Yo creo que todos los pilotos nunca piensan que se juegan la vida, si pensaras que te vas a hacer daño, no te montas, es una pelea por dominar una moto.” Ángel Nieto

Todos hemos imaginado alguna vez cómo debe sentirse al pilotar una moto del Campeonato del Mundo de MotoGP, un avanzado prototipo de apenas 150 kilos con unos 250 CV de potencia que puede alcanzar velocidades máximas superiores a los 350 km/h. Pocos vehículos terrestres son tan veloces como una MotoGP. Soñar simplemente con poder subir a bordo es algo con lo que nos conformamos los aficionados que sentimos un verdadero apego por este deporte.

Pero la realidad es que solo un puñado de elegidos tiene la capacidad de dominar estas monturas de dos ruedas, y aún menos son los que pueden llegar a conquistar la tan ansiada corona de MotoGP. Los que seguimos el campeonato desde nuestros primeros años de vida sabemos apreciar el mérito que tiene llegar a ser campeón del mundo de MotoGP, ser el mejor en la élite del motociclismo de competición, ya que no todos los pilotos tienen lo necesario para conseguirlo.

Se tienen que dar una serie de factores que, en conjunto, logran alcanzar el éxito de ganar un campeonato. Lo primero, el talento del piloto; que tenga madera de campeón, hambre de títulos y de hacer historia en este deporte.

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Lo segundo, la moto debe ser competitiva. Ya hemos visto en numerosas ocasiones cómo la frustración se acaba haciendo dueña del destino de algún piloto habilidoso cuando no tiene la motocicleta ganadora. El “estar en el momento y el lugar equivocado” que todos conocemos. Y lo tercero, al menos una pequeña dosis de suerte que reme a favor del rider cada fin de semana de Gran Premio.

Durante 74 años (el campeonato se fundó en 1949), el motociclismo ha sido la cuna de una larga lista de pilotos campeones del mundo, con nombres propios como Giacomo Agostini, el piloto con más títulos de la historia del campeonato; el legendario Ángel Nieto, el piloto español más exitoso de todos los tiempos; los norteamericanos Eddie Lawson o Wayne Rainey, el dominante Michael Doohan o, ya en el siglo XXI, Valentino Rossi y Marc Márquez como los mejores de su época.

De este modo hemos llegado a un momento donde el Campeonato del Mundo de Motociclismo ha evolucionado hasta implementar revolucionarias medidas tecnológicas y aerodinámicas. Las motos son las más rápidas, estables y precisas de la historia, lo que ha requerido una nueva hornada de pilotos jóvenes capaces de dominar estas bestias de dos ruedas. Y hace solo dos fines de semana tuve la oportunidad de presenciar en vivo esta evolución, con el miedo y la gloria como principales protagonistas.

Viví la experiencia de un Gran Premio de MotoGP desde dentro

Reconozco que recibir una invitación para vivir desde dentro un Gran Premio del Campeonato del Mundo de MotoGP no estaba en mi agenda este año. Mucho menos que esa invitación fuera para el Gran Premi Monster Energy de Catalunya en el famoso Circuit de Barcelona-Catalunya (4,66 km), en el municipio de Montmeló, una pista que cada año acoge multitud de carreras, incluyendo el GP de España de Fórmula 1.

Vivir desde dentro un fin de semana de carreras del mundial de motociclismo es una experiencia con la que cualquier aficionado a las motos sueña. De jueves a domingo, con todos los entrenamientos libres, los clasificatorios, la nueva Sprint (un formato adaptado de la Fórmula 1) y las carreras como el plato principal de cuatro días en los que Barcelona se enfunda el casco y el mono antes de que lleguen las estrellas del campeonato.

Estaba siendo un día largo. Cuando llegué al circuito ya llevaba casi 11 horas en marcha y tan solo era medio día. Pero ni el cansancio ni el calor podían con la emoción de caminar entre los Hospitality de los principales equipos del campeonato, y eso que el jueves es el día más tranquilo en un Gran Premio de MotoGP. Los equipos se acomodan en su nuevo emplazamiento, apenas se escuchan los motores, no hay público y es fácil ver a los pilotos desplazándose a pie o en scooter.

