poca gente se le habría ocurrido crear, ya que pocas personas pensarían en un Mini clásico como la base para desarrollar una bestia de devorar neumáticos.

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Y es que ese es básicamente su cometido, porque nos resulta bastante difícil encontrarle otra disciplina en la que pueda destacar. El MINI ha sufrido importantes modificaciones, siendo la más importante su cambio del motor original por un bloque LS de 4,8 litros que desarrolla 600 CV. Con tanta potencia, sumada a su ligero peso, cabría pensar que podría desempeñar un papel destacado en las carreras de aceleración, pero lo cierto es que es tan ligero que tiene problemas de tracción.

Esto es un inconveniente si lo que quieres es ir rápido de un punto A a un punto B, pero se convierte en virtud si de lo que se trata es de derrapar, quemar rueda y hacer ‘burnouts’ como si no hubiera mañana.

Si la creación en sí ya es bastante pintoresca, todavía más lo es ver el dúo que forma el Micro Hoon con su dueño al que, cuando está a su lado de pie, apenas llega por la altura del estómago. De hecho, entra en el coche muy justo, con una posición de conducción que no es la mejor del mundo, ya que las rodillas están por encima de la parte inferior del volante.

Es bastante posible que solo consiga entrar dentro de él gracias a que el habitáculo está despoja de prácticamente todo elemento que no sea básico y elemental para poder conducir. Lógicamente, esto tiene como contra el hecho de que no debe ser muy cómodo circular por la calle con él, aunque su dueño parece que sí que lo suele hacer.

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