Corría 1991 cuando BMW presentó en el Salón del Automóvil de Ginebra uno de los prototipos más espectaculares de su historia, el BMW Nazca M12, un vehículo que por desgracia nunca llegó a producción y al que siguieron otras dos variantes, el C2 (presentado en 1992 en Tokio) y el C2 Spider (que debutó en 1993).

PRUEBA: BMW 3.0 CSL

Supuso el debut de Fabrizio Giugiaro, hijo del legendario Giorgetto Giugiaro, que realizó un diseño inspirado por los Fórmula 1 y los Grupo C de la época, dando como resultado un deportivo realmente bajo y aerodinámico. Medía 4,37 metros de largo, 1,99 metros de ancho y apenas levanta 1,10 metros del suelo, algo que ayudaba de sobremanera (junto a sus redondeadas formas) a conseguir un Cd de 0,26.

BMW Nazca M12

Además de los elementos funcionales, también había detalles interesantes como las puertas de apertura tipo ‘alas de gaviota’ o la estructura de cristal del techo, que ofrecía a piloto y copiloto una vista panorámica del exterior.

Era aquel quien más disfrutaba, sin embargo, puesto que era quien podía desatar los 300 CV y 449 Nm de par máximo que desarrollaba su motor, un 5.0 V12 de aspiración natural (el mismo que montaba el BMW 750i). Se asociaba a una caja de cambios ZF y, gracias a su contenido peso de solo 1,1 toneladas (debido al uso de materiales ligeros como la fibra de carbono y el aluminio), tenía una gran capacidad de respuesta y conseguía superar los 300 km/h de velocidad máxima.

BMW Nazca M12

Concebido para obtener un rendimiento deportivo, la dirección era muy directa y montaba un sistema de frenos Brembo, con discos autoventilados y perforados; llantas de magnesio diseñadas por Momo y neumáticos Goodyear que medían 235/40 delante y 295/35 detrás.

Sus sucesores mejoran todavía más el concepto, llegando el C2 a desarrollar 350 CV y alcanzando los 380 CV el C2 Spider.

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