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El impacto que produce ver a los protagonistas de MotoGP pasar a tu lado, a los que ves cada fin de semana en la televisión, es una sensación única. Tendría la oportunidad de sentarme a la mesa con algunos de los pilotos de Monster Energy, nuestro anfitrión en el GP de Catalunya, entre los que se encuentran Fabio Quartararo (Yamaha), campeón del mundo de MotoGP en 2021; y Francesco “Pecco” Bagnaia (Ducati), campeón del mundo de MotoGP en 2022.

Te mentiría si te dijera que no impresiona ver por primera vez a una estrella del campeonato como es Fabio Quartararo. Del francés destaca la naturalidad con la que se expresa, la postura, el lenguaje no verbal y la forma en la que se explica. Tiene solo 24 años y, ya desde su etapa en el Petronas Yamaha, Fabio apuntaba a ser el nuevo líder de la firma de los diapasones con el fin de ciclo marcado por la retirada de Valentino Rossi hace dos años.

La irrupción en el Monster Energy Yamaha MotoGP Team del piloto nacido en Niza, pero afincado en España desde bien joven, supuso la consagración de su primer campeonato del mundo conquistado en la categoría reina en 2021. Todo apuntaba a que continuaría la senda del éxito algunos años más, con una interesante lucha entre Quartararo y la Ducati de Pecco Bagnaia.

Fabio nos habla de la situación actual del equipo y de cómo afronta la carrera en el Gran Premi Monster Energy de Catalunya. Sin embargo, la mayoría de las preguntas van dirigidas al momento de inferioridad competitiva que vive Yamaha desde el año pasado. Quartararo asume ir paso a paso en la evolución de la moto y reconoce los esfuerzos que está haciendo el fabricante para crear una montura que le permita competir contra el dominio aplastante de las marcas europeas (Ducati, Aprilia y KTM).

Pero la realidad es diferente para Yamaha, como se vería en el circuito durante todo el fin de semana. Todo lo contrario de la situación en la que se encuentra el vigente campeón del mundo y líder en la clasificación general, Pecco Bagnaia.

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El italiano, uno de los éxitos recientes salidos de la escuela de Valentino, pese a tener solo dos años más que Quartararo (26 años), es mucho más corporativo, sereno y protocolario, un carácter que viene dado por la forma de trabajar en el Ducati Lenovo, donde es piloto oficial desde la temporada 2021 (debutó en MotoGP en 2019 con el Pramac Racing), y por su perfeccionismo a la hora de competir.

Las preguntas a Pecco, mientras tanto, van dirigidas a sus excelentes resultados, al gran momento de forma que vive el piloto italiano, a la situación de las Ducati y a la de sus rivales, Marc Márquez o Fabio Quartararo. También opinó sobre aquellos que comparan su dominio en el mundial de MotoGP con lo que está demostrando Max Verstappen en Fórmula 1.

Pero Bagnaia, aunque le encanta que lo comparen con Verstappen, asegura que su estatus en el campeonato no es igual al del neerlandés, ya que debe luchar con otros siete pilotos que montan una Ducati con unas características muy similares a su Desmosedichi GP23, lo que aumenta el grado de competitividad.

Comprender realmente lo que sucede en 2023 en MotoGP desde la experiencia de una leyenda del campeonato

Randy Mamola, la leyenda del campeonato de motociclismo, conoce bien el entramado del mundial. Durante el paseo en scooter que pudimos dar mientras se disputaban los entrenamientos libres del viernes, Randy me ofreció una visión mucho más profunda de lo que ocurre en el campeonato actualmente, del mal momento de los constructores japoneses y el dominio aplastante de los europeos.

El ex piloto californiano, que tiene en su palmarés 13 victorias y 54 podios a lo largo de 142 grandes premios disputados a lo largo de 12 años de trayectoria en activo, sigue muy de cerca el campeonato. De hecho, desde hace años reside en Barcelona y es habitual verlo en scooter o a pie por las inmediaciones del paddock.

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Según explica Mamola, la situación de Ducati se debe a años en los que se han mezclado las decepciones en la pista de carreras con una evolución constante de la moto. Esto llevó al equipo italiano, actualmente dentro del paraguas de Audi Sport, a desarrollar una moto muy superior a sus competidores, obligando a otras marcas a ir a remolque, tecnológicamente hablando.

