El pasado 18 de octubre se cumplieron 50 años exactos desde que el primer Ford Fiesta (esta es su historia) salió de la línea de montaje de Almussafes, una factoría de automóviles construida ad hoc para acoger la producción del nuevo utilitario de la marca estadounidense. Pero la denominación del modelo esconde una curiosa historia detrás. El nombre del Ford Fiesta pertenecía a General Motors y Henry Ford II tuvo que convencer a su presidente, Tom Murphy, para usarlo.

Hay coches que han contribuido de manera especial a la automoción española. Automóviles que formaron parte importante del paisaje de nuestras carreteras durante años. El Ford Fiesta es uno de ellos. Y a este pequeño vehículo debe su desarrollo vital miles de familias valencianas que trabajaron en la planta de Almussafes.

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En el lugar donde se edificó, antes hubo una zona de huertos. En enero de 1974 comenzaron los trabajos de explanación, apostando por un terreno llano cerca del puerto de Valencia, y en marzo se puso primera piedra, a cargo de Henry Ford II:

El origen del nombre Ford Fiesta, una denominación que ya había registrado General Motors para Oldmobiles

Así comenzó a gestarse el conocido como ‘proyecto Bobcat’. Esta era el nombre que tenía el prototipo de vehículo pequeño que terminó convirtiéndose en el Ford Fiesta. Había varios nombres sobre la mesa de la dirección de Ford para denominar al nuevo automóvil del segmento B: Amigo, Bambi, Bebe, Bolero, Bravo, Chico, Cherie, Pony… y hasta Sierra, que terminó convirtiéndose en una berlina en los años 80.

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De todas esas denominaciones, el favorito del equipo de marketing era Bravo (otro nombre que se utilizó comercialmente en los años 90 y 2000, pero en este caso a cargo de Fiat).  Sin embargo, Henry Ford II quería llamar al coche ‘Fiesta’, un nombre en español, influenciado por la apertura de la planta de Almussafes y, también, relacionado con el público joven al que iba dirigido.

Problema solucionado

El problema era que ‘Fiesta’ pertenecía a General Motors. El gigante estadounidense de la automoción ya lo había registrado para un nivel de acabado de modelos de la marca Oldmobiles, aunque llevaba años en desuso. Fue aquí donde intervino Henry Ford II, quien convenció a Tom Murphy, presidente de General Motors para que le cediese el nombre. Finalmente, el fabricante de automóviles norteamericano cedió el nombre gratuitamente y el Bobcat puso llamarse Fiesta, como lo hemos conocido.

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