Hablar hoy de monovolúmenes, es hablar del pasado. ¿Un pasado mejor? Cada uno tendrá su opinión, pero, hasta la llegada de los SUV y posterior conquista del mercado, los monovolúmenes se llevaban una importante porción de las ventas anuales en Europa. Y, durante muchos años, el rey del segmento fue el Citroën Xsara Picasso. Pero, difícilmente, asociarías el modelo francés con un deportivo… o puede que sí. Así lo concibió Franco Sbarro con este Citroën Sbarro Picasso Cup.

El diseñador suizo de origen italiano es famoso por haber realizado algunas creaciones extravagantes y réplicas de coches clásicos como el BMW328 o el Bugatti Royale. A finales de la década de los 90, pareció cogerle el gusto a los monovolúmenes y realizó varias obras extraordinarias, como el Renault Scenic presentado en las 24 Horas de Le Mans de 1998 o el Volkswagen Sharan. En 2001, decidió “meterle mano” al monovolumen compacto de Citroën y el resultado fue espectacular.

Citroën Sbarro Picasso Cup: ¿quién dijo que un monovolumen no podía ser divertido?

Citroën Sbarro Picasso

Aunque un monovolumen deportivo pueda parecer en sí un oxímoron, hay que reconocer que el aspecto del Picasso Cup de Sbarro es muy llamativo. El estudio del diseñador italiano añadió unos pasos de rueda ensanchados, unas defensas igualmente más grandes y esculpidas, una enorme entrada de aire frontal para ventilar los frenos, un gran alerón trasero, llantas OZ Racing de 19 pulgadas y, lo más impactante de todo, dos grandes puertas en forma de alas de gaviota.

Dentro, el ambiente era propio de un coche de carreras: pedales de carbono, asientos de competición Cesam con arneses, una palanca de cambios específica más deportiva, con una palanca adicional más pequeña para la marcha atrás, un volante Cesam forrado en cuero, una rueda de repuesto bajo la luneta trasera y una jaula antivuelco. Además, lucía la instrumentación del Peugeot 306 S16.

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Del Peugeot también tomaba prestado el motor, un 2.0 litros de cuatro cilindros con sistema de escape de flujo de aire que entregaba 250 CV, ligado a un cambio manual de cinco relaciones. No obstante, según algunos comentarios de la época, la estabilidad y el manejo de esta Picasso eran tan buenos, que pedía a gritos una mecánica más potente. Lamentablemente, no la había… Por su puesto, el Picasso de Sbarro no pasó de ser un one-off. Seguro que le habría quitado las pegatinas a más de un deportivo actual.

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