Han introducido avances significativos en aerodinámica y muchas otras mejoras en términos de tecnología de carreras. Para ello, ha sido necesario contar con el músculo económico de Audi, pero también con un gran trabajo de ingeniería, implementando soluciones nunca antes vistas en MotoGP (véase las aletas o el conocido “holeshot”). Aprilia y KTM han logrado un buen producto también, pero Honda y Yamaha (y Suzuki hasta el año pasado) no han tenido la visión de futuro de sus rivales europeos, quedando a la cola en términos de rendimiento y chasis.

La situación de los dos grandes fabricantes japoneses es delicada. Durante el Gran Premi Monster Energy de Catalunya se demostró, una vez más este año, que no están a la altura de las Ducati, luchando por los últimos puestos en carrera y ‘salvando los muebles’ gracias al talento de pilotos como Marc Márquez y Fabio Quartararo. Y, a pesar de los esfuerzos de ambos equipos por construir una moto competitiva, lo cierto es que aún están lejos de las prestaciones de sus competidores, dando la sensación de dar ‘palos de ciego’ mientras van a la deriva en un mar de frustraciones.

Q’s y Sprint, sesión preparatoria y la nueva precarrera

Amanece el sábado en el Circuit de Barcelona-Catalunya. El ambiente es mucho más intenso que los días anteriores. Ya hay retenciones para acceder al circuito en coche y el volumen de aficionados que acuden en moto a ver las carreras es elevado. Resulta llamativo la cantidad de aficionados franceses que viajan a Barcelona a disfrutar del GP gracias a su localización favorable, por cercanía para los visitantes del país vecino.

Unos entrenamientos libres a primera hora dieron paso a las dos sesiones clasificatorias que determinaron el orden de salida del domingo, con la Q1 y Q2 evidenciando la difícil situación de Honda y Yamaha (ni una de las seis motos japonesas pasaron a la Q2 directamente y solo Marc Márquez pudo acceder a través de la Q1).

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Para presenciar la Q2 decidí aprovechar mi pase de prensa para acceder a la vía anexa a la pista, un punto desde el que puedes ver pasar a los pilotos a escasos centímetros del muro en algunas curvas. Desde ese lugar único sientes la vibración que producen los motores, su atronador sonido y percibes realmente la velocidad a la que pasan por las curvas. Eso, unido al olor de la gasolina de carreras (una mezcla específica de gasolina y etanol) y el de los neumáticos degradándose en cada giro (puedes encontrar trozos de goma en los aledaños de la pista), crean una experiencia sensitiva única que solo los auténticos entusiastas saben apreciar.

Además, tuve la inmensa suerte de estar en el lugar exacto en el que los pilotos practican la salida tras los entrenamientos clasificatorios. En este punto concreto (entre las curvas 9 y 10) puedes ver el sistema “holeshot” (comprime la suspensión trasera para mejorar la tracción en las fases de aceleración) y el Launch Control en acción.

Y llegaba el plato fuerte de la jornada del sábado: la nueva carrera Sprint. Este formato, adoptado de la Fórmula 1, es una carrera con la mitad de vueltas de la carrera del domingo que también puntúa la mitad y que, desde la primera edición en el Grande Prémio Tissot de Portugal (24-26 de marzo), ha demostrado ser más emocionante que la prueba del domingo.

¿La principal razón? Son menos vueltas y los pilotos salen a pista con más hambre y menos combustible (un depósito de una MotoGP tiene 22 litros de carburante, lo que aumenta el peso de forma considerable). Esto asegura adelantamientos, luchas por ganar posiciones y mucha más adrenalina desde que se apaga el semáforo y hasta la bandera a cuadros.

Para disfrutar de la Sprint en el Circuito de Barcelona-Catalunya, en directo y desde un lugar privilegiado, existe un punto elevado desde el que se visualizan las curvas 1, 2, 3 y 5. Un emplazamiento único que, además, te permite ser testigo de uno de los momentos clave de la carrera: la primera curva, un punto conflictivo donde los pilotos se amontonan tras la salida y donde suele haber alguna caída o salida de pista.

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La Sprint evidenció que las Aprilia de Aleix Espargaró y Maverick Viñales, 1º y 3º, respectivamente, estaban preparadas para dar guerra el domingo. Mientras tanto, Pecco, que raramente falla, se haría con el segundo lugar y sumaría otros 9 puntos en la clasificación general.

