Stanley Tucker quizá no sea un nombre muy conocido en la historia de la automoción. Pero este hombre, un piloto de aviones canadiense de los años 60, sin duda se merece un hueco por su visión, su capacidad de negociación y su curiosísima historia. Porque él fue quien, en 1965, compró el primer Mustang jamás fabricado… tres días antes de la fecha de lanzamiento marcada por Ford. Y eso que era un coche de exhibición, que ni siquiera debería haber estado a la venta.

primer mustang

¿Cómo consiguió hacerse con el vehículo con el número de serie 001 de un modelo que acabaría siendo tan legendario? Con una mezcla de buen ojo y mucha buena suerte. Lo primero que hay que saber es que Ford había fabricado 180 Mustang de preproducción en su factoría de Rouge, en Dearborn. Sobre todo, para familiarizar a los obreros con el proceso, pero también para que se expusieran en los principales concesionarios de Norteamérica. Es decir, para ir abriendo el apetito de los clientes.

 

Y vaya si lo consiguieron. Cuanto más lejos quedaba el concesionario, más tiempo necesitaba el coche para llegar hasta allí, razón por la que el número 001 fue a parar al más alejado, en St. Johns (Terranova), a 3.500 km de Detroit. Y fue entonces, el 14 de abril de 1964, cuando Tucker, piloto de Eastern Provincial Airlines, acertó a pasar por allí, lo vio y se enamoró de aquel nuevo coche. No se sabe a ciencia cierta qué le dijo (o qué le ofreció) al vendedor para llevarse el vehículo de muestra días antes de la fecha que la todopoderosa Ford había marcado para el lanzamiento del modelo: el 17 de abril. Pero debió de ser bastante convincente, porque el caso es que se hizo con él.

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Al ser un coche de preproducción, el que Tucker sacó del concesionario ese día era ligeramente diferente de los que vendrían después. Aunque se trata de detalles para entendidos. El capó no encajaba perfectamente, por ejemplo. Y el color de la parrilla era un poco más gris que el tono azulado que se usó finalmente. Nada de lo cual pareció importar a aquel primer entusiasta que, durante 72 horas, fue el único propietario en el mundo de un Mustang.

Poco tiempo después, Ford dio con el afortunado conductor y le pidió que restituyera el 001, a lo que él (parece lógico) se negó educadamente. De hecho, siguió usándolo durante los siguientes dos años y le hizo unos 16.000 km. Pero, en 1966, cuando se iba a llegar al millón de Mustangs vendidos, la compañía, que ya se había dado cuenta de las dimensiones del fenómeno, insistió con una oferta un poco más jugosa: a cambio del suyo, le daría el Mustang número un millón, equipado como gustara.

primer mustang parrilla

Esta vez, el señor Tucker aceptó. Devolvió el primer Mustang jamás fabricado y, al hacer el pedido de su nuevo coche, rellenó la hoja de extras con una única X enorme que los abarcaba todos. El único que dejó fuera fue el motor High Performance 289, cuyo periodo de garantía era más corto. Sin embargo, unos años más tarde, al ser entrevistado para una revista, lamentaba haberse deshecho de aquella pieza única. Aunque, gracias a su ‘error’, ahora el coche que fue de Tucker puede verse en el Henry Ford Museum de Dearborn.

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