Hablar de cajas negras ha sido, hasta ahora, sinónimo de aviones. Sin embargo, a partir de enero de 2021 (y todavía más a partir de enero de 2022, ahora lo explicaremos), también va a implicar hablar de automóviles, porque las cajas negras en los coches serán obligatorias.

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Cuando comience el año, según la norma Euro 6d-ISC-FCM y se estableció en el Reglamento de la Unión Europea 2018/1832, será obligatorio que todos los modelos que salgan de fábrica incorporen un nuevo dispositivo, el OBFMC (On-board Fuel and/or Energy Consumption Monitoring). Su función es muy sencilla: monitorizar y registrar el consumo real de un coche a lo largo del tiempo, sin importar si se trata de combustible o de electricidad. Promete una exactitud con una desviación del 5% por encima o por debajo del dato real.

En total serán cinco los parámetros que registrará durante toda su vida útil, existiendo la posibilidad de ser consultados en cualquier momento: consumo total, caudal de combustible, volumen consumido según la distancia recorrida, velocidad y régimen de giro del motor.

El objetivo último de este movimiento es comprobar si en conducción real las cifras de consumo se asemejan a las conseguidas en el ciclo WLTP, lo que inmediatamente pone en el disparadero a dos tipos de vehículos: los microhíbridos y los híbridos enchufables.

Los primeros se hacen con etiqueta Eco al asistir con el sistema eléctrico (ya sea de 24 o de 48 V) al motor de combustión, prometiendo un ahorro de combustible que a la hora de la verdad no es tan alto como se anuncia. Los segundos obtienen la pegatina CERO ya que pueden recorrer más de 40 kilómetros en modo eléctrico, pero en realidad son muchos los conductores que no recargan la batería y emplean el vehículo únicamente usando el motor de combustión.

En 2022 llegan las cajas negras “de verdad”

El OBFMC solo es un paso previo antes de la llegada de las cajas negras “de verdad” para los coches, algo que tendrá lugar en 2022. Se incluyeron por el Parlamento Europeo en el Reglamento General de Seguridad en 2019 y su funcionamiento será similar al de las de los aviones, empleándose principalmente para registrar y analizar los accidentes, permitiendo investigar los motivos a partir de daros como la velocidad, los movimientos de la dirección, las frenadas, el estado de los sistemas de seguridad, etc.

Consistirán en un dispositivo de acero de unos 10 centímetros que estará situado bajo el asiento el conductor, atornillado al chasis, y que en su interior cuenta con una memoria principal y con el sistema operativo que interactúa con el resto de sensores y sistemas del automóvil.

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Su funcionamiento es relativamente sencillo: ante un accidente, el sistema de archivos y memoria registra todo lo que ha ocurrido en los 30 segundos previos al accidente y en los 5 siguientes. A esto podrá acceder posteriormente el investigador cuando se conecte al dispositivo para tratar de esclarecer lo ocurrido.

Lógicamente esto crea ciertas preocupaciones, sobre todo en lo que a la protección de datos se refiere. Sin embargo, aunque se trata de un dispositivo que estará permanente conectado, no grabará ni vídeo ni audio, los datos que recopile no podrán utilizarse para multar al conductor excepto en el caso de un accidente, en el que sí valdrán como carga probatoria contra el implicado; y, además, el almacenamiento se llevará a cabo en un flujo cerrado, es decir, no se podrán guardar datos fuera del sistema. Por último, serán anónimas, y es que la Unión Europea establece que en ellas no puede figurar el número de bastidor completo.

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