Por cierto, el sonido es ensordecedor (te recomiendo usar tapones) y apreciar en vivo los impresionantes ángulos de inclinación que alcanzan las motos en las curvas es espectacular. Además, la aceleración impresiona, tanto como la velocidad a la que se producen los cambios de marcha o la rapidez con la que alcanzan la siguiente curva antes de frenar.

En momentos como estos, con todos sus pequeños y grandes detalles, te das cuenta de que los pilotos del Campeonato del Mundo de MotoGP están hechos de otra pasta, algo que pude reafirmar el domingo tras lo sucedido en carrera.

Un domingo cargado de emociones

La del domingo es la jornada más importante en un fin de semana de Gran Premio. De nada importan los entrenamientos libres ni los clasificatorios si el piloto no consigue un buen resultado en la carrera (aunque ahora se puede salvar parte del fin de semana con la Sprint). El ambiente en el Circuit de Barcelona-Catalunya es de lleno y se van completando los pocos asientos libres que quedan en las gradas a medida que avanza la mañana.

Llego temprano al Hospitality de Ducati y encuentro a Pecco en un ambiente más familiar y cercano. No lo había podido ver a ese nivel de privacidad en todo el fin de semana. Es en este momento en el que comprendes que el vigente campeón del mundo de MotoGP es tan solo un joven de 26 años que hace y se comporta como un joven de 26 años cuando el momento y el lugar lo permiten. En público derrocha profesionalidad, como ya comenté antes. Pocos minutos después, el italiano desaparece por la puerta trasera.

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A eso de las 10:00, el pit lane se abre al público acreditado y los equipos sacan sus monturas de los boxes para que los aficionados puedan verlas de cerca y fotografiarse con ellas. No hay rastro de los pilotos. No al menos en esta zona del circuito, ya que dedican las horas previas a la carrera a prepararse tanto física como mentalmente. A alcanzar la máxima concentración.

El ambiente el resto de la mañana es inmejorable. El sonido de las motos rodando en pista, las gradas aplaudiendo a sus pilotos favoritos, los scooters de un lado para otro por el paddock, con mecánicos y personal de los equipos que se preparan para el punto álgido de cualquier GP. Y en el centro neurálgico de Monster Energy instalado para el GP hay un lleno completo para presenciar el espectáculo de freestyle con pilotos de motocross e incluso una moto de nieve… aunque el día es de todo menos frío.

Minutos antes de que empiece la carrera de MotoGP me desplazo a pie hasta la misma curva en la que pude ver la Sprint del sábado. A las gradas siguen llegando espectadores que han aprovechado el descanso tras la carrera de Moto2 para comer algo (al igual que un servidor) y todos los presentes estamos ansiosos de que empiece la última de las carreras del fin de semana.

Mientras los pilotos y sus mecánicos están en la parrilla de salida aguardando a que vaya a empezar la warm up lap, por la megafonía del circuito se puede escuchar al speaker, que ofrece información para estar al tanto de todo lo que ocurre en la pista, incluso en las curvas que no son visibles desde mi posición. Además, hay pantallas estratégicamente situadas con la señal en directo de MotoGP para que no te pierdas nada. Una prueba de que ver las carreras en el circuito no significa que solo vayas a presenciar parte de la pista, o que te puedas perder los adelantamientos y los momentos clave.

La suerte del campeón

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Todo está preparado para que dé comienzo la carrera más importante del fin de semana. Los pilotos han dado la vuelta de calentamiento y el semáforo está a punto de apagarse. Aunque desde donde me encuentro no puedo ver la parrilla de salida, por el sonido sabes perfectamente lo que está a punto de suceder. De repente, aparecen las primeras motos que llegan a uno de los puntos críticos del circuito, especialmente tras la salida: la curva 1.

Un strike provocado por Bastianini, que impacta contra la moto de Zarco, acaba con cinco pilotos en la grava, incluyendo también a Álex Márquez, Bezzecchi y Di Giannantonio. Sin embargo, lo que está a punto de suceder cambiaría por completo el devenir de la carrera.

