Tenemos la creencia errónea de que las altas prestaciones en el mundo del automóvil es algo de nuestros días. Y nada más lejos de la realidad. El hombre ha buscado la velocidad desde los orígenes de esta fructífera industria, tratando de ser más rápido que su vecino tanto dentro como fuera de los circuitos. Por el camino, todo tipo de artilugios innovadores (para su época) y una nefasta noción de la seguridad, especialmente en los albores del automóvil.

La historia de hoy habla de esa búsqueda constante del rendimiento, de alcanzar la máxima velocidad. No hablamos del primer ciclista que superó los 200 km/h a rebufo de un Mercedes-Benz SL ‘Gullwing’ (esa es otra historia que te contamos hace unos meses), sino del Proyecto Brutus, un vehículo equipado con un motor BMW capaz de consumir hasta 100 litros de gasolina cada 100 kilómetros.

El Proyecto Brutus es, tal vez, el coche más impresionante que hayamos visto jamás

Basado en un chasis con transmisión por cadena de 1907, el vehículo experimental Brutus fue equipado con un motor BMW VI de avión de 12 cilindros en V procedente de una aeronave de combate de la Primera Guerra Mundial. El propulso tiene la particularidad de que sus cilindros no presentan la misma cilindrada en cada bancada de seis pistones debido a las diferentes longitudes de los vástagos.

Los cilindros de la bancada derecha presentan cada uno una cilindrada de 4.0 litros exactos, mientras que los de la bancada izquierda son de 3,82 litros. Esto hace que el motor presente una monstruosa cilindrada de 46.920 cm3, suficientes para rendir 550 CV de potencia constante a tan solo 1.530 rpm y picos de potencia de 750 CV a 1.700 rpm. El consumo del motor se estima en unos 100 litros de combustible premium cada 100 kilómetros.

El motor de BMW VI se utilizó durante la Primera Guerra Mundial para impulsar bombarderos pesados, mientras que en la década de 1930 fue el responsable de propulsar, entre otras cosas, al hidroavión alemán Dornier Do J, conocido como Wal (ballena, en alemán).

En el coche experimental Brutus, la impresionante potencia del motor de avión se envía a las ruedas a través de una transmisión de una caja de cambios de tres velocidades y una transmisión por cadena. Los frenos solo actúan en el eje trasero, algo que era común en los coches usados en pistas de carreras ovalados con curvas peraltadas.

Solo para los más valientes

En cuanto al piloto que osara ponerse a los mandos del Proyecto Brutus, lo haría sin parabrisas, con un gigantesco volante desplazado y una simple rejilla que separa el motor de la cabina, por lo que el conductor estaría expuesto tanto al tremendo calor que genera el bloque V12 como a una posible fuga de aceite o combustible. Arriesgar la vida conduciendo este coche es quedarse cortos.

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Brutus tenía la capacidad de alcanzar velocidades superiores a los 200 km/h con un régimen de revoluciones muy reducido, lo que lo hace especialmente interesante dado que cualquier motor de altas prestaciones tiene la capacidad de girar a muchísimas vueltas.

El piloto galés Roger Collings logró alcanzar la mágica cifra de 200 km/h con este coche de carreras con motor BMW VI de avión de combate en el circuito de pruebas de Bosch en Boxberg (Alemania). Nadie más ha intentado alcanzar tales velocidades con este impresionante coche. Te lo dejo más arriba en vídeo para que puedas ver en acción el Proyecto Brutus, tanto su impresionante motor en marcha como circulando en un circuito de pruebas.

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