Cualquiera que tenga un negocio que implique tareas de reparto se enfrenta a una decisión bastante importante: ¿es mejor decantarse por el alquiler de un furgón o es mejor optar por la compra directa del vehículo? Quizá la primera opción pueda parecer buena en primera instancia, puesto que es más rápida y, a priori, barata; pero es la segunda la que mejor se va a rentabilizar a medio y largo plazo, ya sea por un autónomo o por una empresa, y estas son las razones por las que es así.

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La primera puede parecer contradictoria y es que comprar un vehículo de carga supone un mayor desembolso inicial y nos “ata” al mismo hasta que terminemos de pagarlo al completo. Sin embargo, se trata de una inversión en la que podemos controlar cuál es la entrada que queremos pagar y también cuántos plazos y qué letra queremos tener al mes.

Además, conviene tener en cuenta que el vehículo va a ser parte integral de nuestra actividad, por lo que nos hará falta durante mucho tiempo y tendrá un uso intensivo, lo que hará que el coste de su adquisición demuestre ser una inversión bastante rentable cuanto más tiempo pase. Además, si atendemos a los precios de las alquiladoras, queda patente que optar por ellas es algo que solo interesa a quien tenga una necesidad puntual, puesto que la relación de precio/hora es bastante más elevada que con la compra e insostenible a largo plazo.

Volkswagen Comerciales

La segunda es que, comprando un vehículo para uso empresarial, nos podemos deducir el IVA del mismo, lo que supone una importante ventaja fiscal. Eso sí, para poder hacerlo, debe ser de uso exclusivo para nuestra actividad laboral ya que, como se cita en el punto 1 del artículo 95 de la Ley del IVA: “Los empresarios o profesionales no podrán deducir las cuotas soportadas o satisfechas por las adquisiciones o importaciones de bienes o servicios que no afecten, directa y exclusivamente, a su actividad empresarial o profesional”. Esto se concreta en el punto dos señalando que no será posible si se utiliza en otras actividades o si no está integrado en el patrimonio empresarial. Aún con ello, el ahorro es importante.

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La tercera es bastante sencilla: si tenemos el vehículo en propiedad, podemos tener un mayor control sobre el mismo, sobre su estado y sobre los cuidados que recibe. No es lo mismo la atención que se pone a un vehículo propio que a uno alquilado, algo que en caso de modelos industriales es todavía más patente, puesto que están destinados a labores de carga y pesadas en las que es habitual recibir golpes. Por mucho que una alquiladora trate de mantener en buen estado su flota, se trata de una suerte de ruleta rusa en la que nunca sabes qué te puede tocar, un problema que es inexistente si como empresa tienes tu propio vehículo.

Son muchas las marcas que cuentan con su propia división de vehículos comerciales pensados para los autónomos y las pequeñas empresas como Renault, PSA o Volkswagen Vehículos Comerciales Canarias, con una oferta variada que incluye modelos de todo tipo y tamaño.

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