Tras la curva 2, Pecco Bagnaia, que iba primero, sufre un “high side”, una de las peores caídas en moto, que se produce tras la pérdida de tracción de la rueda trasera en fase de aceleración antes de volver a ganar adherencia de forma repentina, lo que provoca una violenta sacudida que lanza al piloto por los aires con el riesgo que esto conlleva (golpear contra el suelo desde mayor altura). La aparatosa caída deja al de Ducati en mitad de la pista mientras el resto de pilotos se afanan por esquivarlo.

El sonido de la moto impactando con el asfalto, el humo e incluso algún fogonazo provocado por la fricción contra la pista, no son nada comparado con presenciarlo por televisión. Menos aun cuando un piloto se ha hecho daño y está en mitad de la pista. No pudo hacer nada Brad Binder (KTM), para esquivar a Bagnaia, pasando por encima de la pierna del italiano a gran velocidad. Tras una exclamación de asombro al unísono, nos invade el silencio a todos los presentes, testigos de un espeluznante accidente.

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El Safety Car es el primero en llegar y, minutos más tarde, aparecen las asistencias médicas del circuito en ambulancia. Un gran volumen de personal del Circuit está presente para socorrer al campeón del mundo, que sigue tendido en la pista.

Es en esos momentos de angustia es cuando los aficionados a las motos sacan su lado más humano. Sin importar el color de la gorra o la camiseta que instantes atrás lucían orgullosos, los presentes se centran en animar al piloto caído. En el circuito solo se escucha: “¡Pecco!, ¡Pecco!, ¡Pecco!, ¡Pecco!”, hasta que se funde en un aplauso general como señal de apoyo al italiano, como muestra de respeto de la afición, transmitiéndole fuerzas a un chaval de 26 años que acaba de sufrir una de las peores caídas de su trayectoria.

Un sonoro aplauso irrumpe con fuerza cuando el personal que está asistiendo y el propio Bagnaia alzan su mano con el pulgar en alto. Esa es la señal que todos estábamos esperando, la prueba de que se encuentra bien. Ese momento eriza el vello del cuerpo y me permite reafirmarme en mi opinión de que la afición del Campeonato del Mundo de MotoGP es una de las mejores del deporte en general y de las competiciones de motor en particular. Pecco es evacuado en ambulancia mientras las gradas aplauden y corean su nombre.

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La carrera se reanudaría 20 minutos más tarde, con las ausencias señaladas de Bagnaia y Bastianini. Sería el fin de semana de Aprilia, con la victoria de Aleix y el segundo puesto de Maverick, pero el ambiente no fue el mismo tras el accidente del campeón. El aficionado está frío, consciente de lo que acaba de presenciar, de lo vulnerable que es en realidad el ser humano y de cómo unos pocos elegidos, pilotos de otra pasta, están dispuestos a asumir los riesgos de subirse a una moto de MotoGP cada fin de semana de carreras.

Muchos fuimos los que pasamos buena parte de la carrera tratando de averiguar el alcance de las lesiones que había sufrido Bagnaia tras la caída y todos esperábamos, al menos, algún hueso fracturado y que se perdiera uno o varios Grandes Premios. Me marché del circuito sin tener esa información y fue horas más tarde cuando conocí que Pecco había saldado sus cuentas en el Circuit de Barcelona-Catalunya tan solo con contusiones en varias zonas del cuerpo. Por suerte, los exámenes médicos no detectaron ninguna fractura.

Una semana más tarde, ya en el Gran Premio Red Bull di San Marino e della Riviera di Rimini, Pecco volvería a subirse a su Ducati Desmosedichi GP23 en el Misano World Circuit Marco Simoncelli, firmando un tercer puesto ante un Dani Pedrosa (Wild Card, KTM) magistral. Solo siete días antes, el italiano había enmudecido a los aficionados con su terrible caída.

 

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“He tenido mucha suerte hoy. Tengo que dar las gracias. Suerte hay que tener”, diría el propio Bagnaia a varios medios de comunicación presentes a la salida del hospital esa misma tarde, después de la caída en el Circuit de Barcelona-Catalunya y con tan solo algunos vendajes y unas muletas. De esa suerte que hablaba al principio de este reportaje, de la que a veces ayuda a los pilotos a ganar títulos y de la que, otras veces, les permite salir por sus propios medios del circuito tras sufrir un accidente. En el caso de Pecco Bagnaia va más allá, es la suerte del campeón.

Gracias a Rui y a Monster Energy por la oportunidad de vivir esta experiencia desde un lugar privilegiado.

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